El debate sobre exploración petrolera en la costa argentina Opinión

El debate sobre exploración en el Mar Argentino no puede partir de un ring de hippies contra desarrollistas o ecocidas versus ambientalistas

La Costa Atlántica vive jornadas de protesta contra la explotación petrolera.

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Las bases del debate que desató el avance del proyecto de exploración sísmica en el Mar Argentino no pueden partir de un ring entre buenos y malos, léase hippies versus desarrollistas o ecocidas versus ambientalistas, como bien marcó Pedro Rosemblat. Personalmente, no tengo dudas de mi ferviente oposición a la ampliación de la frontera hidrocarburífera, formo parte de Jóvenes por el Clima Argentina, capítulo local del movimiento juvenil forjado por Greta Thunberg. Todos los días militamos por una transición energética justa, soberana y popular. Pero no creo que el abandono de las energías fósiles pueda consumarse de la noche a la mañana, menos aún considerando las circunstancias nacionales y la tendencia de la transición a nivel global.

Si analizamos las estimaciones internacionales más rigurosas, nos encontramos una proyección desalentadora, dado que bajo el escenario actual se observará un incremento de la demanda de petróleo hacia 2030 con una leve disminución hacia 2050 y, en el caso del gas, el incremento es persistente hasta 2050, producto de la presión de las economías emergentes. Incluso si se cumplen los compromisos asumidos en el Acuerdo de París, tanto para el petróleo como para el gas, la demanda proyectada igualmente supera de forma considerable aquella necesaria para alcanzar las cero emisiones a 2050.

Como militante socioambiental creo que nuestro futuro no está escrito en piedra. Cerrar la distancia entre las metas climáticas y los acuerdos internacionales será posible si elevamos la presión política. Por eso celebro que miles se hayan manifestado en la costa argentina en el marco del Atlanticazo. La magnitud que el debate ambiental cobró en los últimos días no puede encontrar su límite en el encabezado de las consignas que tiñeron las redes sociales. De ninguna manera podemos colocarle un techo al potencial del movimiento socioambiental teniendo como máxima exigencia la renuncia del ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, que dirige una cartera cero gravitante respecto al debate sobre la estructura productiva del país.

Entendiendo la relación intrínseca entre las problemáticas sociales y las demandas ambientales, nuestra militancia debe apuntar a formar parte del diseño de un proyecto de país. Soy ambientalista, ambientalista argentino, no sueco o yanqui. Por eso también aspiro al aumento de las exportaciones, por eso me importa el estado de nuestra balanza comercial y fiscal. Por eso quiero que el Estado tenga credibilidad. No debemos permitir que sea el mercado el conductor de la transición ecológica en países del sur global como el nuestro. Sabemos que no es viable profundizar las lógicas de los modelos de maldesarrollo impuestos colonialmente a lo largo y ancho de América Latina, y sabemos que la metamorfosis productiva que supone la transición presenta un sinfín de restricciones en las economías periféricas.

El próximo paso constituye saltar de la resistencia a pensar e implementar la propuesta del país que queremos. Yo creo que no tenemos la respuesta revelada ni de cerca. Por eso es crucial escuchar y acudir a las necesidades que presentan los territorios, como también sentarse a debatir con el desarrollismo, que en múltiples ocasiones situamos en el armario de la cancelación porque construir una brújula de salida al colapso ecológico que conjugue justicia ambiental y justicia social nos necesita del mismo lado. Si no, nos comen los afuera.

BR/AR

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