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Opinión
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Milei demoraría la venta de YPF y su gente contacta a Dromi, mientras el dólar salta

Dromi abre los sobres de oferentes de la privatización de YPF en 1990, escoltado por José Estenssoro, entonces director de la petrolera, y Julio César Aráoz, secretario de Energía.

Alejandro Rebossio

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A menos de un mes de las elecciones presidenciales, los inversores financieros y los ahorristas se cubren de cualquier eventualidad que pueda ocurrir el día después, el 23 de octubre. Por eso y otros motivos, saltan el dólar blue o ilegal y el contado con liquidación (CCL, por el que se giran legalmente divisas al exterior), a $ 790 y $ 819, respectivamente, mientras que el Banco Central quema reservas para contener el otro tipo de cambio paralelo, el MEP (Mercado Electrónico de Pagos), a $ 696. En tanto, Javier Milei y su acotado equipo económico sopesan cómo harán la pretendida reforma del Estado, cómo venderán las empresas públicas y, para ello, algunos de sus asesores contactaron a quien fue el mentor y ejecutor de todo ese proceso en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999), Roberto Dromi, abogado experto en derecho administrativo, de 78 años, que hasta aconsejó en su momento a Julio De Vido, ministro de Planificación del kirchnerismo, en su ola de reversión de las privatizaciones.

Dos de los principales asesores de Milei que protagonizaron el gobierno menemista, Roque Fernández -ex ministro de Economía- y Carlos Rodríguez -ex viceministro-, citaron dos veces en las últimas semanas a Dromi a tomar café en la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos (UCEMA). Esta casa de estudios fue fundada por Fernández y Rodríguez, que acompañan al libertario, pero se preguntan si los incluirá en su gobierno o serán sólo consejeros. Milei los había consultado por el mecanismo para implementar las reformas radicales con las que sueña y entonces ellos recurrieron al ex ministro de Obras Públicas de Menem. Le preguntaron cómo desregular la economía para salir del intervencionismo estatal actual y caminar hacia un mercado liberalizado en sectores como la energía, los trenes, las rutas o los puertos. De momento, Dromi no recibió ninguna oferta para sumarse a un eventual gobierno, pero no se descarta. De todos modos, no es el único abogado experto en derecho administrativo que podría cumplir el rol que él encarnó en los 90: también podría ocuparse de ese cargo Rodolfo Barra, ex ministro de Justicia de Menem, o Eduardo Mertehikian, ex juez de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo. Precisamente, el candidato presidencial libertario está recurriendo a un amigo de Mauricio Macri para tomar contacto con magistrados de ese fuero judicial donde podrían trabarse algunas de sus reformas, según cuentan abogados que los frecuentan.

En el entorno del candidato más votado en las primarias sostienen que la liquidación de compañías estatales no sería inmediata al inicio de su eventual gobierno. “YPF es la única que vale”, opina un consultor de la City. Sin embargo, en el equipo libertario, descartan venderla pronto: “No podés -como funcionario- liquidarla al bajo precio que tiene hoy, te van a pedir cuentas si lo hacés. Hay que esperar a que suba su cotización, no sé, a 30.000 millones (de dólares)”. En la actualidad, su capitalización de mercado es de sólo US$ 11.236 millones. Es decir, el 51% estatal valdría US$ 5.730 millones. “A ese precio, hay un montón de interesados locales y extranjeros porque saben que con el tiempo se va a valorizar, pero no la vamos a malvender”, refiere un asesor libertario al potencial de Vaca Muerta en un mundo en el que Rusia dejó de ser un proveedor seguro de gas a Europa. Pero, en el sector petrolero, no todos comparten esa opinión. Sólo un CEO consultado comparte que existe una larga lista de eventuales compradores.

Uno de los principales consultores de la industria de hidrocarburos descree que haya alguien dispuesto adquirir YPF después de la experiencia de la española Repsol, que compró el 99% en 1999 y le fue expropiado el 51% en 2012. Con ese mismo argumento, en una petrolera extranjera evalúan que los únicos que podrían comprarla serían los empresarios nacionales de mayores patrimonios, como Eduardo Eurnekian, con US$ 2.400 millones de fortuna, o Alejandro Bulgheroni, con US$ 1.900 millones. Citan varios encuentros que mantuvieron ambos con Milei después de las primarias, como un reciente almuerzo del Club del Petróleo. Pero este círculo, que preside Bulgheroni, también comió este año con Patricia Bullrich, Flavia Royón, Eduardo De Pedro, Martín Redrado, Jorge Argüello, Javier Iguacel y Néstor Grindetti.

Tanto el dueño de Pan American Energy (PAE) como Eurnekian, propietario de Compañía General de Combustibles (CGC), descartan un interés por YPF. A sus 90 años, Eurnekian no quiere poner en riesgo su patrimonio, el que heredarán sus sobrinos como Martín y Hugo, prefiere evitar conflictos de intereses y sabe lo efímero de los gobiernos. Además, venía cansado de que todo el mundo le achacara que Milei fuera todavía su empleado en los hechos y que Corporación América fuera el semillero del hipotético gobierno -Nicolás Pose suena como jefe de gabinete y estratega de las privatizaciones, mientras dos que dejaron el grupo hace años, Guillermo Francos y José Rolandi, tendrían roles como ministro del Interior y funcionario del sector energético, respectivamente-. A Eurnekian se le agotó su paciencia cuando el libertario insultó a su amigo el papa Francisco. “El hecho es que una libertad económica sólo declamada, pero donde las condiciones reales impiden que muchos puedan acceder realmente a ella se convierte en un discurso contradictorio”, escribió el pontífice en la encíclica 'Fratelli tutti' de 2020, entre varias críticas a posiciones como las que sostiene el favorito de los comicios.

