Análisis

¿La dolarización es la solución para la economía? No lo fue en los dos países latinoamericanos que la adoptaron

Protestas recientes en Ecuador contra el plan privatizador del gobierno de Guillermo Lasso y el FMI.

La figura política de Javier Milei crece y sus ideas van contagiando, sobre todo en Juntos por el Cambio. Su reciente propuesta de dolarizar, terminar con el peso, para acabar con la inflación ha sumado adeptos más allá de los libertarios, como el diputado radical y abogado puntano Alejandro Cacace. “Estoy convencido de que elevará el bienestar de la población después de haber dedicado 20 años de mi vida a la teoría monetaria”, comenta Milei a elDiarioAR.

Deuda, dolarización y desregulación de la vivienda: la herencia económica de la última dictadura militar

Deuda, dolarización y desregulación de la vivienda: la herencia económica de la última dictadura militar

La idea de la dolarización no es nueva en la Argentina. Carlos Menem mandó el último año de su gobierno, en 1999, una misión al Tesoro de Estados Unidos para analizarla. A la administración de Bill Clinton le pareció bien, pero le aclaró que no formalizaría su apoyo a través de un tratado, ni le compartiría el señoreaje (derecho a imprimir) ni le daría redescuentos -para asistir al sistema bancario- ni le prestaría dólares en caso de faltantes. Por eso, el gobierno de Menem desistió. Después, en la crisis de 2001/2002, desde banqueros hasta ejecutivos de empresas de servicios públicos dolarizados abogaron entre bambalinas por la dolarización como salida de la convertibilidad. José Ignacio de Mendiguren, actual presidente del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), lo recuerda en su libro “2001/2021. La historia no contada de la gran crisis” y menciona entre los impulsores de la dolarización al entonces presidente del Banco Central Pedro Pou.

En Latinoamérica, dos países adoptaron formalmente el dólar como moneda en aquellos tiempos: Ecuador, en 1999, ante una hiperinflación (el fenómeno que ocurre cuando supera el 50% mensual), y El Salvador, en 2001, en un contexto de mayor estabilidad

En Latinoamérica, dos países adoptaron formalmente el dólar como moneda en aquellos tiempos: Ecuador, en 1999, ante una hiperinflación (el fenómeno que ocurre cuando supera el 50% mensual), y El Salvador, en 2001, en un contexto de mayor estabilidad. La mayoría de los trabajos académicos demuestra que, aunque derrotaron la inflación, la dolarización no supuso un camino hacia el desarrollo económico. De hecho, el PBI per cápita de la Argentina es de 9.929 dólares, mientras el de Ecuador llega a 5.884 dólares y también debió pedir auxilio al Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2019, 2020 y 2021, en tanto que el de El Salvador alcanza los US$4.244 y sigue siendo un país azotado por las maras y la emigración, mientras en 2021 adoptó además al bitcoin como otra moneda de curso legal.

Fragilidad

En 2021, Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella, publicó en el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) un paper titulado “Dolarización y desdolarización financiera en el nuevo milenio” en el que advierte sobre las consecuencias negativas de la adopción del dólar en Ecuador y El Salvador. “En la primera década de la adopción del dólar, El Salvador no exhibió mejoras en ninguno de los campos identificados como potenciales beneficiarios (integración comercial, desarrollo del crédito doméstico e inflación), y habría pagado el costo de una menor resiliencia a las crisis -posiblemente, porque algunos de los beneficios (baja inflación y costo financiero) ya se percibían en la década previa, y algunos, como la integración con los EE.UU., de hecho, se debilitaron por la mayor competencia asiática. Naturalmente, en estos resultados mediaron consideraciones idiosincráticas: la economía salvadoreña enfrenta hace años problemas macroeconómicos (bajo crecimiento y, en consecuencia, una deuda pública creciente y dolarizada) y una fuerte dependencia de las remesas de los trabajadores migrantes y, a través de este canal, del ciclo económico de los EE.UU. Estos dos factores hicieron que la suerte de la dolarización salvadoreña empeorara en la década siguiente, deteriorando el acceso financiero externo y poniendo a la economía al borde del default en 2017, y en un estado de fragilidad permanente, que alienta el debate sobre la desdolarización”, señala Levy Yeyati, asesor del radicalismo.

