SALUD

Flatulencias y eructos: cuatro razones de peso para no reprimirlos

Cristian Vázquez

Diario.es —

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Todos sabemos que liberar gases del cuerpo a través de flatulencias y eructos es una conducta social reprobada. ¿Quién no ha atravesado alguna vez la desagradable situación de tener que reprimir ese deseo a causa de estar con alguien más, en contextos tan disímiles como una clase, una reunión laboral o una cita?

Pero hay que tener en cuenta que no se trata solo de un deseo circunstancial, sino que es una necesidad del organismo. Dentro del cuerpo hay gases que deben expelerse y las maneras posibles son esas dos: a través de la boca, en forma de eructos, o a través del ano, como flatulencias, ventosidades o pedos.

Los estudios científicos han comprobado que el volumen de gases producidos por una persona adulta sana varía entre 0,5 y 1,5 litros por día. El prestigioso Manual MSD señala que esto equivale a entre 13 y 21 ventosidades diarias. Se sabe incluso el tamaño de cada flatulencia: entre 33 y 125 mililitros de gas.

De acuerdo con el Colegio Estadounidense de Gastroenterología, por su parte, hasta un 7% de las personas padecen de eructos excesivos o molestos (sobre todo –aunque no solamente– después de comer) y un 11% sufren con frecuencia de hinchazón abdominal causada por los gases.

¿Por qué se producen los gases?

Las causas de la existencia de gases dentro del cuerpo son varias:

1. Tragar aire. Ingerir pequeños volúmenes de aire al comer y beber es normal. Sin embargo, de manera inconsciente, algunas personas lo hacen en cantidades más grandes, tanto al comer y beber (a menudo, por hacerlo muy deprisa) como al realizar otras acciones, como fumar o mascar chicle.

Por lo general también tragan mucho aire personas con altos niveles de ansiedad, con una salivación excesiva –lo cual puede estar relacionado con un problema de reflujo gastroesofágico– e incluso aquellas que usan prótesis dentales que no se ajustan a su boca de forma correcta.

2. Consumo de bebidas carbonatadas, como la cerveza, el vino espumante, las gaseosas o el agua con gas. Es decir, bebidas con burbujas. Buena parte del gas contenido en dichas burbujas debe salir más tarde por alguna parte, y suele hacerlo –al igual que el exceso de aire que se traga– a través de los eructos.

3. Ingesta de fibra vegetal. La metabolización de ciertos alimentos, en particular los que incluyen fibra vegetal, genera muchos gases, la mayoría de los cuales se convierten en flatulencias. Entre los alimentos que más gases generan se pueden mencionar las alubias, los garbanzos, el repollo, los alcauciles, la col y las manzanas.

En ocasiones, el cuerpo produce demasiados gases, lo cual suele generar malestar, hinchazón abdominal, dolor, calambres, sensación de tener un “nudo” en el estómago, presión o sensación de saciedad aunque no se haya comido mucho.

Las causas de esa producción excesiva de estos gases pueden ser variadas. Entre las más comunes se encuentran las intolerancias alimentarias, que tienen como resultado una mala absorción de los nutrientes. La Clínica Mayo también destaca la enfermedad intestinal crónica, el crecimiento bacteriano excesivo en el intestino delgado e incluso el estreñimiento.

Riesgos y perjuicios de reprimir los gases

Surge entonces la pregunta: ¿qué pasa si nos aguantamos las ganas de expulsar los gases, tanto los eructos como las flatulencias? Las principales consecuencias negativas son las siguientes.

1. Malestar, distensión y dolor abdominal

Retener los gases de forma recurrente puede generar una distensión abdominal, que consiste en la sensación de tener el vientre hinchado, lleno y apretado. Esto se puede corresponder con la realidad (es decir, puede ser esté realmente hinchada) o puede ser solo una percepción subjetiva de quien la padece.

En cualquier caso, la distensión abdominal genera malestar y a menudo también dolor y cólicos. Como consecuencia, afecta al resto de las actividades (laborales, académicas, deportivas, etc.) y, en definitiva, a la calidad de vida.

2. Reabsorción de los gases por el organismo

Un estudio concluyó que el metabolismo de entre el 30% y el 62% de las personas sanas produce metano. Reprimir las flatulencias y los eructos podría derivar en una retención excesiva de este gas, acerca del cual –especifica el documento– “existe una creciente evidencia de que tiene efectos tanto físicos como biológicos sobre la función intestinal”.

Además del metano, otro tanto podría suceder con el sulfuro de hidrógeno, otro producto de los trabajos internos del cuerpo humano. Parte de estos gases son reabsorbidos por el organismo y podrían causar estreñimiento. Y hasta podrían terminar siendo expelidos a través del aliento –añade el artículo–, lo cual podría ser causa de halitosis.

3. Riesgo de diverticulitis

Los divertículos son unas pequeñas “bolsas” que en ocasiones se forman en el intestino, en las cuales quedan atrapadas fracciones de la flora intestinal. Con el tiempo, producen elementos tóxicos y pueden derivar en una diverticulitis, una inflamación que a menudo genera grandes dolores.

No existe un consenso definitivo acerca de que aguantarse las ganas de soltar ventosidades sea responsable de esos problemas, pero en general los expertos consideran que la circulación y evacuación de las flatulencias reduce los riesgos de que se formen divertículos y, por lo tanto, que estos deriven en problemas mayores. 

4. Aparición de eructos y ventosidades mayores

El único objetivo de reprimir los eructos y las ventosidades es, como se ha mencionado, evitar la reprobación y el descontento de las personas que están alrededor. Pero en ocasiones el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Retener los gases durante mucho tiempo puede ocasionar que estos “escapen” de manera descontrolada y mucho más estruendosa de lo que hubiera sido en un primer momento. Incluso unos ruidos muy fuertes en el estómago pueden ser motivo de incomodidad. El resultado, desde luego, puede ser aún más embarazoso de lo que se reprimió en primer término.

Por otra parte, expulsar los gases a través de flatulencias y eructos tiene otros beneficios para la salud, como representar un sistema de “alerta dietético”, si se percibe un cambio en la frecuencia o los olores en las ventosidades o en el aliento, o incluso tonificar el esfínter del ano y el suelo pélvico.

Debido a ello, queda claro que la recomendación es retrasar lo menos posible la expulsión de los gases. Por supuesto, no se trata de dejar de lado las normas de cortesía y las convenciones sociales. En todo caso, lo aconsejable es hacer lo posible por acudir cuanto antes a un baño o al menos a algún sitio apartado y solitario, por el bien de la propia salud.

C.V.