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Cómo silenció Rusia a los opositores de Putin: crónica de 20 años sin piedad

Un retrato del jefe del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, en un altar en su memoria en Moscú.

Pjotr Sauer

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La forma de los ataques no fue siempre la misma. Desde ropa interior impregnada con el agente nervioso novichok hasta té mezclado con polonio, pasando por asesinatos más evidentes a tiros. Lo frecuente durante los 23 años que Vladímir Putin lleva en el poder fue el trato despiadado contra los críticos del Kremlin, periodistas y espías desertores por oponerse a su gobierno.

El siniestro del jet privado en el que el líder del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, viajaba dos meses después de liderar una rebelión contra la cúpula del Ejército ruso parece haber añadido un nuevo método al amplio menú de asesinatos del Kremlin.

El Kremlin insistió en que relacionarlo con el avión estrellado es “una mentira absoluta”, pero la larga enemistad de Prigozhin con el Ejército y su motín armado de junio son un motivo de venganza suficiente.

La muerte de Prigozhin junto a la de Dmitry Utkin -descripto como fundador o cofundador de Wagner-, y de otros miembros del grupo mercenario que iban a bordo siguen también el patrón de actuación del Estado ruso contra sus críticos, entre ellos periodistas, activistas de derechos humanos y antiguos aliados que un día se apartaron.

A continuación, algunos de los casos más conocidos de asesinatos, o intentos de asesinato, documentados.

Envenenamientos

Los servicios de espionaje de Rusia hicieron del envenenamiento político una especie de arte. Se dice que los científicos soviéticos trabajaron durante décadas en el desarrollo de venenos incoloros e inodoros. Según una entrevista de 1954 a un agente del KGB, los venenos se probaban con prisioneros vivos.

El envenenamiento parece una forma arcaica de matar, pero los analistas argumentan que tiene la ventaja de ser un método discreto para terminar con la vida de alguien: puede llevarse a cabo sin ser detectado de inmediato, dándole tiempo al autor para huir de la escena del crimen y ofreciendo al Kremlin la posibilidad de negarlo.

Los dos envenenamientos más estrechamente relacionados con Putin se produjeron en Reino Unido.

Los siniestros métodos de Rusia llamaron por primera vez la atención del mundo en 2006 durante el caso de Alexander Litvinenko, un opositor de Putin que murió envenenado con polonio 210 en Londres. Poco antes de morir, Litvinenko dijo a la prensa que el servicio de espionaje ruso FSB seguía utilizando los laboratorios de veneno de la época soviética. Según la conclusión de una investigación posterior llevada a cabo por Reino Unido, el asesinato de Litvinenko fue ejecutado por agentes rusos, probablemente con la aprobación de Putin.

Más de diez años después, Sergei Skripal, exespía ruso devenido en agente doble de Reino Unido, sobrevivió a un envenenamiento con el agente nervioso novichok en Salisbury. Novichok significa en ruso “recién llegado” y forma parte de una categoría de agentes nerviosos que la Unión Soviética desarrolló en los años 70 y 80 para eludir las restricciones internacionales sobre armas químicas.

El intento de asesinato de Skripal se saldó con la muerte de Dawn Sturgess, una residente de Salisbury que sin darse cuenta se roció novichok en las muñecas. Poco después, Putin dijo que Skripal era un “traidor” y “escoria”. No había pasado mucho tiempo cuando el presidente de Rusia sostuvo durante entrevista que podía perdonarlo todo salvo la “traición”.

Moscú también tiene un largo historial de persecución a miembros de la oposición política.

El líder opositor Alexéi Navalni, ahora encarcelado, cayó enfermo durante un vuelo de Siberia a Moscú en agosto de 2020. Fue trasladado a Alemania, donde los médicos determinaron que había sido envenenado con novichok.

Una investigación del medio Bellingcat identificó al menos a ocho agentes del FSB que supuestamente estuvieron detrás del envenenamiento de Navalni. Uno de los agentes presuntamente implicados confesó posteriormente su papel en el complot durante una llamada telefónica con el líder opositor.

Al parecer, los servicios de espionaje de Rusia también han envenenado a rusos menos conocidos, como el escritor Dmitri Bykov y Piotr Verzilov, portavoz no oficial del colectivo artístico punk Pussy Riot, que tras caer enfermo tuvo que ser evacuado a Alemania para recibir tratamiento.

Hay indicios de que Rusia ha seguido con estas prácticas después de que las tropas de Putin invadieran Ucrania. Recientemente, un reportaje de investigación del medio independiente The Insider reveló que tres periodistas rusos conocidos por sus posturas contrarias al Kremlin podrían haber sido envenenados en el extranjero, en países que incluían Alemania y Georgia.

