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Raíces
Entrevista

Franco Luciani hace bailar con su armónica, entre la tradición y el presente

El santafesino Franco Luciani presenta disco nuevo

Claudia Regina Martínez

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Franco Luciani tiene disco nuevo, mucha energía y unas ganas enormes de compartirlo. Si es en peñas, mejor. El armonicista, cantante y compositor lanza este viernes en plataformas Frutos del país, un trabajo centrado sobre todo en el folklore del centro y el noroeste del país, que presentará en vivo este sábado en Buenos Aires y el sábado 22 en su Rosario natal.

En este undécimo disco de estudio, el músico, que el año pasado celebró sus 20 años de carrera, reversiona clásicos de la música argentina y presenta algunos temas nuevos, pero en formato tradicional. Su meta: hacer bailar. “Este disco es bailable de pe a pa”, asegura.

Con tan solo 41 años, Luciani es considerado el mayor intérprete de armónica de la actualidad en Argentina y es reconocido en todo el mundo. Se maneja con comodidad en todos los géneros, aunque tiene en claro que su base son el folklore y el tango. Aquel joven armonicista al que Mercedes Sosa llevó de gira por Europa en 2008 hoy tiene una carrera sólida, de la que disfruta. Antes de la presentación del disco y de la segunda de tres giras por Europa en este 2023, charló con elDiarioAR.

-¿Cómo llegaste a la armónica? Porque vos no empezaste por ahí.

-Llegué a la armónica por un proceso realmente bien progresivo. Fue casi un encuentro paso a paso, una construcción amorosa. Suena tan romántico lo que estoy diciendo, pero realmente fue así. La armónica es un instrumento muy popular, muy reconocido, incluso muy querido, pero no se lo asocia a un instrumento de profesión. Es muy difícil que naturalmente vos digas a los 12 años o más chiquito: “cuando sea grande, quiero ser armonicista”. Realmente, en general, los profesionales del instrumento, en la cromática, tampoco somos tantos. Estoy hablando a nivel global. Es muy difícil tomar esa decisión. Generalmente es un camino previo en la música que te va llevando a eso. Yo empecé con la batería y la percusión. Y estaba convencido de que ese iba a ser mi camino. Recién a los 16 o 17 años aparece la armónica. Y me llega por medio de un amigo de la secundaria que me dejó que me la lleve. Y empiezo a tocar de una manera así medio desprejuiciada. Probé, me gustó.

-¿Cómo aprendiste a tocar?

-Por ejemplo, por la influencia de mi viejo, que siempre tuvo que ver con la música y me hacía sacar melodías. De hecho, tengo una imagen muy particular, que es la de laburar con mi viejo, una vez o dos veces a la semana, salíamos una tarde. Y entre local y local, en la camioneta yo abría la guantera y sacaba la armónica. Mi viejo manejaba y me iba haciendo sacar melodías. Ahí me empecé a entusiasmar más. Siempre me destacaron una facilidad melódica o armónica. Los profesores de la universidad, cuando se enteraban que yo estudiaba batería o percusión, veían como que algo no estaba aprovechando por mi oído y demás. Mi viejo también, cuando me hacía sacar melodías, me decía: “vos tenés facilidad para el instrumento melódico”. Todas esas cosas fueron empujando. Al principio decía: “¿por qué notas y acordes? Yo toco la batería y la percusión, ¿qué pasa?” Hasta que llegó el punto en que empecé a tocar con los grupos donde era percusionista. Eso fue definitivo porque primero era un juego, hasta que me escucharon y me dijeron: “escúchame, ¿por qué no hacemos una intro con la armónica?” Me lo decía un grupo, me lo decía el otro. Yo tocaba en varios grupos. Hasta que llegó un momento que dije: voy a armar un grupo donde toque la armónica. Y a menos de un año de eso, gano el Pre Cosquín y después la revelación de Cosquín (2002).

-En Argentina hay una tradición en la armónica, pero muy puntual. Está Hugo Díaz y no mucho más. Y ahora sos vos el referente y hay algunos otros. ¿Pero por qué hay tan pocos armonicistas en la música argentina?

-Hay una pequeña tradición que de una u otra manera no se rompe. Está toda esa obra maravillosa de Hugo Díaz. Hoy yo estoy haciendo mi camino. Y seguramente va a seguir. Es un instrumento que está creciendo, a su tiempo. No va a ser de un día para el otro su presencia absoluta. Podemos emparentarlo con otro tipo de instrumentos. Si hablamos de la flauta por ahí hay más pero tampoco nos cansamos de contar solistas de flauta que tengan un lugar en la música argentina. Porque son instrumentos que no están todo el tiempo. Bueno, la flauta sí forma parte de una orquesta sinfónica, pero la armónica ni siquiera eso. Por lo menos no hoy. Tal vez el día de mañana. Pero empieza a crecer mucho. Cuando yo empecé no estaba la carrera de armónica en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Ahora hay ex alumnos míos dando clase ahí como Lucas Chamorro y Santiago Álvarez. Y eso ya es un gran paso. Quién sabe si eso hace que el instrumento empiece a tener una presencia más marcada. Yo creo que es un instrumento muy particular. Es muy difícil de tocar realmente, pero depende de qué lugar se le pueda dar. Por ahí se puede instalar como un instrumento de una orquesta y no hace falta que seas un virtuoso. Que sea como cualquier instrumento. Lo que pasa que a veces se lo lleva solo a ese lugar, a tener que romperla con la armónica. Entonces eso sí por ahí lo acota.

