La muestra de Gaspar Libedinsky fue récord histórico en el Museo Nacional de Arte Decorativo

elDiarioAR

0

Con su primera obra retrospectiva que reunió más de diez años de producción, en un recorrido inmersivo e interactivo por los salones, patios y jardines del museo, el artista y arquitecto Gaspar Libedinsky logró lo que pocos en la historia de la institución: el público se renovó por completo, con presencia de muchísimos jóvenes y niños.

La obra central de la muestra, que ocupó el Gran Hall del edificio, bautizada “Arrecife”, fue una suerte de laberinto monumental que se podía recorrer por su interior, compuesto por 1.000 kilos de cerdas de escobillón, ya fue desarmada y esa materia prima volvió al fabricante para ser convertida en escobillones que la gente podrá comprar en supermercados.

“Son corales listos para convertirse en 5.000 escobillones rojos que podrán encontrarse y adquirirse en las góndolas de bazar y limpieza. Un paisaje efímero que tomó el Gran Hall del museo con una huella de carbono neutral: en su creación no se utilizaron nuevos recursos ni se generaron nuevos desperdicios”, contó el artista.

El público que asistió a la muestra “Casa Tomada”, que acaba de finalizar el desmontaje, se acercó a récords como los de la exposición de Joan Miró (“La experiencia de mirar”, 2017) en el Museo Nacional de Bellas Artes, que convocó a 263.373 visitantes, o la de Leandro Erlich en el Malba (“Liminal”, 2019) que fue vista por 252.000 personas.

Uno de los highlights de la exposición -punto obligado para la selfie de cada visitante- fue “Nube”, una impactante instalación en el Jardín de Invierno que invitaba a acoplarse visualmente a esta elegante figura multicolor hecha con cerdas de 300 escobillones de 50 colores. La pieza fue vendida a la compañía de Miami Rosso Development y se verá en uno de sus desarrollos inmobiliarios, The Standard, en esa ciudad estadounidense.

En el antiguo Palacio Errázuriz Alvear, Libedinsky exhibió gran parte de sus obras realizadas con elementos de limpieza: trapos, plumeros y escobillones pasaron a ocupar un lugar estelar en el sitio que alguna vez fue residencia de una aristocrática familia. La apuesta de Libedinsky en su producción es convertir lo ordinario en extraordinario, lo marginal en objeto de deseo.

LC con información de agencia Télam