SALUD

¿Por qué somos cada vez más alérgicos?

Cristian Vázquez

Diario.es —

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¿Somos cada vez más alérgicos? Sí, definitivamente. Las enfermedades alérgicas han ido aumentando progresivamente a lo largo del siglo XX, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, y las que más crecieron fueron la rinitis y el asma. Actualmente, las que se han disparado en particular desde comienzos de este siglo, son las alergias a los alimentos.

Los casos de enfermedades alérgicas no solo son cada vez más en cantidad, sino que son cada vez más complejos desde el punto de vista alérgico. ¿Por qué? Pues porque cada vez un mismo paciente sufre más sensibilizaciones (es decir, los procesos a través de los cuales un paciente pasa de tolerar una sustancia a ser alérgico a ella) y a más alérgenos. 

Cambios en el medio ambiente, la principal causa

El gran interrogante es por qué los casos y los tipos de alergia son cada vez más numerosos. La ciencia todavía no tiene una respuesta definitiva aunque al parecer se considera que tiene que haber una relación ambiental. Esta presunción se deduce del hecho de que no es lógico que una predisposición genética se manifieste en un lapso de tiempo tan corto. Es decir, un siglo es muy poco tiempo para que las alergias crezcan “naturalmente” como lo han hecho. Las modificaciones que los seres humanos hemos causado en el ambiente están detrás.

Una de esas modificaciones tiene que ver con la contaminación. Se ha comprobado que, por ejemplo, algunas de las partículas derivadas de los motores de combustión, sobre todo los diésel, aumentan la respuesta del organismo a los pólenes. Además, el polen de las zonas con mucha polución es mucho más potente que el de las zonas limpias.

Los pólenes de zonas contaminadas generan nuevas proteínas denominadas 'proteínas de estrés' que tienen una mayor capacidad de estimular la respuesta alérgica de las personas. Es por eso que en las ciudades hay muchísimas más alergias que en las zonas rurales, pese a que en estas últimas la presencia total de pólenes es mayor.

El cambio climático también hace de las suyas en este aspecto. Sobre todo, está generando cambios en los períodos de polinización de las plantas, que ahora son más largos, y por lo tanto los pacientes alérgicos a los pólenes tienen sintomatología durante más tiempo. Y a esto hay que sumar que, en algunas regiones del país, ciertas especies vegetales prolongan su tiempo de polinización más allá del mes durante el cual se considera normal.

Alergias: “efecto colateral” de una mejor calidad de vida

Pero no solo las modificaciones ambientales “negativas” contribuyen con el incremento de las alergias. También lo hacen algunos hechos muy positivos, como una mayor higiene y una mejora en la calidad de vida en relación con los siglos anteriores. Una hipótesis afirma que la drástica disminución en el número de infecciones, sobre todo en la infancia, posibilitada por los programas de vacunación, ha propiciado que el sistema inmunitario de nuestros cuerpos, a falta de otros estímulos, defienda al organismo de agentes que a priori son inofensivos.

Otra hipótesis sostiene que esas condiciones sanitarias -el “exceso de higiene”, se podría decir- han dado como resultado una baja en la producción de células T reguladoras, unos linfocitos que modulan toda nuestra respuesta inmunitaria. Son las encargadas de que el sistema inmune no reaccione ante micobacterias, lactobacilos, helmintos y otros microorganismos con los que el ser humano ha convivido durante generaciones. La escasez de células T reguladoras sería la responsable de que esa reacción sí se produzca, en forma de alergias.

En suma, las alergias serían, también, al menos en parte, un efecto colateral de las mejoras de las condiciones sanitarias en los países desarrollados. Y hay también otros factores ambientales que se han modificado: Hemos cambiado la flora intestinal y la microbiota que nos acompañan. Estamos expuestos a nuevos alérgenos, hay cambios dietéticos, de alguna manera, todo esto también puede haber contribuido. 

Prevención: por ahora, poco se puede hacer

¿Qué se puede hacer? Todavía no existe un protocolo de medidas concretas de prevención primaria. Se están realizando estudios acerca de la microbiota, y también de los mecanismos genéticos y epigenéticos implicados en el surgimiento de las alergias. Pero los resultados obtenidos hasta ahora no permiten todavía formular ninguna guía para procurar protegerse del surgimiento de eventuales alergias.

Sí existe, inmunoterapia específica que funciona como una cierta prevención secundaria, es decir, medidas para disminuir el número de sensibilizaciones en personas ya alérgicas: por ejemplo, para evitar que una rinitis alérgica progrese a un asma alérgica, o que un paciente alérgico a los pólenes pase a serlo también a los epitelios, a los hongos, a los ácaros, etc. Pero esas acciones se indican para cada paciente y cada alérgeno en particular, no se pueden generalizar.

Por eso, lo que hacen por ahora los especialistas es advertir de los peligros, en las épocas de mayor polinización y en otros momentos puntuales.

C.V.

¿Somos cada vez más alérgicos? Sí, definitivamente. Las enfermedades alérgicas han ido aumentando progresivamente a lo largo del siglo XX, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, y las que más crecieron fueron la rinitis y el asma. Actualmente, las que se han disparado en particular desde comienzos de este siglo, son las alergias a los alimentos.

