ENTREVISTA

Javier Ruibal: “El triunfo es conseguir que bajen las canciones, que lleguen al público y que sienta cosas buenas”

El cantautor español Javier Ruibal

Javier Ruibal no es conocido en Argentina como otros cantautores españoles. Pero este andaluz, que combina el flamenco con la canción de autor sin olvidar sus raíces árabes, se está abriendo paso en nuestro país poco a poco. Su canción “Para llevarte a vivir”, en la versión de Juan Quintero, fue, quizá, su carta de presentación, pero tiene muchas otras igual de bellas.

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El músico, nacido en el Puerto de Santa María en 1955, cierra este domingo en Buenos Aires una gira latinoamericana que lo llevó, solo con su guitarra, por La Plata, Santiago de Chile, Valparaíso, Lima, Medellín y Santo Domingo y en la que presentó Ruibal, un disco-libro nacido en pandemia, que contiene 13 canciones en las que el autor de “Isla Mujeres” o “La flor de Estambul” recurre, como es habitual en él, al humor, la ironía y la ternura para hablar de las grandes cuestiones que nos movilizan.

Hace unas semanas Ruibal, Premio Nacional de la Música en España, ya estuvo en Buenos Aires para tocar en el Centro Cultural Kirchner, donde compartió escenario, justamente, con Quintero. Fue en esos días, entre paseos por museos y librerías de Buenos Aires, que se hizo un tiempo para charlar con elDiarioAR. Habló de su nuevo trabajo, de sus vínculos con Latinoamérica, de cómo se hacen discos en la era digital, de sus próximos proyectos y de muchas cosas más.

Como muchos otros músicos, compartiste tu música por las redes durante la pandemia cuando no se podía ir a los conciertos. ¿Cómo fue la experiencia de hacer un streaming en vivo durante la pandemia?

Justamente el sábado antes del cierre Jorge Drexler tenía un concierto en Costa Rica, que no pudo dar, en el teatro, y lo que hizo fue transmitirlo, sin público ni nada. Fue muy conmovedor. Ahí yo ya me di cuenta del nivel de lo que se nos venía encima. Hasta ese momento había estado un poco ajeno, como estábamos todos. Y, bueno, un tiempo después de estar encerrado dije: voy a cantar para los demás un rato y también para sentirme acompañado. Porque estaba solo en casa. Fue muy emotivo hacerlo. Y luego me hundí, cuando cerré la transmisión y me di cuenta de que estaba otra vez en la soledad absoluta. Lo hice por las dos cosas: por conectar y por sentirme conectado. Vi que había muchísima gente que escribía cosas pero yo no podía atenderlas. El asunto era estar ahí. Testimoniar la esperanza de que fuera una cosa transitoria, como de hecho fue.

Durante el confinamiento, según leí, primero te bajoneaste, como todos, y después dijiste: bueno, hay que hacer algo con esto y así nació el disco que estás presentando ahora.

Sí, yo mismo estoy sorprendido porque nunca había hecho en tan poco tiempo un trabajo de composición que tuviera una coherencia como para sacar un disco. Porque considero que las canciones una por una están muy bien, pero cuando se hace un disco es porque se acompañan todas. Y todas representan un trabajo, una coherencia. Pero nunca lo había hecho en tan poco tiempo. Con lo cual yo fui el primer sorprendido. Andando mucho por la casa y subiendo y bajando escaleras, que era lo único que podía hacer, mi ánimo se puso muy en positivo. También tuve la suerte de que las ideas bajaban de donde siempre bajan, que siempre pienso que es un milagro. Una canción ni siquiera te pertenece. Tú eres una especie de médium que haces de transmisor y es bueno no perder nunca la perspectiva de eso. Si no, uno puede llegar a pensar: uy, el genio está conmigo, las musas...

Hay una canción que me llamó particularmente la atención, “Yo soy africano”. ¿Qué te inspiró a escribirla?

No es una idea que me pertenezca a mí ni nada. Lo que ocurrió en ese momento es que entre los asuntos que bajaron del limbo, bajó ese: reivindicar la africanidad de todo. Que es una cuestión de antropología. No es un invento. Y también el hecho de reclamar sobre ese asunto. Los países limítrofes con África nos comportamos muy miserablemente cuando ellos intentan entrar, sabiendo todos nosotros que si vienen van a desempeñar un trabajo de mano de obra no cualificada, que no es la más costosa. Es decir, que todo el que haga correr bulos de que vienen a quitarnos el trabajo, es mentira. Entonces, si ni siquiera le echamos un cabo o un salvavidas cuando caen al mar, ya la cosa entra en unos niveles de indignación muy grande. Así que no está mal recordar ese asunto. Nos guste o no, todos venimos de África. A mí me gusta mucho.

