Volver al IFE, un objetivo imposible

Por qué Guzmán dice que ya no puede cerrarse la economía ante la pandemia como en 2020

Un restaurante en Tucumán.

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"Hoy la economía no podría soportar un cierre total, una cuarentena estricta del tipo Fase 1 como aquella que se implementó en marzo de 2020", sostuvo este domingo el ministro de Economía, Martín Guzmán. Diversos economistas coinciden con él, consideran que ya de por sí la cuarentena del año pasado fue difícil de tolerar desde el punto de vista económico y social, aunque reconocen que la última palabra radicará en la situación sanitaria. Si colapsa las terapias intensivas y mueren las personas en la calle, difícilmente puedan seguir abiertas todas las actividades económicas.

Si cerrasen, el Gobierno se vería obligado a reinstalar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el subsidio al salario privado a través de la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), lo que obligaría a aumentar el gasto público, que a su vez debería financiarse con emisión monetaria. Guzmán, a partir del consejo de la jefa de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Mercedes Marcó del Pont, viene advirtiendo de que esa impresión de billetes termina impactando en los dólares paralelos, lo que alimenta las expectativas de devaluación del peso oficial, con su amenaza de efecto inflacionario.

Francisco Eggers, profesor de la Universidad de La Plata, recordó que el año pasado el Banco Central asistió al Tesoro con $1,8 billones. "Eso no se puede dar todos los años. No hay ninguna duda de que en 2021 la asistencia tiene que ser menor que la del año pasado, pero veremos cuánto", evaluó Eggers. También señaló el salto del dólar blue a casi $ 200 en octubre pasado, cuando la cuarentena comenzó a relajarse y empezó a reactivarse la economía: "La brecha cambiaria impactó en las reservas, lo que constituía una presión sobre el dólar oficial. Sobre la inflación también pudo haber impactado, pero en forma más indirecta: a través de las expectativas y de la escasez de algunos insumos importados, los que se restringían por la situación de reservas, que a su vez era producto de la expectativa de devaluación. Pero la inflación, para mí, fue producto fundamentalmente de la reactivación económica: en los seis meses que fueron desde julio a enero la actividad aumentó casi 10%, un ritmo equivalente al 20% anual".

"El año pasado tampoco podías soportar una cuarentena tan larga y extendida como para emitir casi 2 billones con un Banco Central sin reservas", opinó Marina Dal Poggetto, de la consultora Eco Go. Su colega Emmanuel Álvarez Agis, de PxQ, coincide en que el problema radica en el bajo nivel de reservas netas (reservas menos deuda del Central). "Si hay cierres este año, serán sectoriales y regionales, como para minimizar el costo económico y fiscal porque tenés el riesgo de una disparada de la brecha y esto te complicaría más la inflación -recordó Dal Poggetto-. Ahora tenés más desequilibrios que en 2020." El año pasado, al comienzo del aislamiento, el bajón económico y el control de precios y tarifas aplacó la inflación, pero Dal Poggetto señaló que en 2021 los costos de esos sectores con valores congelados son mayores y quien puede remarcar lo hace.

Enrique Dentice, de la Universidad de San Martín, opinó que la emisión de otros 2 billones provocaría un "desastre monetario". "¿Dónde lo vas a canalizar? Ya tenés un piso de inflación del 40 o 45%", alertó. En 2020, el índice de precios al consumidor (IPC) subió 36%. Fabio Rodríguez, de la consultora M&R, coincidió: "En 2020 tampoco estábamos bárbaro para el cierre. Ahora tenés menos predisposición social y emitiendo no podrías seguir en el sendero de estabilidad precaria para llegar hasta las elecciones. El año pasado, los que más sufrieron la cuarentena, aun con el IFE, fueron los de más abajo y por eso ahora los movimientos sociales piden no cerrar. El límite es la gravedad de la segunda ola: habrá cierres fuertes, pero más cortos y localizados".

Nicolás Pertierra, del Centro Económico Scalabrini Ortiz (CESO), vaticinó que "la economía informal va a seguir a su ritmo por una cuestión de supervivencia". De hecho, en las ciudades donde la cuarentena duró menos el año pasado, la pobreza retrocedió en el segundo semestre. En cambio, Pertierra evaluó que quizá se vea afectado el empleo registrado por la "intensificación de protocolos y cierres ante apariciones de casos en establecimientos productivos", que igualmente son menores en cantidad que en la vida cotidiana.

Jorge Neyro, de la firma ACM, advirtió que "financiar el cierre de la economia como en 2020 se choca básicamente con una demanda de dinero baja, que se traduce en una brecha todavía en niveles del 50%, una inflación que supera el 3,5% hace ya varios meses y una posición fiscal mucho mas deteriorada que en el principio del año pasado". "Como la economía todavía no se terminó de recuperar de la larga cuarentena en todos los sectores, la debilidad de los de servicios implicaría que las ayudas deberían ser importantes", agregó Neyro.

"Volver al núcleo duro del gasto Covid-2020, el IFE y la ATP, supondría 3 puntos del PBI, muy complejos de financiar, con emisión ahora moderada, y una inflación que no cede", indicó Ricardo Delgado, de la consultora Analytica. "Los dilemas de las políticas sanitarias, económicas y sociales ahora son más complejos que un año atrás. Caminando sobre el filo de la navaja. El gran desafío es cómo estructurar cuarentenas quirúrgicas que no impacten sobre la actividad, en especial de los servicios, los grandes demandantes de mano de obra de menor calificación, la más golpeada por el ajuste", añadió Delgado.

AR

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