ANÁLISIS

La variante Delta podría ganarle la carrera a las vacunas

Sídney, la capital de Australia, se cierra por completo para combatir un brote asociado a la variante Delta.

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El avance de la variante Delta, que se expande con velocidad por todo el mundo, es un indicio de que la carrera entre la vacunación y el virus podría resultar victoriosa para este último, a menos de que los países aceleren sus campañas de inmunización y actúen con cautela, dicen los científicos.

La variante Delta, detectada por primera vez en India, ha sido identificada en al menos 92 países y es considerada la mutación “más apta” del virus que causa el COVID-19, debido a su mayor capacidad para atacar a los más vulnerables, sobre todo en países con bajas tasas de vacunación.

Una investigación llevada a cabo en Reino Unido, donde la variante representa el 99% de los nuevos casos de COVID-19, sugiere que esta es alrededor de un 60% más contagiosa que la variante Alfa, que solía ser la predominante en aquel país. Asimismo, se la vincula con un mayor riesgo de hospitalización y cierta resistencia a las vacunas, en especial si se cuenta con una sola dosis.

“Este es el problema con dejar que todo recaiga en las vacunas hasta obtener algo cercano a la inmunidad de rebaño… Se necesita una cobertura vacunal mucho más alta para proteger contra una variante que es más transmisible”, dice el doctor Stephen Griffin, virólogo y profesor asociado de la Universidad de Leeds.

“Esto indica que debemos procurar mantener un número bajo de casos al mismo tiempo que avanzamos con la vacunación”.

El llamado a la precaución coincide con una investigación en Australia que indica cuán fácilmente se trasmite la variante Delta. Tras analizar grabaciones obtenidas en un circuito cerrado de televisión, las autoridades sanitarias creen que, al menos en dos instancias, el contagio se produjo en encuentros “espantosamente fugaces”, de alrededor de cinco a diez segundos de duración, entre personas que pasaron caminando una junto a la otra en un centro comercial a puertas cerradas en Sídney.

Para aquel entonces, el uso de mascarilla no era obligatorio en Sídney, y era poco probable que estas personas estuvieran vacunadas, ya que menos del 5% de la población australiana ha recibido las dos dosis. El domingo la ciudad y algunas áreas circundantes ingresaron a un confinamiento estricto de dos semanas con el fin de contener el avance de la variante Delta.

Es evidente que esta mutación se transmite con mayor facilidad, pero los científicos aún no concluyen por qué. La profesora Catherine Noakes, miembro del Scientific Advisory Group for Emergencies (SAGE) y experta en contagios por aerosoles de la Universidad de Leeds, sugiere tres razones posibles: que las personas infectadas tengan una mayor carga viral, lo que supone una mayor emisión de partículas; que una cantidad menor de virus pueda provocar la transmisión; y que un tiempo de exposición relativamente corto baste para que se produzca el contagio.

Es posible que una persona se contagie por estar cerca de un caso positivo durante unos pocos segundos, si el positivo exhalara una cantidad de partículas del virus y la persona a su lado respirara justo en el momento equivocado, dice Noakes.

“Eso no significa que se transmita de esa manera en todas las ocasiones ni para todo el mundo. Simplemente puede tratarse de uno de esos eventos desafortunados”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) pide que incluso las personas que completaron su pauta de vacunación “mantengan los cuidados”, continuando con el uso de mascarillas, manteniendo la distancia social y adoptando otras medidas de seguridad, para así poder lidiar con la variante Delta.

Israel, que ha vacunado por completo al 55% de su población, reimpuso el uso obligatorio de mascarillas en público tan solo diez días después de haberlo retirado, con el objetivo de combatir el veloz aumento de los casos vinculados a la nueva variante. Los contagios se cuadruplicaron durante la última semana. Este incremento se atribuye a dos brotes en escuelas. A partir del mes pasado, los menores de 12 a 15 años pueden vacunarse, pero la tasa de vacunación en este grupo etario permanece baja.

El aumento de casos en Israel aún no resulta en un aumento en el número de hospitalizaciones ni de muertes, por lo que la medida es más bien preventiva, dice Noakes.

“El virus está circulando, de manera que incluso sin una cifra alta de muertes, sigue causando muchos problemas: las personas tienen que guardar aislamiento, otras se contagian y algunas atraviesan un largo período con COVID-19”.

Stephen Griffin dice: “Lo ideal es alcanzar una tasa de vacunación lo suficientemente alta antes del ingreso de las nuevas variantes, porque eso significa que, aunque haya un brote, las personas susceptibles a enfermarse son tan pocas que la tasa de reproducción o número R jamás es mayor que 1, por lo que los casos no aumentarían más allá de ese número inicial de contagios”.

“El problema es que aún no hemos alcanzado ese nivel de protección, por lo que si los contagios y los casos aumentan, habrá muchas personas susceptibles al virus”.

“Esto implica que tenemos que duplicar las precauciones. No tiene sentido hacer las cosas a medias. Las campañas de vacunación no pueden ignorar a los niños. Si lo hacemos, las nuevas variantes aparecerán en forma cíclica”.

Traducción de Julián Cnochaert

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