Al igual que lo sucedido en El Salvador, la dolarización no logró reducir y estabilizar el costo financiero externo ni hacerlo converger a los niveles de la región, ni siquiera durante el proceso de acumulación de reservas en los 2000

Eduardo Levy Yeyati Decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Di Tella

En Ecuador, “la adopción del dólar no trajo consigo la estabilidad buscada”, según el economista. “Lo primero a destacar es que, al igual que la caja de conversión argentina y tal como lo sostiene la teoría económica, la dolarización contribuyó a contener y reducir la inflación a expensas de una mayor volatilidad del ciclo económico -aunque en línea con la volatilidad de la región. Sin embargo, al igual que lo sucedido en El Salvador, la dolarización no logró reducir y estabilizar el costo financiero externo ni hacerlo converger a los niveles de la región, ni siquiera durante el proceso de acumulación de reservas en los 2000, fruto del boom de los precios del petróleo, principal exportación ecuatoriana. Son muchas las razones detrás de las penurias macroeconómicas de Ecuador -la dependencia del petróleo, que exacerba los choques reales y marida mal con una fijación cambiaria, el coqueteo con políticas populistas, la fragmentación política- que hoy combina un bajo crecimiento con una creciente fragilidad financiera que lo llevó a reestructurar su deuda y a acudir de urgencia al FMI. Es posible que la apreciación global del dólar, que implica la apreciación del Ecuador dolarizado, haya conspirado contra una posible diversificación productiva -aunque esta diversificación también le escapó a gran parte de sus vecinos. Lo cierto es que la dolarización 'de jure' no eliminó el costo financiero ecuatoriano, originalmente atribuible al riesgo cambiario- o, si lo hizo, fue a expensas del riesgo asociado a la pérdida del tipo de cambio como colchón contra las amplias y periódicas oscilaciones del petróleo. No extraña entonces que, recurrentemente, el debate sobre la viabilidad de una eventual desdolarización oficial vuelva a ocupar la cabeza de expertos y líderes políticos”, finaliza Levy Yeyati.

Precisamente, con la dolarización un país pierde la posibilidad de apreciar su moneda para amortiguar el impacto inflacionario del encarecimiento de las materias primas que exporta o de devaluarla cuando un socio comercial también lo hace. Fuera de la discusión académica, en Tik Tok, el diputado radical y economista Martín Tetaz recordó que esto último sucedió en 1999, cuando la Argentina tenía su peso atado al dólar: “Brasil devaluó y nosotros perdimos un montón de competitividad con Brasil, todas las empresas se fueron a Brasil y Argentina nunca se pudo recuperar de ese shock de competitividad”. Por eso, concluye que dolarizar es “como amputar la pierna de un paciente por una pequeña infección que hoy se puede resolver con un antibiótico”.

En 1999 Brasil devaluó y nosotros perdimos un montón de competitividad con Brasil, todas las empresas se fueron a Brasil y Argentina nunca se pudo recuperar de ese shock de competitividad

Martín Tetaz Economista. Diputado nacional JXC

Hacer los deberes

José María Fanelli, integrante de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, opina que, “con dolarización, no podés corregir el tipo de cambio y es difícil ganar competitividad en ramas nuevas”. “Estoy súperconvencido de que dolarizarse es difícil para economías pequeñas como Ecuador y El Salvador y totalmente inadecuado para economías algo más grandes y algo más sofisticadas como la nuestra. Cuando se habla de dolarización es porque nadie quiere hablar de hacer los deberes: bajar el déficit fiscal”, concluye Fanelli y cita el trabajo “Veinte años de dolarización oficial en Ecuador: ¿una bendición o una maldición?” que publicaron la economista de la Agencia Francesa de Desarrollo Selin Özyurt y quien ahora es ministro de Economía del gobierno conservador ecuatoriano, Simón Cueva. “Entre 2000 y 2008, la experiencia de la dolarización resultó ser un éxito evidente ya que se dieron las siguientes condiciones: altos precios del petróleo, cierto grado de disciplina presupuestaria, un banco central independiente y un tipo de cambio efectivo real competitivo (gracias a una política monetaria estadounidense acomodaticia). Sin embargo, después de 2008, Ecuador comenzó a perder estos ingredientes habilitadores uno a uno”, apuntan Ozyurt y Cueva. “Sería un error argumentar que la dolarización oficial es el principal culpable de los problemas económicos de Ecuador. Algunos de los problemas económicos que enfrenta Ecuador son comunes a muchos pequeños exportadores de materias primas, independientemente de que estén o no dolarizados oficialmente. La plena dolarización exacerbó la vulnerabilidad a los shocks externos a medida que el tipo de cambio nominal, los ajustes de tasas y la creación de dinero ya no eran posibles opciones. No impulsó sistemáticamente el crecimiento de la la economía ni condujo a la disciplina fiscal. En otras palabras, la dolarización sola no era un sustituto ni un catalizador suficiente para las políticas fiscales, financieras y estructurales orientadas al crecimiento.” En tanto, Gonzalo Paredes, profesor de la Universidad de Guayaquil, publicó en la revista de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), un artículo llamado “Ecuador: ¿por qué salir de la dolarización?” que concluye que “la dolarización es un régimen monetario que obstaculiza el crecimiento sostenido y la capacidad de enfrentar perturbaciones externas sucesivas” y “es necesaria la recuperación de la moneda nacional para consolidar el nuevo modo de desarrollo”.