En España, si bien llevás una carrera larga, el reconocimiento a tu obra vino más en los últimos años.

Hubo dos períodos. Hubo un período en que yo hice unos discos que quedaron descatalogados. Luego hice un disco en directo que se llamaba Pensión Triana, donde recuperé mi repertorio y así tenía otro disco nuevo en movimiento, cuando los discos eran importantes como soporte. Y luego a partir del 2005 sí empecé a tener más repercusión. Y de ahí hasta ahora, bueno, la presencia en medios y la consideración y algún premio que me han dado hacen mucho por esto. En realidad, un premio no mejora mucho tu carrera, pero hace que te visualice mucha gente. Y de entonces para acá sí tengo un poquito más de presencia. Yo he trabajado toda la vida, tanto en verano como en invierno. Es decir, que no soy un artista de estos de giras veraniegas, que también es un estereotipo del triunfo. En realidad, el triunfo es conseguir que bajen de ahí esas canciones, que te identifiques con ellas, que lleguen al público y que el público sienta cosas buenas. Y lo demás es seguir un día tras otro. Es una supervivencia del físico y del alma, porque a mí me ayuda muchísimo que la gente contemple mi obra y se identifique. Eso es indudable para mí y creo que para cualquier artista.

¿Y cómo es tu vínculo con Latinoamérica? ¿Cómo conociste a Nano Stern, a Juan Quintero y los demás músicos con los que tocaste en esta gira?

Ha sido siempre en el camino. Casi siempre cuando he tocado, se han acercado a verme, se han presentado. Pero, claro, ocurre que uno los conoce de antes y cuando ves que vienen a verte te halaga muchísimo. Con Juan (Quintero), por ejemplo, fue una cosa muy bonita, porque versionó mi canción “Para llevarte a vivir”, que me ha abierto la atención de mucha gente. Hay gente que se ha enterado ahora, y siempre es estupendo ser una sorpresa, pero esa se la debo totalmente. Pero, claro, Aca Seca Trío ya era una cosa de la que yo andaba muy pendiente. Y con (el chileno) Nano (Stern) por el estilo también. Personalmente nos conocimos en España pero hay un chat que tenemos, un chat de décimas, que maneja el maestro Alexis Díaz Pimienta, donde también está Omar Camino (con el que cantó en Lima). Y está Juan Carlos Palacios, Pala, colombiano (con el que tocó en Medellín). Así va uno sintiendo que forma parte de un mismo gremio y de una misma focalización en el arte, en el sentido de vincularlo a la poesía lo más posible. Sin hacer comparaciones: la poesía es la poesía y la canción es la canción. Pero formamos parte de un placer por la palabra y un placer por la música. Y simultaneado salen nuestros propios estilos. Se le pone cantautor, trovador, le puedes poner lo que quieras, pero al fin y al cabo es una actitud la que nos reúne a todos.

El oficio de músico cambió mucho en los últimos años con las plataformas y con el hecho de que ya no hay discos físicos. ¿Cómo te afectó y como lo ves de cara al futuro?

Lo que ocurre es que el disco hay que grabarlo y hay que hacerlo. Y como yo tengo mi propio sello y mi editorial, los últimos cinco discos han salido del bolsillo de las personas que compran cada disco y así hemos ido amortizando un disco y haciendo el siguiente. Ahora, sí, el soporte físico el público solamente se lo lleva cuando lo firmo después del concierto. No sé qué va a pasar. Este disco lo hice de esta manera, que además es un libro, con relatos y con algunas acuarelas de Sonia Alonso, una amiga pintora de Madrid. Quería devolverle al disco la prestancia que tenían los discos antes. No es por adorar un objeto, no es el objeto en sí mismo. La música es intangible. El objeto es una mera funda para guardarla. Pero sí quería que el público se diese cuenta que para mí y para casi todos nosotros el soporte es importante por lo que significa de complicidad entre el público y nosotros. ¿Cómo demuestras que eres cómplice de un artista? Pues, llevándote el disco a casa y teniéndolo contigo. Teniendo todos los disquitos ahí juntos. Forma parte de una emotividad que no sé qué es lo que la va a sustituir. Yo espero que no desaparezca totalmente el soporte. Y si desaparece, que no desaparezca el público. Porque también ahora con tanto mp3 y tanta cosa, puedo oír ya todo lo que ha sacado todo el mundo y ya no voy al concierto con esa cosa “a ver cómo es lo nuevo”. Ya me lo sé antes. Y entonces espero que la gente no se quede en casa y siga yendo a los conciertos, por favor.

