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La España resecada por el cambio climático arde con más violencia

Un camión de bomberos circula por una zona arrasada por las llamas en la población de El Pont de Vilomara, en la comarca del Bages

Raúl Rejón

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Ola de calor severo en España entre el 10 y el 18 de julio de 2022: más de 30 incendios simultáneos repartidos por toda la península ibérica: Galicia, Andalucía, Catalunya, Castilla y León, Extremadura, Andalucía... Miles de hectáreas calcinadas. Hay al menos dos muertos.

España, resecada por el calentamiento global, arde violentamente. Llamas “sin control” avanzaron en Las Hurdes, Monfragüe o El Bages. La alteración del clima por el efecto invernadero que generan las emisiones de gases ya empeoró la agresión de los incendios forestales.

“Hemos encontrado incrementos significativos en las condiciones meteorológicas propicias para los incendios en casi todas las regiones del mundo durante las últimas décadas debido al cambio climático”, concluye una reciente revisión de 8.800 estudios realizada por más de 15 científicos. “Hemos visto el correspondiente aumento de área quemada en algunas partes del planeta”.

España, incrustada en la región mediterránea, padece estas nuevas premisas climáticas. “Bajo estas condiciones meteorológicas tan extremas de calor, sequedad y, en algunos casos, más viento, es más fácil que los incendios que se producen sean más virulentos: más rápidos, más intensos y, por tanto, más peligrosos y difíciles de controlar”, analiza en SMC España Cristina Santín Nuño, una de las coautoras del estudio.

El círculo vicioso del cambio climático y los incendios forestales

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Las temporadas de alto

riesgo de incendios se

alargan cada vez más y

se registran grandes

incendios que emiten

CO2, al liberar gran

cantidad de

carbono

almacenado por

los árboles

durante décadas

o siglos.

El cambio climático favorece las condiciones para la propagación de grandes incendios: temperaturas más altas, olas de calor, sequedad y aridez

Los gases de

efecto invernadero

que se han

generado durante

los incendios

alimentan la crisis

climática que

favorece la

extensión del fuego.

CIUDAD DE MÉXICO

Las emisiones de

CO2 que provocan

los incendios crecen

al arder cada vez

más extensiones de

monte, durante más

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El círculo vicioso del cambio climático

y los incendios forestales

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El cambio climático favorece las condiciones para la propagación de grandes incendios: temperaturas más altas, olas de calor, sequedad y aridez

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Las temporadas de alto riesgo de incendios se alargan cada vez más y se registran grandes incendios que emiten CO2, al liberar gran cantidad de carbono almacenado por los árboles durante décadas o siglos.

Las emisiones de CO2 que provocan los incendios crecen al arder cada vez más extensiones de monte, durante más tiempo y más frecuentemente.

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Los gases de efecto invernadero que se han generado durante los incendios alimentan la crisis climática que favorece la extensión del fuego.

En los últimos cuarenta años, el riesgo meteorológico de fuego creció en todo el mundo. Las temporadas de incendios se alargan. De media global, entre 1980 y 2019, se prolongaron 27%, lo que suponen 14 días más. Pero en el Mediterráneo la situación es peor: el incremento llega al 54%. Se han añadido 29 días a la temporada de incendios. Todo un mes.

En este sentido, el incendio más grande padecido por Castilla y León, el de la sierra de la Culebra (Zamora) de junio pasado, prendió en una fecha que la normativa autonómica aún no considera época de máximo riesgo que comienza el 1 de julio.

En España, el promedio del índice que mide el riesgo meteorológico de fuego general (denominado FWI) creció un 23% entre la década de 1980 y la que concluyó en 2020, según el Programa Europeo de Adaptación al Cambio Climático que gestionan la Agencia Europea del Medio Ambiente y la Comisión.

No queda ahí la cosa. Si se habla de peligro extremo, el principalmente asociado a olas de calor –como las que atravesó estos días la península y ya había soportado a mediados de junio– el empeoramiento en la cuenca del mar Mediterráneo supera el 130% lo que supone que, actualmente, hay 29 días más cada curso con condiciones de riesgo extremo.



“Esto quiere decir que el cambio climático está facilitando que haya más incendios y más graves”, concluye Cristina Santín, que es investigadora en el Instituto mixto de investigación en biodiversidad Universidad de Oviedo-CSIC.

Lo que conlleva el cambio climático es temperaturas altas y escasas precipitaciones que influyen en la sequedad de las plantas. Y así se convierten en combustible para que, si salta la chispa, los bosques ardan virulentamente.

La mayoría son por causas humanas

Santín recuerda que “para que se produzca un incendio necesitamos tres ingredientes: algo que lo empiece, la fuente de ignición, vegetación que lo alimente y condiciones meteorológicas que hagan que esa vegetación esté suficientemente seca para que queme”.

En cuanto a las temperaturas, esta ola de calor mantuvo registros extraordinariamente altos durante ocho jornadas. Y, a partir de este lunes, aún se mantendrá calor intenso en puntos del país, añade la Aemet. A las temperaturas diurnas se le unieron mínimas en muchas ocasiones por encima de los 20ºC por las noches.

Esto quiere decir que el cambio climático está facilitando que haya más incendios y más graves

Carmen Santín, del Instituto mixto de investigación Universidad de Oviedo-Csic

Respecto a las lluvias, junio fue un mes “muy seco” con poco más de la mitad de las precipitaciones habituales, según la Aemet. Eso se encadenó a un mayo “extremadamente seco” en la península al quedarse las precipitaciones en el 35% de la media normal.

La ignición en España está provocada muy mayoritariamente por los humanos. La media de la década está en unos 11.600 siniestros al año y solo entre el 5%-6% son debidos a causas naturales, principalmente, la caída de rayos, según los informes del Ministerio de Transición Ecológica.

El resto son provocados por la acción humana. En torno al 75% de estos se inician por negligencias y el resto intencionadamente, según refleja la Memoria de la Fiscalía de Medio Ambiente. Entre las negligencias, la mayoría (un 58%) se producen al quemar restos agrícolas y forestales que escapan al control. Otro 15% de los incendios negligentes comienzan al manejar maquinaria cuando las condiciones son de riesgo.

Entre los fuegos intencionados, lo más habitual son las denominadas “prácticas tradicionales inadecuadas”. Es decir, prender el campo para crear pastos para la ganadería. Otro motivo es “causar daños a terceros”. En los últimos cinco años se contabilizó un 34% de los incendios intencionados debidos a personas con un trastorno de salud mental: pirómanos.

“El cambio climático impulsó esta ola de calor, al igual que lo hace ahora con todas las olas de calor”, afirma Friederike Otto, profesora de Ciencias del Clima en el Instituto Grantham del Imperial College de Londres y codirectora de World Weather Attribution. “Olas de calor que solían ser infrecuentes son ahora comunes; olas de calor que solían ser imposibles están ocurriendo ahora y matando gente”, concluye. Y son un ingrediente fundamental para la epidemia de incendios.

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