Asesinatos a tiros

El veneno se ha convertido en el arma preferida en la Rusia de Putin, pero varios críticos del Kremlin han sido asesinados a tiros a lo largo de los años.

En 2006, la periodista del Novaya Gazeta Anna Politkovskaya, que escribía sobre violaciones de derechos humanos en Rusia, fue asesinada en la puerta de su apartamento en Moscú cuando volvía del supermercado. Era el 54º cumpleaños de Putin y Politkovskaya tenía 48 años. 

Cinco hombres y un expolicía fueron condenados por el asesinato, pero según personas cercanas a Politkovskaya, los asesinos solo eran pistoleros a sueldo cumpliendo órdenes ajenas.

El asesinato sin duda más descarado de todos fue el del conocido líder opositor Boris Nemtsov. En 2015 recibió cuatro disparos por la espalda a pocos metros del Kremlin, en el centro de Moscú. Según una investigación conjunta de periodistas de The Insider, la BBC y Bellingcat, agentes del FSB llevaban casi un año siguiendo a Nemtsov antes de su muerte en un puente.

La mayoría de los asesinatos políticos se han producido en suelo ruso, pero Moscú también ha sido acusada de disparar a sus críticos en el extranjero. 

Uno de los casos más conocidos es el del ciudadano georgiano Zelimkhan Khangoshvili que, a principios de los 2000, luchó contra Rusia durante la segunda guerra de Chechenia. En el verano de 2019 recibió dos tiros a quemarropa en la cabeza cuando estaba en el Kleiner Tiergarten, un parque del centro de Berlín. 

Un juez alemán condenó a cadena perpetua a Vadim Krasikov, presunto agente del FSB, por un asesinato que calificó de “minuciosamente planificado”, afirmando que los servicios rusos de espionaje habían dado a Krasikov una identidad falsa, un pasaporte falso y los recursos necesarios para ejecutar el asesinato.

Krasikov sigue siendo el único presunto agente del FSB detenido y condenado por asesinato el extranjero. Al parecer, Moscú ha intentado hacerle formar parte de un programa de intercambio de prisioneros con Occidente.

Muertes sin explicación

También hay informaciones de destacados directivos rusos fallecidos en circunstancias misteriosas, entre las que figuran aparentes suicidios o caídas desde grandes alturas.

En 2013, Boris Berezovsky fue encontrado aparentemente ahorcado en el baño de su casa de Ascot. Exmiembro del Kremlin devenido en crítico del Gobierno de Putin, Berezovski se había autoexiliado en Reino Unido a principios de los 2000.

Las investigaciones y pesquisas públicas sobre su muerte no pudieron establecer de forma concluyente otra explicación en una causa oficialmente tipificada como de suicidio, pero un forense alemán contratado por familiares del empresario concluyó, después de examinar las fotos de la autopsia, que Berezovsky no se había suicidado.

Muchos socios de Berezovsky también han muerto en circunstancias misteriosas. Entre ellos, el oligarca georgiano Badri Patarkatsishvili. Sus socios Nikolai Glushkov y Yuri Golubev (fundador de la petrolera Yukos) también aparecieron muertos en Londres.

En 2015, el exmiembro del Kremlin y fundador de la cadena rusa de televisión en inglés RT (antigua Russia Today) Mikhail Lesin, fue hallado muerto en una habitación de hotel en Washington DC, donde había acudido para participar de una cena de recaudación de fondos. 

Tras ser una pieza clave en el ascenso de Putin al poder, Lesin fue destituido sorprendentemente de su cargo dentro del influyente aparato mediático del Kremlin. Tras una larga investigación, la autopsia de Estados Unidos concluyó que había muerto debido a “heridas con objeto contundente” y no por un ataque al corazón, como informaron los medios estatales rusos.

Un misterio que probablemente no se resolverá nunca es el de la muerte de Kirill Stremousov, vicegobernador colocado por Rusia en la provincia ucraniana de Jersón. Según las autoridades rusas, murió en un accidente de coche en otoño de 2022, el día en que las fuerzas ucranianas liberaron la ciudad de Jersón.

Conocido por sus violentas declaraciones en redes sociales y su defensa de la ocupación rusa en Ucrania, Stremousov había sugerido en uno de sus vídeos diarios que el ministro de Defensa de Rusia y amigo íntimo de Putin, Serguéi Shoigú, tenía que pegarse un tiro. Hubo quien atribuyó rápidamente su muerte poco clara a los servicios rusos de espionaje, para deshacerse de un bocazas incómodo que había dejado de ser útil a las autoridades.

Traducción de Francisco de Zárate.

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