COPA AMÉRICA

Argentina le ganó a Uruguay y al fantasma del segundo tiempo

Guido Rodríguez festeja su gol ante Uruguay.

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Una Copa con dos grupos de cinco equipos cada uno, de los que sólo dos quedan afuera de Cuartos de Final no es, en principio, para tomársela muy en serio. Si en el grupo A ubicaron a Venezuela y en el B a Bolivia -por lo menos en teoría- las dos Selecciones más débiles, la seriedad incluso disminuye. Y si se mira un partido de Brasil, que juega de local y parece dar muestras de haberse repuesto del trauma del 1-7, hasta se podría pensar que la mejor opción es darles de antemano el trofeo, como una forma de reducir los daños en los demás equipos. Sin embargo, los meses sin competición por la pandemia y la cercanía del Mundial convirtieron a esta Copa en una oportunidad para que Lionel Scaloni defina su estrategia de juego y encuentre un equipo titular. 

Para el partido con Uruguay, Scaloni ubicó a Guido Rodríguez en lugar de Leandro Paredes. El cambio fue obligado porque el jugador del PSG, un estandarte de este ciclo, tenía molestias. La entrada de Cristian Romero, recuperado de una sobrecarga muscular, por Lucas Martínez Quarta, era cantada por el buen rendimiento que había demostrado el primero y la mala noche del último contra Chile. De todos modos, Scaloni, fiel a su estilo fluctuante, puso a Nahuel Molina por Gonzalo Montiel y a Marcos Acuña por Nicolás Tagliafico. Los cambios no eran insólitos, porque ninguno de los dos jugadores había tenido un gran partido, pero expresaban ciertas dudas que conspiran contra la identidad del equipo.    

Uruguay venía de una fecha libre y sin obtener buenos resultados en las Eliminatorias: magros empates 0 a 0 frente a Paraguay y Venezuela. Óscar Washington Tabárez dirige la Selección desde hace quince años. Los quince anteriores (desde 1990 al 2005) habían visto pasar a catorce técnicos, entre ellos él mismo. Fue el peor momento del fútbol uruguayo, que revivió en Sudáfrica 2010 con una camada de grandes jugadores que hoy son veteranos de fuste: Fernando Muslera, Diego Godín, Martín Cáceres, y dos cracks como Edinson Cavani y Luis Suárez. A esos históricos el “Maestro” empezó a combinarlos con nombres conocidos pero más recientes: Lucas Torreira, Federico Valverde, Nahitán Nández, Nicolás De la Cruz y Rodrigo Bentancur, entre otros.

Pertenecer al curso de la eternidad, y no del tiempo, otorga al “Maestro” una calma de tipo zen: “Si le ganamos a Argentina ¿qué van a decir?” había contestado ayer, en conferencia de prensa, consultado por la crítica de algunos medios.   

En el primer tiempo, especialmente en la media hora inicial, Argentina volvió a ser el equipo sólido que puede llegar a entusiasmar con sus ráfagas de buen juego. El gol de Guido Rodríguez, a los 12’ minutos, de cabeza, tras un centro de Lionel Messi, ya se veía venir. Esta vez no gravitó Giovani Lo Celso y Lautaro Martínez siguió impreciso, pero fueron Rodrigo De Paul y Rodríguez quienes auxiliaron a un Messi sobrio, de una eficiencia letal y al que sólo pudieron detener con faltas. También fueron positivas las escaladas de Molina (Muslera le desvió un remate después de otra genialidad de Messi) y las apariciones explosivas de Nico González.

En los últimos quince minutos Uruguay, que hasta ahí había contemplado el partido, tuvo la pelota pero ni Bentancur ni De La Cruz pudieron asistir a Suárez y Cavani. Este último protagonizó el único momento de peligro de su Selección, cuando simuló un penal que el árbitro ni el VAR compraron.

El enigma del entretiempo, teniendo en cuenta los últimos partidos, era si Argentina podría, por fin, refrendar todo lo bueno que había hecho en la primera parte. Para el equipo de Scaloni, más que de un partido contra Uruguay, se trataba de una prueba para saber cómo afrontar los complementos.

Los primeros minutos no fueron un buen indicio. Después de un par de intervenciones sin suerte, a los 6’, Scaloni, de pocas pulgas, sacó a Lautaro Martínez y puso a Joaquín Correa. También reemplazó a Lo Celso (con un golpe) por Exequiel Palacios. Uruguay ya contaba con Nández en lugar de Bentancur pero fue el ingreso de Brian Ocampo el que le dio a su equipo una presencia mayor en el área rival. No había jugadas de peligro pero era algo preocupante que Uruguay manejara la pelota permanentemente.

A los 23, avisó Cavani, quien no llegó a peinar un centro que tampoco pudo conectar Suárez, enojado con la vida durante todo el partido. Dos minutos después, la entrada de Ángel Di María estimuló al equipo, que dejó de replegarse atrás y pasó al ataque, con las subidas cada vez más incisivas de Acuña y Messi, que exhibió todo su repertorio, incluyendo gambetas maradonianas.     

El triunfo no sólo cortó la racha de empates decepcionantes, sino que también sirvió para que “Dibu” Martínez demuestre una vez que tiene un imán en los guantes: prácticamente no le llegaron pero su destreza para los centros es destacable. La pareja de centrales, con el ya imprescindible Romero y Nicolás Otamendi (que tuvo un partido muy bueno para acallar los murmullos), también dio garantías de seguridad.

Antes, Bolivia había perdido por 1 a 0 con Chile, que ahora comparte la cima del grupo B con Argentina. En la próxima fecha, el lunes, el equipo de Scaloni enfrentará a Paraguay, y el de Tabárez a Chile.

MZ/MGF 

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