LOS EFECTOS DE LA CRISIS EN MEDIO ORIENTE

La guerra contra Irán empuja la economía global hacia el precipicio

Álvaro Celorio / Cristina G. Bolinches / Rodrigo Ponce de León / Yuly Jara

0

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, arrancó la semana advirtiendo que el conflicto regional en Oriente Medio desencadenado por los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán está lejos de ser una crisis más. La guerra ya ha provocado que el barril del petróleo supere los 100 dólares, sin contar los efectos del gas, la electricidad y el terremoto financiero en las principales plazas bursátiles del mundo. La economista búlgara fue clara en su conferencia en Tokio: “Piensen en lo impensable y prepárense para ello”.

El conflicto llega en el sexto aniversario de la paralización global a causa del COVID-19 y en el segundo año del segundo mandato de Donald Trump, un tiempo que ha sido suficiente para causar el caos mundial en dos ocasiones: primero con los aranceles y, ahora, con un ataque de consecuencias imprevisibles en una región clave para el suministro energético.

El precio del petróleo superó los 100 dólares esta semana por primera vez desde el estallido de la guerra de Ucrania, en 2022. Tanto el Brent, de referencia en Europa, como el estadounidense de Texas superaron esta barrera psicológica en respuesta al bloqueo del estrecho de Ormuz, una lengua de menos de 40 kilómetros de ancho por la que pasa el 20% de la energía del planeta.

“Un cierre definitivo del estrecho de Ormuz es como un arma de destrucción masiva socioeconómica a nivel mundial”, defendía esta semana el director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), Haizam Amirah Fernández, en una entrevista con elDiario.es. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el conflicto ya ha retirado 10 millones de barriles de petróleo diarios del mercado. 

Esto ha obligado a una liberación masiva de 400 millones de barriles de las reservas de la AIE, una cifra histórica –es el doble de lo que se acordó en respuesta a la invasión rusa– pero que, como apuntan desde Caixabank Research, apenas cubriría el flujo habitual de 20 o 25 días.

Una victoria para Putin

Si alguien ha salido beneficiado del ataque a Irán ha sido la Rusia de Vladímir Putin. A pesar de que Irán es uno de sus aliados más cercanos –pero Moscú no ha movido aún ficha en el conflicto–, Trump ordenó este jueves levantar las sanciones al crudo ruso en circulación para tratar de evitar mayores subidas de precios. Las registradas hasta ahora están afectando a los ciudadanos estadounidenses, que este año votarán en unas elecciones de medio mandato que son clave para el control férreo del magnate neoyorquino. 

La autorización es de apenas un mes y afectaría, según el portavoz económico del Kremlin, a unos 100 millones de barriles que se encuentran en alta mar, según recoge EFE. Pero, con la subida del precio del crudo ruso, aliviará en parte las cuentas públicas, diezmadas por cuatro años de guerra de desgaste en suelo ucraniano. En solo dos meses, el déficit público alcanzó los 3,45 millones de rublos (unos 37.600 millones de euros), la cuantía prevista para todo 2026.

Además de en las gasolineras de todo el globo –en Estados Unidos ya es un 20% más caro echar gasolina, en un país donde la gente conduce más que camina–, el subidón del petróleo se ha traducido en un terremoto en los mercados financieros. En dos semanas el Dow Jones de la bolsa estadounidense ha perdido un 4,5%. El Ibex, casi un 7%. Y las bolsas europeas, medidas por el índice Euro Stoxx 50, más de un 6%.

“El mercado interpretó la guerra de Ucrania como un problema europeo, pero ahora interpreta la guerra de Irán como un asunto global”, considera Miguel Sebastián, exministro de Industria (2008-2011) y profesor de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Complutense de Madrid. “Las bolsas europeas están cayendo más que la americana porque Europa es importadora de energía y es más vulnerable, pero ahora caen más a la par que en 2022, lo que indica que estamos ante una crisis más global”, apunta.

Por su parte, Calin Arcalean, profesor titular del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade, señala que, si bien “la economía mundial podría estar mejor preparada para enfrentarse a cuellos de botella en la oferta que hace cuatro años”, las respuestas de los mercados podrían estar justificadas por el mayor nivel de incertidumbre que entonces.