Lia Kopar, consultora en Cambridge, escribió su tesis en el Elizabethtown College titulada “La macroeconomía de la dolarización: un examen entre países de los efectos de la dolarización en Ecuador y El Salvador”: Mientras que la dolarización tanto en Ecuador como en El Salvador parecía ser un factor significativo en la reducción de las tasas de interés y los cambios en las tasas anuales de las tasas de inflación, no tuvo el efecto positivo esperado en el cambio porcentual del PIB per cápita en ambas naciones (solo en El Salvador la dolarización tuvo un efecto estadísticamente significativo en este variable). Sus efectos sobre el comercio internacional son ambiguos, lo que va directamente en contra de uno de las razones de El Salvador para la implementación de la política. Los países que están considerando la dolarización deben entender que la dolarización sola no es una política macroeconómica, sino una que necesita ser examinada desde una perspectiva microeconómica y una perspectiva socioeconómica y política. La dolarización no reemplaza las reformas institucionales y políticas que deben implementarse en una nación en particular; más bien, es una solución drástica a problemas que a menudo pueden resolverse mejor con políticas económicas y medidas fiscales más sólidas“. Por su parte, Luis René Cáceres, profesor de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, ”Consideraciones sobre la dolarización en El Salvador“ advierte sobre ”el estancamiento que la economía ha experimentado desde mediados de la década de los años noventa“ y recomienda ”medidas para que recobre su dinamismo, particularmente la corrección de la extrema apertura a las exportaciones“.

Entre los pocos papers que defienden la adopción de dólar en Latinoamérica figura “La dolarización en Ecuador: resultados macroeconómicos en las dos últimas décadas”, donde tres investigadores de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, Mauro Toscanini, María Lapo-Maza y Miguel Bustamante, concluyen: “Se lograron identificar ventajas y desventajas en el proceso de dolarización en Ecuador. Entre estas, se logró incrementar el crecimiento, contener y reducir la inflación e impactar positivamente la moneda estabilizando las tendencias, proveyendo certezas a la inversión de mayor plazo. Se lograron identificar incidencias adversas a causa de las intervenciones de política pública, que si bien estabilizaron la fase de recesión, el orden y confianza en el gobierno y el control de la inflación, como efectos positivos, produjo efectos negativos, como el incremento de la deuda pública a causa de la pérdida de disciplina fiscal por parte de la autoridad económica y política. Se concluye que la dolarización genera en Ecuador periodos de volatilidad alta en las tasas de crecimiento del PIB, logrando incrementar sin embargo la riqueza per cápita de largo plazo. Ecuador muestra como resultados adversos el haber superado los límites de gasto público cuya consecuencia ha sido el endeudamiento. Por el contrario, muestra tasas de desempleo afortunadamente decrecientes. Finalmente, se puede afirmar que la realidad económica de Ecuador cambió progresivamente pasando desde un modelo económico que enfrentaba pequeños desfases fiscales hacia un modelo que busca capitalizar los beneficios estabilizadores de la dolarización”. El trabajo admite que ese modelo “se traduce en la necesidad de ejecutar ajustes recurrentes” y “se concluye que la dolarización demanda políticas compatibles en concordancia con una disciplina fiscal severa”. No por nada, Ecuador debió recurrir al FMI apenas dolarizó, en 2000, después en 2003, se mantuvo alejado de su tutela con el boom de precios de las materias primas, pero tuvo que volver a pedirle rescates en 2019, 2020 y 2021.

AR/CC

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