La carta de navegación de Sergio Massa, un ajuste con carita sonriente

Sergio Massa junto a Malena Galmarini en una imagen de archivo

Sergio Massa no es economista; no es posible rastrear el sesgo teórico de la universidad en la que estudió ni contar con la referencia de sus maestros y gurús académicos. Massa es abogado, recibido en 2013 como un trámite que se adosó a la verdadera profesión de su currículum: político. En calidad de eso ocupará el cargo de ministro de Economía, Agricultura y Desarrollo Productivo y es una de las razones por las que es difícil anticipar su conducta. Sin embargo, quienes lo conocen y han integrado su equipo de trabajo tienen algunas pistas.  

Aquel muchachito de la UCeDé que va por todo el poder en el peronismo

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“Es un ortodoxo moderado”, definió un economista que lo acompañó en sus intentos electorales. Según su perspectiva, Massa cree en la necesidad del equilibrio fiscal y tiene una especial ponderación por la época en que Néstor Kirchner, con Roberto Lavagna al frente del Ministerio de Economía, logró calibrar un esquema de crecimiento macroeconómico basado en tres pilares: superávit fiscal, superávit externo y tipo de cambio alto. 

¿Massa está dispuesto a devaluar? “Si tiene que hacerlo lo va a hacer, pero como última instancia”, apunta. Su apuesta es sostener unas primeras semanas de calma en los mercados que le den tiempo para sentarse en su nuevo sillón, ordenar los papeles y poner nuevamente a la gestión en marcha. Marcar la agenda que el Presidente se demora en definir. 

Un economista cercano al Gobierno lo pone en términos esquemáticos: Massa está a la derecha de Cristina y a la izquierda de Macri. Otro que lo sigue más de cerca lo matiza: “Diría que está más a la derecha de Cristina que a la izquierda de Macri”. 

Massa ingresa a la gestión en una escena compleja, que tiene como elementos salientes una inflación acelerada y la debilidad de reservas en el Banco Central. Distintas fuentes coinciden en que buscará avanzar hacia un ajuste fiscal que ordene el mercado de pesos y le quite presión a los dólares financieros. Lo sugirió en sus primeros tweets como superministro: “Orden”, el primer “pilar” de la tríada que propone para darle “soluciones” a los argentinos. 

Su desembarco tuvo viento a favor no solo por la buenaventura de los indicadores del mercado, sino por la decisión del Banco Central de subir fuerte las tasas de interés de referencia, lo que le ahorra o al menos le adelanta una tarea. “El Gobierno claramente está tratando de dirigir la recesión; de enfriar la economía con suba de tasas y control de gastos”, apuntan. 

Si bien su llegada barrió una larga lista de funcionarios de sus puestos, Massa no tiene el control del Banco Central, que continúa en manos de Miguel Angel Pesce. ¿Cómo se llevan? “A mi todas las veces que lo vi me habló mal de Guzmán y no muy mal de Pesce”, dice uno de sus interlocutores. A Guzmán le criticaba sobre todo una cosa: el estilo, la lentitud para cerrar acuerdos. 

Massa tiene, de todos modos, un hombre propio en el directorio del Banco Central. Pablo Carreras Mayer quien, a su vez, formó parte del equipo de otro de los miembros de su núcleo de economistas y posible miembro de su gabinete: Lisandro Cleri, hoy director del Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) de la Anses.

Se anticipa que, tal como lo hizo Batakis, Massa sostendrá el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y buscará negociar metas sin cuestionar las bases del entendimiento. Como muestra, permanece en su posición el representante argentino ante el organismo internacional, Sergio Chodos, que sobrevive a una nueva turbulencia y no anticipa una alteración en las gestiones. 

Pero, al tiempo que necesita hacer la –en términos de Kristalina Georgieva– “dolorosa” tarea de ordenar las cuentas, Massa no puede dejar de lado su sello personal: el bolsillo de “la gente”, de esa gente a la que en la campaña de 2015 buscó  hablarles con las tonadas de sus respectivas provincias. Desde la Cámara de Diputados impulsó la suba del piso a partir del cual se paga Ganancias y el “alivio fiscal” para monotributistas. También la jubilación anticipada para personas que cumplieron con los 30 años de aportes, reminiscencia de su paso por la Anses en los primeros años del 2000. Medidas diseñadas para conquistar corazones, pero no para aumentar la recaudación. 

Sergio Massa no es economista, pero el Frente de Todos no estaba buscando uno. “Lo que estábamos buscando todos es conducción política, capacidad de gestión, agenda, capacidad de comunicación”, dijo el diputado Leandro Santoro en C5N apenas se conoció la noticia. “Me parece que para el cargo no alcanza solamente con ser técnicamente correcto o eficiente; tenés que tener espalda política, agenda telefónica, los teléfonos de las personas que toman las decisiones, saber cómo funciona la botonera, coraje, decisión, creatividad. Yo creo que le estamos empezando a encontrar el agujero al mate”.

Massa tiene vínculos con empresas, sobre todo las grandes del sector energético, pero también con industriales varios y con las “pymes”, un universo que busca activamente representar. Sus contactos llegan a ciertos sectores de Wall Street, terreno en el que necesitará intérpretes; a diferencia de Guzmán y Batakis, ambos con títulos de posgrado en el exterior, no habla inglés. Massa no tiene, sin embargo, gran vínculo con el campo.

“Tiene relación con la Mesa de Enlace anterior, de 2008, no con las autoridades actuales”, apuntan en una de las cámaras que integran esa estructura rural. “Muy buena relación con aquella camada”, ratifica uno de los líderes de esa época. Se refieren a los lazos que tejió cuando reemplazó a Alberto Fernández en la jefatura de Gabinete, post conflicto con el campo por la 125. Pero luego el diálogo se diluyó y en las campañas de 2013 y 2015 no despertó especial entusiasmo del sector, aunque no lo perciben como un actor hostil. Tampoco hay marcas de una reunión con la Mesa de Enlace en su agenda de los últimos tiempos.  

Massa tiene el mérito de hablar con todo el arco político, incluida la oposición. Tiene, dicen sus colaboradores, la habilidad de tejer acuerdos y consensuar directrices con sectores refractarios al kirchnerismo. Un activo para nada menor en un contexto en el que las teorías puestas a rodar por economistas de Juntos por el Cambio alimentaron la desconfianza sobre la deuda en pesos y fueron, en buena parte, la génesis de la corrida cambiaria de las últimas semanas. 

“Él siempre saca algún conejo de la galera, es un gran prestidigitador. Pero la magia es magia, no es realidad. Me imagino que puede, por ejemplo, hacer un anuncio de un aumento de suma fija para los salarios de todos los sectores, contra el compromiso de no reabrir paritarias o volver a discutir salarios. Te puede hacer un ajuste con carita sonriente”, lo descifran. 

Un prestidigitador: una persona que hace juegos de manos, trucos de magia, florituras con cartas; que con los elementos que tiene a disposición encanta a su público. Un ilusionista. 

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