Europa teme la “estanflación”

En los pasillos de las instituciones europeas se insiste en el temor a que la guerra de Irán y su alcance regional se traduzca en “un fuerte shock estanflacionario” –inflación alta y bajo o nulo crecimiento–, que no solo afecte a los precios de la energía. Varios líderes de países europeos, incluidos los que han sido más condescendientes con los bombardeos de Estados Unidos e Israel, como el canciller alemán, Friedrich Merz, han pedido a Trump que termine ya con los ataques. El comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, señaló que si el conflicto se alarga varias semanas, con el bloqueo del Estrecho de Ormuz y más ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo, “podría acabar generando un fuerte shock estanflacionario para la economía mundial y europea, con precios de la energía más altos que alimentarían una inflación más amplia, efectos negativos sobre la confianza, interrupciones en las cadenas de suministro y condiciones de financiación más restrictivas”.

Hay pánico a que una extensión temporal del conflicto acabe por afectar a toda la cadena de valor de la economía. El presidente del Eurogrupo, el ministro griego de Economía Kyriakos Pierrakakis, elevó las posibles consecuencias de la crisis “más allá de los precios de la energía, también mediante otras variables: el coste de los fertilizantes, el tráfico aéreo e incluso el impacto indirecto de las condiciones de financiación”.

Este miedo se apoya en la pobre ejecución de la economía en los meses previos. Este viernes se han dado a conocer los datos de producción industrial de la zona euro que cayó un 1,5% en enero respecto al mes anterior, según Eurostat. Este dato refleja la debilidad de la industria europea a la que ya se enfrentaba antes de la actual crisis energética.

Según un informe de la consultora Oxford Economics, en el caso de que el barril de petróleo alcance un precio de 140 dólares y se mantenga en esos niveles durante dos meses, los efectos podrían traducirse en un recorte de 0,7 puntos de crecimiento global que, en el caso de la eurozona, podrían empujarla a una “ligera contracción”.

En la Comisión Europea hay preocupación por la evolución de los precios del petróleo y el gas, pero admiten a la vez que “estamos en una posición mucho mejor que en 2022”, tras el choque inflacionario que supuso la invasión de Ucrania por Rusia. De hecho, se ha anunciado que la institución prepara un paquete energético destinado a “reducir las facturas de electricidad de ciudadanos y empresas”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha llegado a poner sobre la mesa un tope al precio del gas. En su discurso en el Parlamento Europeo, Von der Leyen aseguró que “es crucial que se reduzca el impacto en los costos cuando el gas fija el precio de la electricidad. Estamos preparando diferentes opciones: un mejor uso de los acuerdos de compra de energía (Purchase Power Agreements) y contratos por diferencia, ayudas públicas estatales y explorar las subvenciones o el tope del precio del gas”. 

La presidenta de la Comisión Europea recupera una medida que impulsaron los Gobiernos de España y Portugal, la excepción ibérica, ante la crisis de precios energéticos de 2022. Aunque en aquel momento, tanto la Comisión como un grupo de países se posicionaron en contra, la intervención del mercado funcionó y ahora es una de las medidas que se vuelve a poner sobre la mesa.

La semana que viene se reúnen los líderes de los 27 países de la UE en una reunión en Bruselas donde podrían decidir y aprobar medidas para reducir el impacto del incremento del precio de los carburantes sobre los ciudadanos y las empresas. Bruselas se ha posicionado a favor de la propuesta del G7 de liberar las reservas mundiales de petróleo para reducir precios, pero se ha posicionado en contra de la medida propuesta por el Gobierno de Donald Trump de eliminar temporalmente las sanciones a la compra de petróleo ruso, ya que supone financiar la invasión rusa de Ucrania.

