Reforma laboral: los gremios “heridos” de la CGT en una interna sindical en la que no gana nadie
Si algo dejó en evidencia la estrategia de la CGT es que los gremios “heridos” que querían un paro general y no lo consiguieron no se encuentran muy lejos, en ese malestar, del resto de los sindicatos, que lograron hacer primar una posición de mayor moderación ante el tratamiento de la reforma laboral que tendrá lugar el próximo miércoles en el Senado.
La central obrera volvió a mostrar una fractura marcada entre los gremios más duros, que empujan por un paro de actividades y por una posición más confrontativa contra el Gobierno, y el ala “dialoguista”, que apuesta a que sea la propia “política” y las instituciones de la democracia las que frenen una reforma que consideran a todas luces regresiva.
Sorprende encontrar, en estos últimos, al camionero Hugo Moyano, que justamente supo hacer gala en los ‘90 de una posición de confrontación interna con la CGT del menemismo, en una postura que lo llevó incluso a romper con aquel status quo para conformar el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA).
Lejos de aquella versión, y más cerca del retiro que de un sindicalismo activo –tiene 82 años–, el padre del clan Moyano apuesta a la negociación y al diálogo con los actores del poder para conseguir poner (algunos) límites a la avanzada del Gobierno sobre el sistema laboral argentino. Se diferencia en esto de su propio hijo Pablo, que desde los márgenes de la CGT propulsa un choque abierto.
Así, mientras Hugo maneja a discreción a Octavio Arguello, el dirigente camionero que integra el triunvirato de la central obrera junto a Jorge Sola (Sindicato del Seguro) y Cristian Jerónimo (Sindicato del Vidrio), Pablo busca agitar las aguas con el recuerdo de la frustrada reforma laboral que en 2017 pretendió impulsar Mauricio Macri. En aquella oportunidad, les dice el más confrontativo de los Moyano, no hicieron falta tantos gremios para hacer caer el proyecto.
Otros de los sectores “heridos” tras la decisión de no concretar un paro nacional el día que se trate la reforma en el Senado fue el de Juan Carlos Schmid, jefe de la poderosa Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT).
El dirigente, que supo ser uno de los triunviros de la central en tiempos del macrismo, pidió una medida de fuerza para el miércoles próximo, pero su posición fue desestimada por la mayoría. Lo mismo le pasó a Sebastián Maturano, secretario gremial de los maquinistas de La Fraternidad e hijo de Omar Maturano, y quien tampoco fue debidamente escuchado.
“Maturano quería incluso un paro de 24 a 48 horas para cuando el Senado tratara la reforma”, apuntó ante elDiarioAR una fuente que participó de la reunión del consejo directivo cegetista del viernes último.
Como fuera, la CATT, La Fraternidad y Camioneros se unen al elenco de decepcionados que ya conforman gremios más combativos como la UOM, Aceiteros y los pilotos de APLA, que de todos modos decidieron no quedarse de brazos cruzados: los metalúrgicos harán paro el mismo miércoles desde las 10 para permitir que sus afiliados puedan marchar al Congreso.
Junto a estos gremios y otros sectores externos como las dos fracciones de la CGT, la UOM ya había motorizado la semana pasada una marcha en Córdoba y concretará otra el martes, un día antes del tratamiento de la ley, en la ciudad de Rosario.
El peso de la mayoría
Pese a la efusividad de ese sector, la posición mayoritaria es otra y Jorge Sola y Cristian Jerónimo, que llevan las riendas del diálogo institucional de la CGT, apuestan por la negociación y el “cabildeo” para ganar tiempo. Los acompaña en esa estrategia un peso pesado como Andrés Rodríguez, jefe de los estatales de UPCN y uno de los que llevó la voz cantante de la moderación en la reunión del consejo directivo del viernes.
Ese sector no quiere apurar un nuevo paro, que sería el cuarto en la era libertaria, por una cuestión táctica: en sus cálculos, la medida perdería fuerza y luego serían tildados de “débiles”. Y Rodríguez aporta otra cuestión para nada menor: “El clima social no está para que nadie pierda el salario por parar”.
Según pudo saber elDiarioAR de fuentes de la mesa chica de la central, la estrategia de los “dialoguistas” pasa por apostar a la Cámara de Diputados, donde los sindicalistas creen que el oficialismo y sus aliados no conseguirán los números para aprobar la reforma. En el Senado ya dan por perdida la pulseada.
“Durante febrero no va a salir en Diputados, y una vez que hayamos pasado a las sesiones ordinarias ya será otra cosa”, se ilusionó ante este medio un operador sindical.
Y hay otro punto que entusiasma, aunque con reservas, a los sindicalistas. Un sector importante del consejo directivo cree que Javier Milei no buscará ir a fondo con la reforma y que La Libertad Avanza aceptará cambios en muchos artículos sensibles del proyecto. ¿La razón? En la CGT están convencidos de que el presidente libertario solo quiere mostrar que pudo ir a fondo allí donde sus predecesores no-peronistas, como el radicalismo y Macri, no pudieron.
“Es solo maquillaje para exponer al PRO”, se envalentonan en Azopardo, donde nunca dejó de haber contacto directo no ya con el secretario de Trabajo Julio Cordero sino directamente con Santiago Caputo. Para los ‘Gordos’, Milei se conformaría con apenas aparentar haber doblegado a la ‘casta sindical’.
La CGT se inclina entonces por ser la ‘punta de lanza’ de numerosos reclamos multisectoriales contra el Gobierno a lo largo del país. Si no se apuran, el sector conformado por la UOM y las CTA podría convertirse en un ‘nuevo MTA’ y fracturar de hecho el campo sindical. El escenario ideal para el Gobierno.
NP/MG
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