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ANÁLISIS

Superliga Europea, o el día que al fútbol mundial le estalló una bomba

Lionel Messi podría ser excluido del seleccionado argentino si participa de la nueva Superliga Europea

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Los documentos de Football Leaks, difundidos en forma masiva por el EIC (una alianza de investigación de medios europeos: Der Siegel, El Mundo, Mediapart, entre otros), destaparon la olla de la evasión de impuestos de los grandes cracks y ya en noviembre de 2018 adelantaron la irrupción de la Superliga que ahora trastorna el trending topic. En ese momento, se decía que algunos de los equipos más poderosos de Europa llevarían a cabo la creación de un torneo internacional, de índole privada, en un claro gesto de desafío a la UEFA (Union of European Football Associations) y a la FIFA, por supuesto.

“Suena muy bien: menos partidos y más dinero” dijo en broma Jürgen Klopp por esos días. Posteriormente se manifestó en contra, pero el Liverpool, su equipo, está entre los doce clubes confirmados (denominados “fundadores”), además de los 2 Manchester, Tottenham Hotspur, Arsenal, Chelsea (por la Premier League), Barcelona, el Real y el Atlético de Madrid (por la Liga Española) e Inter, Milán y Juventus (por la Serie A italiana).

En total, se anunció la presencia de 20 equipos, con 5 que ingresarían por clasificación. Tanto en Alemania (Bayern Munich, Borussia Dortmund) como en Francia (París Saint Germain) se manifestaron en contra. La principal y más obvia crítica es que los equipos con plaza asegurada prescinden del resto. Las federaciones nacionales (Italia, Inglaterra, España) objetaron la Superliga, pero las repercusiones perforaron el ámbito del fútbol. Boris Johnson, Primer Ministro de Reino Unido, y Emmanuel Macron, de Francia, se opusieron.

El torneo amenaza con transformarse en un punto de quiebre para el fútbol mundial, ya que la FIFA/UEFA, que estaba en vías de renovar la Champions League incluyendo más equipos, anunció la pretensión de sancionar a los implicados. Los clubes podrían sufrir la expulsión de sus ligas nacionales, y a los jugadores que participen no se los dejaría jugar en sus Selecciones o en otras competencias oficiales (Copa América, Eurocopa, Mundial) reguladas por el ente que preside Gianni Infantino. Al mismo tiempo, la Superliga Europea indicó que va a defenderse legalmente de cualquier intento de norma punitiva. Su cúpula está encabezada por el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, quien es acompañado por Andrea Agnelli (presidente de Juventus) y Joel Glazer (Manchester United) como vices.

“La creación de la nueva Liga se produce cuando la pandemia mundial ha acelerado la inestabilidad del actual modelo económico del fútbol europeo”, dice el comunicado de la Superliga. Las estructuras se mueven pero no para que haya un equilibrio, sino con el objetivo de profundizar o explicitar las desigualdades. Lo cierto es que detrás del fútbol en HD, los campos de juego de billar, los Estadios relucientes, las estrellas de Instagram, existe una ideología. Si en geopolítica el mundo es un diagrama que apunta a desviarse de la bipolaridad, el fútbol también se fragmenta. Y en este caso son los clubes de riqueza más concentrada, por lo menos sus directivos, los que organizaron una rebelión de elite. Queda por saber, todavía, cuál será el discurso de jugadores y técnicos. A José Mourinho, que había criticado el proyecto, al que no le fue del todo bien pero tenía que jugar una final, lo echaron del Tottenham.

Más que a la FIFA o la UEFA, a quienes es imposible ubicar en un lugar de debilidad y tienen que rendir sus propias cuentas, la injusticia del proyecto recae en la ética deportiva: son los clubes de menor poderío económico como así también, por consecuencia, las ligas, menos impactantes, que se verían devaluadas. Si no hay acuerdo nada menos que Barcelona, Manchester City o la Juventus, por mencionar tres equipos, se dedicarían sólo a la nueva copa.

Desde la Superliga explican que el torneo no reemplaza a la Champions pero la sola existencia del proyecto es un mensaje.

Mientras tanto, en las semifinales de la Champions actual, tres de los cuatro equipos, Chelsea, Manchester City y Real Madrid, están dentro de la nueva copa, mientras se especula con que el PSG, por no estar en el nuevo proyecto, se proclame campeón sin jugar.

Las probabilidades de que todo lo que se dice ocurra son variables. Al fútbol europeo le estalló una bomba. Dirigentes, cuerpos técnicos, jugadores, hinchas, corporaciones, desde sus diferentes lugares de enunciación, algunos más preparados que otros, reaccionan. En principio, parecería que materializar ese escenario dentro de poco es una quimera, pero inmediatamente el JP Morgan expresó que financiará el proyecto con USD 4.200 millones, lo que dota de un respaldo financiero difícil de equiparar y una advertencia sugerente para que se sepa la seriedad con que avanzan las tratativas. Se asegura que por sólo participar, los equipos recibirán más dinero que el campeón de la Champions.

Sin dudas el efecto de la globalización en el fútbol produjo que la Champions y algunas de las ligas locales (especialmente la inglesa y la española, la serie A perdió atractivo) se incorporaran al fixture de todos los países. Si antes se seguían los partidos en caso de que un jugador argentino estuviera en alguno de los equipos (Maradona en Napoli, Batistuta en Fiorentina, Aimar en Valencia), ahora se ve Europa como aquello inalcanzable, más allá del fútbol, con una vertiente que tiende a la comparación negativa para el fútbol local y del continente ya que no son habituales una explicaciones que incluyan las diferencias culturales (sociales, económicas, históricas) entre Europa y América Latina. Los partidos son muchas veces brillantes, y juegan a un toque, pero el concepto de la Superliga desnuda, en sí mismo, los anhelos explícitos de una elite que no tiene el más mínimo remordimiento en reconocerse y actuar como tal. Si la mayor parte de los partidos pasan a estar protagonizados por los equipos grandes (como sucede en Champions a partir de Cuartos de Final), más número de espectadores y mayores ganancias.

En España los argentinos que formarían parte de la Superliga son nada menos que Lionel Messi, del Barcelona y, por otro lado, Ángel Correa y Diego Simeone, jugador y técnico del Atlético Madrid. En Italia se verían afectados Paulo Dybala (Juventus) y Lautaro Martínez (Inter). En Inglaterra, Sergio Agüero (del City, aunque ya se sabe que finalizará su glorioso paso por el club cuando termine la temporada 2020/21), Willy Caballero (Chelsea), Giovani Lo Celso, Erik Lamela (los dos de Tottenham) y Sergio Romero (Manchester United). En caso de que el PSG (que cuenta en su plantel con Neymar y Mbappé) desistiera de su rechazo inicial, Leonardo Paredes, Ángel Di María y Mauro Icardi, como así también Mauricio Pochettino, director técnico, ingresarían en el círculo de los teóricamente apuntados por la FIFA. No son muchos, pero todos, o son titulares o fueron tenidos en cuenta durante algún momento en la Selección Argentina. El conflicto que podría llegar a traer aparejado no contar con Messi o Martínez (por más que ahora es aventurado siquiera imaginarlo) evidencia que la  aparición de la Superliga Europea es la primera ficha que cae de un gran y enmarañado dominó

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