El BCE se debate entre la calma y la actuación temprana

Si hay un lugar en Europa donde se está calibrando al detalle el efecto en la economía de la situación bélica en Oriente Medio ese es Fráncfort. El Banco Central Europeo inició el año con la estabilidad por bandera, manteniendo los tipos de interés en la eurozona sin cambios en sus últimas cinco reuniones. Una sensación de continuidad que ha saltado por los aires, de forma similar a lo que está ocurriendo en Estados Unidos, con la Reserva Federal (FED en sus siglas en inglés); y con otros bancos centrales, que ante los visos de un aumento de la inflación están midiendo con mucho cuidado qué pasos van a dar con el precio del dinero. 

De momento, al menos en lo que se refiere al BCE, se reunirá esta semana con llamadas a no perder la calma. Una de ellas, la del gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá que ve “muy improbable” un cambio en los tipos. “Tiendo a pensar que hay que esperar”, apuntó en declaraciones a TV3 para ver “el potencial” de este escenario bélico de “impactar negativamente sobre la economía mundial” que “dependerá de lo que se prolongue en el tiempo”.

También Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, ha instado a “mantener la calma dada la excepcionalidad de la incertidumbre” y a no “sobrerreaccionar” con un movimiento en los tipos de interés que pueda lastrar el crecimiento en un momento de tanta incertidumbre. “Predecir la inflación es ahora más complicado de lo habitual, dada la fuerte fluctuación de los precios de la energía durante la guerra en Irán, y la volatilidad del mercado puede amplificar los efectos económicos”, justificó De Guindos durante un encuentro en Madrid del sector financiero. 

Desde Alemania, el presidente del Bundesbank y miembro del consejo de Gobierno del BCE, Joachim Nagel, ha dejado claro que si hay impacto en la economía, Fráncfort reaccionará más pronto que tarde. “Debemos mantenernos muy vigilantes”, ha asegurado Nagel a Reuters. “Si se hace evidente que el actual aumento de los precios de la energía se traducirá en una inflación generalizada de los precios al consumidor a medio plazo, el Consejo de Gobierno del BCE actuará con decisión y prontitud”.

En el siguiente gráfico se ve la evolución de los tipos de interés en la eurozona.

De momento, lo que se empieza a constatar, tanto en Europa como en EEUU es que las hipotecas a tipo de interés variable ya están moviéndose. Por ejemplo, en España, el Euribor a 12 meses ha llegado esta semana a superar el 2,55%, según los datos que publica el Banco de España. También en EEUU hay tensiones al alza, porque este jueves la tasa promedio para una hipoteca a 30 años se ha situado por encima del 6,1%, registrando su mayor subida en un año –más de 10 puntos básicos– según los datos que publica el gestor de hipotecas Freddie Mac, que tuvo que ser rescatado por Washington en la anterior crisis financiera. 

Tras el impacto de sus decisiones militares en la economía real, Donald Trump ha lanzado un nuevo dardo al presidente de la FED para que baje los tipos. “¿Dónde está Jerome 'demasiado lento' Powell? Debe bajar los tipos de interés inmediatamente sin esperar a la siguiente reunión”, reclamó el presidente estadounidense en su red social. La FED también tiene previsto reunirse esta próxima semana, pero el mercado no espera un movimiento a la baja y menos que sea tan inmediato como reclama Trump que, de nuevo, no ha guardado las distancias con la FED, considerada un organismo de política monetaria independiente del poder político.

El campo tiene un problema con los fertilizantes

El encarecimiento del petróleo y del gas tiene otra derivada que, a día de hoy, parece bastante obvia: el precio de los alimentos va a subir. Lo hará por el efecto dominó de un gas que es más caro y de un estrecho de Ormuz bloqueado que también es paso imprescindible para materias primas esenciales en la producción de los fertilizantes, como es el caso de la urea. 

A escala global, en las últimas jornadas ya se ha visto un aumento de los precios de elementos esenciales, como los cereales, que cotizan en mercados estadounidenses. En ese mismo país, el Council on Foreign Relations, uno de los principales 'lobbies' sobre relaciones internacionales publicó este viernes un análisis donde recoge que “aproximadamente una cuarta parte de la producción mundial de fertilizantes transita por el estrecho de Ormuz” y eso puede desencadenar un efecto arrastre. 