En el círculo de Milei explican que tampoco pueden apurarse en privatizar las otras empresas estatales porque primero deben “acondicionarlas”. Es decir, tal como hizo Menem, primero deben definir nuevos marcos regulatorios generales y sectoriales y además echar personal de las firmas para que sean apetecibles para inversores privados. En el listado de activos por vender figuran el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, las centrales hidroeléctricas cuyas concesiones vencen y que Sergio Massa y el kirchnerismo quieren devolver al Estado, los ferrocarriles metropolitanos de pasajeros, trenes de cargas, rutas con peajes, el Correo -la firma que Menem le dio a los Macri y que reestatizó Néstor Kirchner (2003-2007) y que es codiciada para el comercio electrónico-, AySA, el Banco Nación o los puertos, entre otros. Aerolíneas Argentinas no se incluiría entre las ventas sino que sería entregada a los sindicatos del sector para que la administren con algún apoyo inicial del Estado, comentan en el entorno de Milei. Analistas advierten de que todas o algunas de estas privatizaciones requerirían de la aprobación de un Congreso que La Libertad Avanza no controlará, pero en el que seguro encontrará aliados en el PRO y en algunos radicales, peronistas y partidos provinciales. Desde Wall Street hasta Buenos Aires, hay cierto consenso entre los hombres de negocios en que la inversión real demorará en llegar, gane quien gane, y que los pocos que se animarán a apostar por la Argentina serán empresarios locales, brasileños o chilenos propensos al riesgo.

Más allá de las ventas, en el sector privado hay interés por la posibilidad de que Milei impulse la iniciativa privada para extender el transporte eléctrico, que presenta un cuello de botella para la instalación de, por ejemplo, parques solares y eólicos. También hay ejecutivos de fondos de inversión que están visitando en las últimas semanas Buenos Aires para conocer oportunidades de negocios en la Argentina de Milei, sobre todo en litio y otros minerales. Sin embargo, entre las compañías que ya están invirtiendo en el oro blanco necesario para los autos eléctricos advierten que los negocios que se deciden hoy recién se pondrán en marcha dentro de dos gobiernos, dado que requieren primero desarrollar un proyecto, después explorar si hay suficiente mineral, determinar si las reservas son factibles de producir, invertir en “factibilizar” técnicamente, trabajar en una iniciativa piloto -porque no hay una sola forma de producir carbonato o hidróxido de litio-, construir una planta industrial y posteriormente producir. Con el actual gobierno ya hay muchas empresas que están invirtiendo, esperan que con otro presidente no les cambian las reglas -llámense impuestos, bajos en comparación con Chile-, se preguntan sin aún respuesta qué querrá hacer Milei con el sector y algunas confiesan preocupación, no por el candidato en particular, sino por la Argentina en general.

Otro negocio que aspira desarrollar el libertario es el de los seguros de desempleo. Con el apoyo de sindicalistas como Luis Barrionuevo, pretende que los empleados despedidos dejen de cobrar indemnización, lo que afecta no sólo a los que están formalizados sino también a los no registrados, que hoy pueden ir a juicio para reclamar lo suyo. Los echados, en cambio, cobrarían un seguro de desempleo, que ya no sería abonado por la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), como hasta ahora, sino por aseguradoras. Estas, a su vez, se financiarían con los aportes que harían los empleadores mientras dure la relación laboral.

Pero la desregulación económica, la reforma del Estado y las privatizaciones requieren de todo un andamiaje jurídico que las sustenten. Menem tuvo a Dromi como arquitecto de todos los cambios radicales que aplicó a una economía más cerrada y estatista que la actual. Pero, por ejemplo, la ley de reforma del Estado de 1989 fue preparada por el abogado mendocino a lo largo de casi un año, en el que fue trabajando consensos con la UCR, encabezada en el Congreso por el diputado César Jaroslavsky y el entonces senador Fernando de la Rúa. Nada de eso sucede ahora. No hay un plan claro, ni está siendo diseñado con suficiente antelación ni está negociándose con la oposición. Francos, hasta hace poco funcionario del gobierno de Alberto Fernández, se supone que deberá articular con los hoy rivales, pero arrancó con un tono más beligerante que el suyo, mimetizándose con su nuevo jefe, al descalificar a Elisa Carrió.

Como telón de fondo de todos estos posibles negocios que Milei cedería para el sector privado, los dólares paralelos cobraron impulso esta semana. Fermín Ezequiel López, analista de la sociedad Cocos Capital, ensaya una interpretación de estos movimientos cambiarios: “Venís de un mes y medio desde las primarias con el dólar MEP muy calmo cuando en el mismo momento tuviste 12,4% de inflación en agosto y en septiembre todos están esperando un número en esa magnitud. Esto hizo que en términos reales realmente se abarate. Por otro lado, nadie quiere estar en pesos de cara a las elecciones, la gente vende fuerte los activos de pesos, sean letras, bonos, fondos money market, y todos esos pesos van a ponerle presión al dólar”. Otro de sus colegas, que prefiere el anonimato, coincide con ese análisis, pero le suma otros factores: primero, la posibilidad de una dolarización de la economía si se plasma el favoritismo de Milei en las urnas agrega demanda por la moneda norteamericana; segundo, la emisión monetaria del Banco Central para intervenir en el mercado de bonos para controlar el MEP; y por último, la inyección de dinero en los bolsillos que impulsó Massa en las últimas semanas para compensar la devaluación de agosto y que en manos de ciertos ciudadanos de mayor poder adquisitivo termina en la compra de divisas. Si el verde continuase en alza, parte del trabajo sucio de la dolarización le explotaría a Alberto Fernández y su ministro candidato.

AR

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