-Vos te movés en un montón de géneros muy cómodamente y este disco que sacás ahora es de folklore. ¿Es el folklore el lugar donde te sentís más en casa?

- El folklore y el tango, sin duda. El folklore y el tango son mis músicas. De hecho, en mi sonido está un poco eso. Yo toco, no sé, con Snarky Puppy y en algún momento toco algún giro que es medio con octava que puede tener una reminiscencia argentina, por más que soy muy respetuoso de los lenguajes. Me gusta respetar. No es tocar por tocar. Cuando uno toca una música tiene un lenguaje. Entonces más o menos tiene que adaptarse a ese formato, esa tonada. Eso me ayudó a hacer muchas cosas, incluso relacionadas con la música de cámara, contemporánea, clásica, con el jazz, con el rock, con músicas del mundo, pero mi base es el tango y el folklore.

-El disco nuevo se llama Frutos del país. ¿A qué remite ese título?

-Fruto del país es una expresión que utilizaban los viajeros extranjeros cuando atravesaban la Patagonia o La Pampa, el Chaco, el Litoral, en torno a 1800. Usaban mucho ese término cuando hablaban de algún producto que las mismas tribus comerciaban con los blancos, con los huincas, o los clásicos productos de pulpería, que hablaban de algo muy representativo del lugar. Ellos no lo veían en otro lado, no era del lugar de ellos y era de ahí. En este caso, estoy ampliándolo a la cultura. Significa que esto es representativo nuestro, que está hecho acá, que necesita nutrirse de esta tierra o que está nutrido de esta tierra.

-¿Cómo elegiste el repertorio? Hay cosas muy clásicas, composiciones tuyas…

-La verdad que hay un poco de todo. Por ejemplo, la zamba “Esquina al campo” o “Chacarera del Polear” son temas que no había tocado nunca pero que los conozco y me gustaron desde que empecé a escuchar folklore de muy pibe. Después hay temas como por ejemplo “Canta zamba”, “En sombras tú”, “Zamba del arribeño” o “Horizonte de octubre” que son zambas que de una u otra manera las he tocado o en alguna participación, pero tenía ganas de hacer versiones puntuales mías. Algunas son zambas como también por ejemplo “Juntito al fogón”, que la toco junto al maestro (Eduardo) Spinassi, que son antiguas. Después hay clásicos modernos. “Por seguir” es un gato de (Raúl) Carnota que ya es un clásico de nuestro folklore. Es una composición que debe tener 15 o 20 años. Y después, mis composiciones. Pero el hilo conductor es que es un sonido más directo, más criollo, más tradicional, más folclórico. Anda en el aire (2017) es un disco de tango y de folklore, bien mixado. El anterior -Tango Improvisado (2020)- es de tango. Por eso digo que voy y vengo. Pero los temas de folklore por ahí tienen otro vuelo o el desarrollo de la proyección es alejarse más de la melodía. En este caso, no tanto. Las melodías están más respetadas. Las danzas también. Eso lo hice siempre. Me gusta. Por más que haga una chacarera y le agregue mucho en el principio, en el medio y en el final, la danza está. Pero acá directamente están tocadas incluso bien de peñas. Es un disco totalmente bailable.

-¿Qué significa eso?

Mi música la bailan mucho, pero este es un disco que va más allá de una danza estilizada. Podés poner el disco Frutos del país y bailarlo todo de pe a pa. Busqué eso. Puede tener alguna relación con mi primer disco Armusa (2002). Insisto, no es que estoy volviendo o reacercándome al folklore. Para nada. Es algo de siempre. Solo que, viniendo de un disco de tango, viniendo de un disco más mixado, este está más enfocado, tiene una estética más definida y tiene hasta una región más definida. Porque en los discos que yo hago de folklore siempre le agregó algo del Litoral, música que me encanta. Este no. Este es de danzas. Gato, zamba, chacarera, bailecito y escondido. Y sobre eso fui construyendo el repertorio. Hay clásicos como “La Yacu Chiri” o “La chacarera del Chilalo”, chacareras bien santiagueñas. “Adiós, que te vaya bien”, “Para los ojos más bellos”, que también son santiagueñas, composiciones más nuevas, más de Los Manseros (Santiagueños), que han sido muy versionadas.

-Hablame de los músicos y de los invitados.