“Los fertilizantes representan hasta el 25% del coste de producción de productos agrícolas, y la guerra pone en riesgo la continuidad de un tercio de su comercio mundial”, explica el citado análisis. “El envío de gas natural ha disminuido drásticamente” en las últimas jornadas, “lo que afecta a la materia prima para los fertilizantes nitrogenados. Al mismo tiempo, Bahréin, Omán, Catar y Arabia Saudí, países afectados por el conflicto, son exportadores clave de fertilizantes como la urea, el fosfato diamónico (DAP) y el amoníaco”.

Centrando el foco en España, el problema a día de hoy –para las organizaciones agrarias consultadas por elDiario.es y, también, para fuentes del sector empresarial– es que el precio que se está repercutiendo al sector primario en los últimos días corresponde a materias primas que ya estaban en España cuando se produjo el ataque a Irán, lo que lleva a pensar en la especulación con este tipo de materiales esenciales para la producción de alimentos. Y si los precios en origen suben, lo acaban haciendo en la distribución. De hecho, esta semana, el presidente y fundador de la mayor cadena de supermercados, Mercadona, Juan Roig, reconoció que si su factura sube, la que pagan sus clientes también lo hará.

Un escudo social enfrentado a las reglas fiscales

Roig, de hecho, puso encima de la mesa la posibilidad de aplicar una rebaja general del IVA de los alimentos al 0%, similar a lo que se hizo en 2023, para aliviar la carga que supondrá a las familias. En el Gobierno lo rechazan. También los sindicatos. Una medida así es efectiva, ya que es inmediata y llega a toda la población, pero regresiva, en tanto que las personas con mayor capacidad de consumo son las más beneficiadas y, a la vez, resta recursos al Estado con los que financiar las políticas sociales.

El Gobierno apuesta ahora por medidas fiscales más enfocadas a los sectores afectados, fundamentalmente el campo y el transporte por carretera, y también en el ámbito energético, ya que es pronto para hablar aún de efectos de segunda. Ni se sabe cuánto puede durar el conflicto –los mensajes desde la Casa Blanca son confusos–, ni hay datos que cuantifiquen el impacto: los últimos datos oficiales de inflación son de febrero. Sí hay cifras de los surtidores: repostar este fin de semana es un 26,5% más caro en el caso del diésel y un 14,2%, en el de la gasolina.

La razón no es solo que el conflicto, de momento, no haya alcanzado la magnitud ni los precios de 2022, sino que, a diferencia de entonces, las reglas fiscales de Bruselas ahora están en vigor. Y este corsé está limitando mucho el margen de maniobra de los países. “La responsabilidad tiene que ver también con que hay que calibrar bien las medidas que se pongan encima de la mesa, también en base al coste fiscal que van a tener, sobre todo para darnos margen hacia delante de seguir respondiendo de manera proporcional a los desarrollos de este shock”, dijo el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, tras reunirse con los agentes sociales para valorar un primer paquete de respuesta.

Según Oxford Economics, los gobiernos europeos destinaron 600.000 millones de euros entre 2021 y 2022 para aliviar los efectos de la crisis energética. Solo en España, fueron 45.000 millones, de acuerdo con datos de La Moncloa. “Los Ejecutivos europeos están reaccionando con mucha mayor rapidez a la escalada de los precios energéticos que en crisis anteriores. Pero, a menos que los precios sigan altos por mucho más tiempo, la escala de esta intervención será probablemente muy modesta en comparación”, señalan los analistas.

¿Cuánto durará el conflicto? Es la pregunta clave para cualquier análisis. Lo “impensable”, según Georgieva, tendrá un efecto sobre el crecimiento mundial que no medirán hasta mediados de abril, cuando el FMI actualice sus previsiones económicas. En su anterior informe, anticipaban una caída del precio del petróleo del 8,7% para este año. El Gobierno de España manejaba un escenario de 68 dólares el barril. La última proyección de Funcas, el ‘think-tank’ de las antiguas cajas de ahorros, apunta a una inflación por encima del 3% durante todo el año. La única certeza es que cada misil en Oriente Medio es otro mordisco en el bolsillo.