Los casos de enfermedades alérgicas no solo son cada vez más en cantidad, sino que son cada vez más complejos desde el punto de vista alérgico. ¿Por qué? Pues porque cada vez un mismo paciente sufre más sensibilizaciones (es decir, los procesos a través de los cuales un paciente pasa de tolerar una sustancia a ser alérgico a ella) y a más alérgenos. 

Cambios en el medio ambiente, la principal causa

El gran interrogante es por qué los casos y los tipos de alergia son cada vez más numerosos. La ciencia todavía no tiene una respuesta definitiva aunque al parecer se considera que tiene que haber una relación ambiental. Esta presunción se deduce del hecho de que no es lógico que una predisposición genética se manifieste en un lapso de tiempo tan corto. Es decir, un siglo es muy poco tiempo para que las alergias crezcan “naturalmente” como lo han hecho. Las modificaciones que los seres humanos hemos causado en el ambiente están detrás.

Una de esas modificaciones tiene que ver con la contaminación. Se ha comprobado que, por ejemplo, algunas de las partículas derivadas de los motores de combustión, sobre todo los diésel, aumentan la respuesta del organismo a los pólenes. Además, el polen de las zonas con mucha polución es mucho más potente que el de las zonas limpias.

Los pólenes de zonas contaminadas generan nuevas proteínas denominadas 'proteínas de estrés' que tienen una mayor capacidad de estimular la respuesta alérgica de las personas. Es por eso que en las ciudades hay muchísimas más alergias que en las zonas rurales, pese a que en estas últimas la presencia total de pólenes es mayor.

El cambio climático también hace de las suyas en este aspecto. Sobre todo, está generando cambios en los períodos de polinización de las plantas, que ahora son más largos, y por lo tanto los pacientes alérgicos a los pólenes tienen sintomatología durante más tiempo. Y a esto hay que sumar que, en algunas regiones del país, ciertas especies vegetales prolongan su tiempo de polinización más allá del mes durante el cual se considera normal.

Alergias: “efecto colateral” de una mejor calidad de vida

Pero no solo las modificaciones ambientales “negativas” contribuyen con el incremento de las alergias. También lo hacen algunos hechos muy positivos, como una mayor higiene y una mejora en la calidad de vida en relación con los siglos anteriores. Una hipótesis afirma que la drástica disminución en el número de infecciones, sobre todo en la infancia, posibilitada por los programas de vacunación, ha propiciado que el sistema inmunitario de nuestros cuerpos, a falta de otros estímulos, defienda al organismo de agentes que a priori son inofensivos.

Otra hipótesis sostiene que esas condiciones sanitarias -el “exceso de higiene”, se podría decir- han dado como resultado una baja en la producción de células T reguladoras, unos linfocitos que modulan toda nuestra respuesta inmunitaria. Son las encargadas de que el sistema inmune no reaccione ante micobacterias, lactobacilos, helmintos y otros microorganismos con los que el ser humano ha convivido durante generaciones. La escasez de células T reguladoras sería la responsable de que esa reacción sí se produzca, en forma de alergias.

En suma, las alergias serían, también, al menos en parte, un efecto colateral de las mejoras de las condiciones sanitarias en los países desarrollados. Y hay también otros factores ambientales que se han modificado: Hemos cambiado la flora intestinal y la microbiota que nos acompañan. Estamos expuestos a nuevos alérgenos, hay cambios dietéticos, de alguna manera, todo esto también puede haber contribuido. 

Prevención: por ahora, poco se puede hacer

¿Qué se puede hacer? Todavía no existe un protocolo de medidas concretas de prevención primaria. Se están realizando estudios acerca de la microbiota, y también de los mecanismos genéticos y epigenéticos implicados en el surgimiento de las alergias. Pero los resultados obtenidos hasta ahora no permiten todavía formular ninguna guía para procurar protegerse del surgimiento de eventuales alergias.

Sí existe, inmunoterapia específica que funciona como una cierta prevención secundaria, es decir, medidas para disminuir el número de sensibilizaciones en personas ya alérgicas: por ejemplo, para evitar que una rinitis alérgica progrese a un asma alérgica, o que un paciente alérgico a los pólenes pase a serlo también a los epitelios, a los hongos, a los ácaros, etc. Pero esas acciones se indican para cada paciente y cada alérgeno en particular, no se pueden generalizar.

Por eso, lo que hacen por ahora los especialistas es advertir de los peligros, en las épocas de mayor polinización y en otros momentos puntuales.

C.V.

¿Somos cada vez más alérgicos? Sí, definitivamente. Las enfermedades alérgicas han ido aumentando progresivamente a lo largo del siglo XX, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, y las que más crecieron fueron la rinitis y el asma. Actualmente, las que se han disparado en particular desde comienzos de este siglo, son las alergias a los alimentos.

Los casos de enfermedades alérgicas no solo son cada vez más en cantidad, sino que son cada vez más complejos desde el punto de vista alérgico. ¿Por qué? Pues porque cada vez un mismo paciente sufre más sensibilizaciones (es decir, los procesos a través de los cuales un paciente pasa de tolerar una sustancia a ser alérgico a ella) y a más alérgenos.