-Están Pablo Motta (contrabajo), Leonardo Andersen (guitarra) y Bruno Resino (percusión). Con Pablo y Leo vengo trabajando hace mucho. Conforman mi trío. De hecho grabé Anda en el aire (2017) con ellos. Con el maestro José Colángelo, ellos completaron el cuarteto. Así que este sería el tercer disco. Y Bruno es un percusionista tucumano radicado en Rosario, con el que venimos trabajando hace mucho en vivo, pero nunca habíamos grabado. Y los invitados son dos. Acá hay otra reminiscencia con mi primer disco: el maestro Spinassi, que también había grabado en mi primer disco, que es uno de los grandes pianistas del folklore y es una persona que es de la familia. No es tío de sangre, pero yo pensé que era tío de sangre porque mi viejo me hacía llamarlo tío. Y me encanta porque tiene un sonido muy particular. Grabamos dos temas con la banda: “Esquina al campo” y “Para los ojos más bellos”. Y también quise grabar un tema solo con el maestro: “Juntito al fogón”, un clásico de los Hermanos Ábalos, un tema más intimista. Y después me di el gusto de compartir con Manolo Herrera, hijo de Elpidio Herrera, que es el inventor de la sachaguitarra, en una chacarera que la nombra (“La Yacu Chiri”). Yo canto un poquito el estribillo, que dice: “Con mi poncho atamisqueño, tápenme cuando me muera y con la sachaguitarra puntienmé chacarera”. Es una mezcla de mandolina, guitarra y violín. Grabamos a la distancia eso. Era casi época de pandemia. Me encanta que esté ese sonido porque afianza esto de los sonidos tradicionales.

-El disco en general lo grabaron todos juntos, ¿no?

-Sí, en vivo. No con público. Incluso con el maestro Spinassi. Vino al estudio, grabó. Hay muy pocas sobregrabaciones, casi nada. Las voces, algunas voces y demás, pero si no el disco tiene buscada esa frescura de grabar, de mirarnos. Los temas están tocados como en vivo.

-¿Cómo van a ser los shows?

-Quise tener invitados contemporáneos e incluso que están dando sus primeros pasos. Por ejemplo, voy a tener dos invitadas que tienen que ver con mi paso como jurado por el Pre Cosquín de Buenos Aires, que son Laura Molina en flauta y La Ferni en voz. A Laura la conocía, pero su apuesta solista es más reciente. Y La Ferni con Ópera Queer y otras cosas ya venía pero también ese Pre Cosquín fue como su puerta abierta a la música folclórica, que la ama desde hace muchísimo. Así que es una manera de compartir con ellas, que son como un poco mis hijas de Cosquín. Después va a estar Victoria Birchner, que es mi compañera de vida, del amor, que es una gran cantante que está haciendo una carrera hermosísima. Va a haber algunos cruces, esa es la intención. Un querido cantautor amigo, tucumano, Leo Garzón, que hace muchos años que está aquí en Buenos Aires. Va a estar también Damián Lemes, que es un cantautor entrerriano. Estamos componiendo juntos. Seguramente vamos a hacer algo que hicimos juntos, un tema a Aníbal Sampayo, que se llama “Cantor del cielo azul”. Después va a estar Juan Martín Di Salvo, que es otro gran cantor, y el maestro Spinassi. Y en Rosario va a estar el dúo La Perilla, que va a abrir. Van a estar los Ñaupa Cunan, que son dos chicos de ascendencia santiagueña. Ahí va a estar la sachaguitarra. Y voy a tocar con unos amigos, Germán y Silvio Rodríguez, que son con los que empecé a tocar cuando era muy pibe. Es un poco una extensión de los 20 años. Presento el disco pero seguimos un poco abriendo el juego.

-Hablando de eso, de los 20 años, te pasó de todo, hiciste de todo, tocaste con un montón de artista. ¿Qué te queda por hacer? ¿Con qué soñás?

-Hoy estoy haciendo lo que siempre quise hacer. La verdad que cuando lo pienso en frío, la vida tiene sus complicaciones, hay momentos más difíciles, pero si me pongo a pensar, digo, la pucha, esto no solo es lo que yo siempre quise hacer, sino lo que yo siempre quise ser. Si me voy 22, 23 años atrás, no sabía que iba a ser con la armónica, pero pensaba: qué bueno sería ser un músico reconocido por sus pares, por la gente, crear una carrera sobre un nombre propio, defender mi mirada. Qué lindo sería poder ser un tipo que viaja al exterior a hacer música argentina y que te aplaudan por tocar un tango, una zamba. Fue siempre eso lo que pensé. Y sé que van a venir muchas más participaciones, muchos nuevos artistas, nuevos destinos. Pero tiene un poco que ver con la extensión de un presente real, presente que ya está, qué es lo que yo siempre busqué. Claro que hay cosas que no hubiese pensado nunca. Haberme ido de gira con Mercedes Sosa por primera vez a Europa es algo que no se me hubiera pasado jamás por la cabeza. Conocer y estar con Toots Thielemans en su casa. Lo que me pasó en Cosquín. Creo que viene mucho más y querría mucho más, pero no por una actitud ambiciosa, sino porque esto es lo que logré y ahora lo quiero seguir cultivando.

“Raíces” fue un programa radial dedicado a la música de raíz de Argentina y Latinoamérica que la periodista entrerriana Blanca Rébori condujo durante más de 30 años en diferentes emisoras. Titulamos esta columna con ese nombre en homenaje a su labor.

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