La industrialización de la música hace que se copen muchos lugares que podrían dar espacio a otros artistas, y eso tiene un punto de una cierta injusticia o desproporción, pero aquí hemos venido a lo que hemos venido: a ser felices

¿Qué opinás de los músicos jóvenes españoles que se internacionalizaron como Rosalía o C Tangana, que también toman cosas del flamenco?

Yo oigo porque me llega, como a todos, porque ya sabemos que su publicitación es altísima. A mí lo único que me preocupa es la felicidad de cada uno. O sea, yo podría ser el padre de ambos, de C Tangana o de Rosalía. Solo me preocuparía que hicieran lo que les hace felices. Si esto que hacen es lo que les hace felices, pues, adelante. Ahora, la música, la elaboración, la sofisticación, esas ya son cuestiones de criterio. Los míos son más carnales. Es decir, van buscando más tocar la sensibilidad que la inmediatez de lo bailable o del acontecimiento. Me encantaría ser el acontecimiento, pero no dejando de hacer lo que hago. Esa es la idea. Es una música un poco más introspectiva, más contemplativa, con lo cual está fuera de esos círculos. La incorporación de lo flamenco, que casi siempre son pinceladas o detalles, pues, si se hace con buen gusto y no se usan apelativos que no responden a la realidad, como 'nuevo flamenco' y esas cosas, me parece bien. Pero es flamenco o no es flamenco. O es aflamencado, como yo me defino, o hay pinceladas de flamenco o es una música de confluencia o de fusión. Lo demás… Hay quien se rasga las vestiduras y hay quien dice que eso es la pura vanguardia. Pues, no creo que de motivo para ninguna de las dos cosas. Son artistas jóvenes que hacen lo que les place y qué alegría esa libertad, por encima de cualquier otro criterio. He dicho varias veces que la música no tiene la culpa de nada. Quizá la industrialización de la música sí hace que se copen muchos lugares que podrían dar espacio a otros artistas y eso sí tiene un punto de una cierta injusticia o desproporción, pero aquí hemos venido a lo que hemos venido: a ser felices.

¿Cómo va a ser el show en Bebop?

Voy a contar con el bajista flamenco Mariano Martos y probablemente también con algún flamenco porteño. Y alguna sorpresa más que surgirá, porque sobre la marcha siempre hay algo bonito que hacer. Y como yo prefiero los conciertos como una celebración, más que como un cónclave misterioso, respetuoso, será una fiesta. Y cuanto más seamos, mejor.

¿Qué planes tenés para el 2023?

Desde que llegó el confinamiento ni miro pa atrás, ni miro pa delante. O sea, depende fundamentalmente del estado de ánimo actual. Si yo estoy de buen ánimo y buena predisposición, se me ocurrirán cosas y las grabaré y veré qué vehículo utilizar para que llegue al público. Es lo único que me preocupa. Tengo un disco grabado con la cantautora gallega Uxía (De tu casa a la mía), sobre Federico García Lorca y Rosalía de Castro, que me encantaría presentar aquí. Y tengo un disco compuesto nuevo, que se llama Cabaret Saturno, y que es más un musical. Es como una teatralización de un cabaret de Barcelona de los años 50, en plena dictadura, donde todo el mundo estaba expectante porque le pudiera ocurrir algo malo. Los lugares como el cabaret eran los pocos espacios de libertad, donde confluían los partidarios de la dictadura y los represaliados. Una de las grandes mentiras de todas las dictaduras es que son preservadores de la moral y de no sé qué cosa. Y la moral la preserva cada uno en sus actos diarios. Pero los lugares de diversión, de solazamiento, de, incluso, pasarse un poco, siempre han sido necesarios. Entonces he hecho este Cabaret Saturno, que es un retrato de época, en el que también aprovecho para reclamar por todos estos caudillos que creen que la democracia hay que abolirla, todos estos dictadores incipientes a los que luego vota una parte de la población. Ante ese peligro es bueno recordar que nosotros vivimos una cosa tremenda, igual que ustedes la vivieron. En Europa ahora aparecieron los ultraneoliberales con tintes fascistas, arropados por capitalistas sin medida, totalmente obscenos, que niegan todo y que se han procurado secuaces con los que esparcir esa idea. Ahí está Steve Bannon, que ha ido por toda Europa sembrando esa cizaña. Y, bueno, hay que recordarle a la gente que la maldad está ahí y que esos que hablan superlativamente sobre la cuestión del diablo y dios, es verdad que el diablo es el amo del mundo. Entonces, el que tenga un poco de consideración y de criterio, debe estar pendiente de que no se le cuele en la casa. Y menos en el corazón o en la cabeza.

Javier Ruibal se presenta este domingo 11 de diciembre a las 20:00 en Bebop Club, Uriarte 1658, CABA.

 CRM

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