Bolsonaro se resiste a reconocer su derrota en el balotaje

Jair Messias Bolsonaro no quiere reconocer su derrota electoral sin protagonizar, previamente, alguna escena teatral a la que acostumbró a sus votantes. Veinticuatro horas después de la proclamación de su adversario, Luiz Inácio Lula da Silva como presidente electo de Brasil, el jefe actual del Planalto aún persiste en no reconocer ni felicitar a su adversario, que obtuvo más de 60 millones de votos. Las presiones de sus propios ministros, con quienes estuvo reunido esta tarde en la Casa de Gobierno en Brasilia, para que pronuncie el discurso de aceptación de los resultados electorales que todos aguardan, siguen, sin embargo, sin rendir frutos.

En simultáneo, como en una ópera del siglo XIX, grupos de camioneros, los más fieles aliados del bolsonarismo, bloquearon rutas de acceso a las distintas capitales del país. Hay una única consigna enarbolada en estas protestas: intervención de las Fuerzas Armadas. Ninguna de estas acciones puede, por sí misma, tener algún impacto institucional: reconocida ayer a las 19 por el Tribunal Superior Electoral, la consagración de Lula para su tercer mandato, a partir del 1º de enero de 2023, es irreversible. Así lo indicaron los presidentes de la Cámara de Diputados Artur Lira y del Senado Rodrigo Pacheco. 

Tal como habían acordado informalmente vario países, durante la última asamblea general de las Naciones Unidas, las congratulaciones internacionales fueron casi inmediatas. Desde Estados Unidos, anoche el presidente Joe Biden le hizo llegar sus felicitaciones a Lula y la tarde de este lunes mantuvo con el líder petista un diálogo telefónico. Otro tanto hicieron el mandatario francés Emanuel Macron, el canciller alemán Olaf Scholz y el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez. A lista se sumó el presidente de China Xi Jinping. Alberto Fernández optó por viajar directamente a San Pablo, donde almorzó este lunes con Lula en el hotel donde está establecido el cuartel general del presidente electo. En su declaración a la prensa, sostuvo: “Brasil se expresó libre y democráticamente”.

Desde su fracaso, que le cuesta admitir, Bolsonaro se encerró literalmente. Dejó de postear mensajes en las redes sociales, no quiso hablar con sus partidarios en las puertas del Palacio de la Alvorada, y optó por aislarse hasta la mañana. Su ahora ex candidato a vicepresidente, el general Walter Braga Netto y el ministro de Comunicaciones Fábio Faria, pidieron al mandatario que se decida a verbalizar su frustración. Según comentaban en Brasilia, lo que se pretende es un discurso con foco en la singular fuerza de votación que obtuvo el jefe de Estado (58 millones de votos) a quien aún le restan dos meses para entregar el mando; pero sin que eso signifique desconocer los comicios del domingo. Esa fue también la posición de ministros como Paulo Guedes de Economía, Carlos Franza de Relaciones Exteriores y Ciro Nogueira, jefe del gabinete.

La actitud de resistencia del jefe del Ejecutivo brasileño puede provocar, a futuro, problemas para coordinar el entretiempo entre los distintos ministerios. Confiados en que JMB llevaba las de ganar, no hubo ningún intento de preparar el escenario para un cambio de gobierno.; y ahora los funcionarios se enfrentan con la transición. En una conversación con este medio, jefes de la campaña electoral de Lula da Silva descartaron hoy un hipotético levantamiento de las Fuerzas Armadas, que ya dejaron saber que no hay lugar para ninguna clase de “aventura intervencionista”. Según generales citados por la prensa brasileña, “el clima es de absoluta normalidad. La vida sigue”.

En su discurso como presidente electo, Lula da Silva dejó claro que quiere “unir” al país luego de la fractura política que se vivió durante todo el proceso electoral. De hecho, indicó que busca gobernar con todas las fuerzas políticas que lo apoyaron, desde la centroizquierda a la centroderecha. Al mismo tiempo, reveló que la calma que pretende preservar hasta la transferencia de la banda presidencial llega también a los generales, almirantes y brigadieres. Sin embargo, no todo es sosiego entre los uniformados. Hay un ambiente de decepción en los estamentos intermedios, por lo que juzgan “una falta de conciencia” del votante medio brasileño.

Así como busca enfriar las animosidades internas, Lula se esmerará ahora por retomar sus viajes al exterior antes de asumir, con el objetivo de mostrar sus proyectos. Al reunirse con Alberto Fernández, el presidente electo brasileño demostró que busca la reconstrucción del Mercosur y, más aún, aspira a recuperar el proceso de integración sudamericana que se había cristalizado con Unasur. Ambos planes forman parte de otro más ambicioso: resucitar el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, paralizado por las actitudes refractarias de Bolsonaro. El futuro gobierno brasileño apuntaría así a integrar nuevos países al mercado común regional e incluirlos, de tal suerte, en la alianza mayor con Europa.

EG