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Gobierno
Economía

Caputo viaja al FMI para intentar doblegar su resistencia a prestarle más dinero a la Argentina

El ministro de Economía, Luis Caputo, junto a la directora del FMI, Kristalina Georgieva, durante el encuentro que mantuvieron en el marco de las reuniones del G20 en Brasil durante febrero 2024.

Alejandro Rebossio

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En junio de 2018, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confió en el gobierno de Mauricio Macri, incluido su ministro de Finanzas, Luis Caputo, y le concedió el mayor préstamo que le haya dado en su historia a cualquier país. A los tres meses pidió la cabeza de Caputo, que ya para entonces presidía el Banco Central, por incumplir la orden de preservar las reservas de esa entidad y no rifarlas para detener una nueva corrida cambiaria. Seis años después, el mismo Toto encabeza el Ministerio de Economía y busca convencer al FMI que le preste más dinero para salir del cepo cambiario. Con esa misión viajará este martes a Washington, donde se celebra la reunión de primavera boreal del organismo y donde buscará convencerlo de que necesita más crédito. La directora gerenta del Fondo, la búlgara Kristalina Georgieva, que acaba de ser reelegida por cinco años más, desconfía.

Caputo permanecerá en la capital estadounidense hasta el viernes. Quiere verse cara a cara con Georgieva y su número dos, la indionorteamericana Gita Gopinath. Ambas están entusiasmadas por la vocación de Javier Milei de imponer el déficit fiscal cero como sea, a diferencia de la promesa incumplida por el anterior gobierno de ajustar en forma gradual.

Sin embargo, el FMI viene advirtiendo al presidente y su ministro de Economía por la “calidad” del ajuste. Señalan que no puede basarse sólo en la licuación del gasto sobre la base de la inflación, como sucede con las jubilaciones, o con la paralización insostenible de ciertas erogaciones, como los giros a la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), que retribuye a las generadoras, o al funcionamiento de las universidades. Patear o pisar gastos resulta poco sustentable. También le temen a la motosierra sobre el presupuesto social. En cambio, anhelan que el Congreso apruebe la reinstauración del impuesto a las Ganancias a los empleados que más cobran.

Además hay dudas en el FMI sobre la política cambiaria. En concreto, ven poco duradero un esquema de suba de sólo 2% mensual del dólar oficial con una inflación que sigue galopando a más de un dígito por mes. Por ejemplo, en marzo fue 11%. En abril no se espera que perfore el piso del 10%, teniendo en cuenta el alza de tarifas del gas. A este ritmo, en junio ya se habrá perdido toda la competitividad cambiaria ganada con la devaluación de diciembre. De hecho, ya el tipo de cambio real (ajustado por inflación) multilateral (en relación al dólar, el euro, el real y el yuan) está más sobrevaluado que al salir del cepo en 2015 al inicio del gobierno de Macri. Por algo se extienden las quejas de que producir en la Argentina está volviéndose cada vez más caro, desde el campo hasta la industria, desde los servicios informáticos y audiovisuales hasta los turísticos. Habrá que ver si con este dólar oficial las grandes cerealeras liquidan la cosecha, más allá de que en estos primeros días de recogida de la soja y el maíz los pequeños y medianos productores se ven obligados a vender los granos para pagar compromisos.

Milei sostiene que el tipo de cambio actual es el del mercado, pero los $887 que cuesta el dólar oficial está dado en un contexto regulado, con restricciones a la compra de divisas y con importaciones pisadas en parte. El blue está a $1.005; el MEP (Mercado Electrónico de Pagos), a $1.000 y el contado con liquidación, a $ 1.038. Sin embargo, hay economistas como Orlando Ferreres y su socio Fausto Spotorno, ahora integrante del consejo de asesores económicos del Presidente, que calculan en un mercado verdaderamente libre el dólar subiría a $1.250.

Tanto Milei como Caputo sostienen que con US$15.000 millones podrán liberar el cepo, paso necesario para iniciar un proceso de inversiones en la Argentina. Para conseguirlos, confían en la cosecha, pero también en el FMI. Pero el Fondo, donde pesan sobre todo Estados Unidos, Japón, Alemania y China, sólo prestaría más en el marco de un acuerdo que establezca un plan de ajuste fiscal sostenible y un tipo de cambio realista. Habrá que ver si el optimismo del ministro se mantiene tras el viaje a Washington y vuelve con buenas noticias, convenciendo a las jefas del FMI. También espera reunirse con su par de Estados Unidos, Janet Yellen, la secretaria del Tesoro. Además tendrá reuniones privadas con banqueros, a los que conoce de su pasado en Deutsche Bank, JP Morgan y sus emprendimientos personales. En medio deberá asistir a la asamblea conjunta del Fondo y el Banco Mundial.

La Argentina es el país que más le debe al FMI: US$42.877 millones. Lo siguen Egipto, con 14.895 millones; Ucrania, con 11.979 millones; Ecuador, con 7.699 millones y Pakistán, con 7.723 millones.

AR/JJD

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