Análisis

Trump impone un alto el fuego en Líbano entre dudas de que Israel lo cumpla

Francesca Cicardi

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Casi 2.200 muertos después, un alto el fuego entra en vigor en Líbano tras días de intensos contactos entre el Gobierno de Beirut, Israel y Estados Unidos, y después de la negativa de Benjamín Netanyahu a cesar el fuego en el país árabe la semana pasada, al mismo tiempo que detuvo los bombardeos contra Irán.

El alto el fuego fue anunciado por el presidente de EEUU, Donald Trump, en su red Truth Social en la tarde del jueves, tras la confusión generada por el propio Trump sobre una hipotética conversación entre los líderes de Israel y Líbano, que no llegó a producirse. El mandatario habló con el presidente libanés, Josep Aoun, por un lado, y con el primer ministro Benjamín Netanyahu, por otro, y afirmó que ambos acordaron un cese de las hostilidades de 10 días “para alcanzar la paz entre los dos países”.

Aoun habló unas horas antes con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a quien le trasladó su negativa a mantener un contacto directo con Netanyahu, que hasta el miércoles por la noche insistía en continuar con la ofensiva en Líbano que dio comienzo el pasado 2 de marzo, dos días después del inicio de la guerra conjunta con EE.UU. en Irán. Aoun agradeció al jefe de la diplomacia estadounidense “los esfuerzos que Washington está llevando a cabo para lograr un alto el fuego”, según un comunicado de la Presidencia libanesa. Esos esfuerzos se concretaron en la primera reunión en décadas entre representantes de Líbano e Israel, que tuvo lugar en Washington el pasado lunes.

En una publicación posterior en Truth Social, Trump dijo que invitará al primer ministro israelí y al presidente libanés a la Casa Blanca para lo que describió como “las primeras conversaciones de paz significativas” entre sus países desde 1983. Con su habitual imprecisión, aseguró que podría recibirlos en la Casa Blanca en los “próximos 4 ó 5 días”. 

Preguntado por qué esta iniciativa se diferenciará de otros esfuerzos de paz entre Israel y Líbano, Trump respondió a los periodistas: “Yo. Yo soy la diferencia”.

“Es posible que Netanyahu solicitara la cumbre como condición para un alto el fuego; o que Trump, buscando una victoria rápida, la anunciara sin tener en cuenta la ideología política de Aoun”, dijo Aaron David Miller, exasesor de EE.UU. en negociaciones palestino-israelíes. A su juicio, la tregua es “otro ejemplo del significativo poder de influencia que Trump ejerce sobre Netanyahu”. “Israel pudo haber sido crucial para el momento en que comenzó la guerra con Irán; no será determinante para el momento en que termine”, sentenció.

En la misma línea, Shaiel Ben Ephraim, exdiplomático israelí, sostiene que el alto el fuego “ha sido impuesto a Israel y parece haber sido un dictado”. Medios israelíes recogieron que en el país reina el enfado después de que Trump hiciera el anuncio antes de que el alto el fuego pudiera ser aprobado por el gabinete de seguridad (que reúne a los ministros y altos cargos de defensa del país). Según el diario Haaretz, Netanyahu ni siquiera pidió el visto bueno del gabinete al alto el fuego, como en otras ocasiones, sino que lo presentó como un hecho consumado.

En los contactos a tres bandas de los últimos días no estuvo involucrado el grupo chií Hezbolá, con el que estuvo enfrentándose el Ejército israelí en el sur de Líbano y contra el que aseguró dirigir buena parte de sus bombardeos –en los que mató en total unas 2.200 personas, incluidos más de 160 niños y niñas–.

El presidente estadounidense aseguró que la tregua incluye a la milicia libanesa. En sus primeras declaraciones, el grupo chií dijo que cualquier alto el fuego no debe permitir la libertad de movimiento de Israel dentro de Líbano, mientras señala que la presencia de tropas israelíes en el país árabe le otorgaría “el derecho a resistir”. Nabih Berri, aliado de Hezbolá y presidente del Parlamento libanés, instó a los libaneses a “posponer su regreso a sus pueblos y aldeas hasta que la situación se aclare, de conformidad con el acuerdo de alto el fuego”.

Más de un millón de personas se vieron forzadas desplazarse –lo que representa aproximadamente una quinta parte de la población libanesa– debido a los ataques e incursiones israelíes, que el Gobierno de Netanyahu justificó por el lanzamiento de cohetes de la milicia libanesa, cuyo impacto en territorio israelí es limitado. Los incesantes bombardeos, muchos de los cuales se han producido sin previo aviso y sin dar tiempo a las familias a huir, también obligaron a abandonar sus hogares a casi 400.000 niños y niñas.

Netanyahu no retirará sus tropas

Las fuerzas israelíes volvieron a invadir el sur de Líbano después de que la milicia se uniera a la guerra contra Irán lanzando misiles y destruyó aldeas en la zona citando el modelo de Gaza. Los dirigentes políticos y militares israelíes afirmaron reiteradamente que las tropas permanecerán en Líbano y establecerán una “zona de seguridad” en el sur del país, junto a la frontera del Estado hebreo. Este jueves, Netanyahu afirmó que durante los días que dure la tregua las tropas permanecerán en esa “zona de seguridad” de 10 kilómetros en el sur de Líbano, lo cual puede suponer un obstáculo para que avancen las negociaciones para un acuerdo a largo plazo con el país árabe.

Trump aspira a un acuerdo de paz entre Israel y Líbano, lo cual implicaría el reconocimiento del Estado hebreo por parte de Beirut y el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, después de décadas de enfrentamiento, en las que Israel invadió su vecino en varias ocasiones.

Aoun dijo el jueves, antes de la llamada con Trump, que “la retirada de las fuerzas israelíes del territorio libanés es un paso fundamental para consolidar el alto el fuego y permitir el despliegue del ejército de Líbano hasta las fronteras internacionales”. El presidente se refiere a la llamada Línea Azul, trazada por la ONU en el año 2000, cuando Israel se retiró del sur de Líbano, y aceptada por las dos partes en aquel momento, pero cuestionada en los años posteriores por Israel.

Algunos ministros del Gobierno ultraderechista de Netanyahu señalaron que la frontera debe situarse en el río Litani, una barrera natural que discurre de forma casi paralela a la Línea Azul, pero unos 30 kilómetros al norte de esta. Desde el comienzo de su ofensiva, el Ejército israelí ordenó el desplazamiento de los residentes de las áreas al sur del Litani e, incluso, del río Zahrani, situado unos 10 kilómetros más al norte.

Algunas de estas órdenes causan preocupación por la posibilidad de que estén destinadas a desplazar por la fuerza a la población civil, lo cual está prohibido por el derecho internacional humanitario. “La emisión de órdenes de evacuación generalizadas, junto con la destrucción de viviendas urbanas y rurales a las que las personas desplazadas habrían regresado, coincide con el patrón de homicidios perpetrados durante el genocidio en Gaza”, advirtieron varios expertos de la ONU en un comunicado el miércoles. “La destrucción deliberada de hogares es un arma de guerra y una forma de castigo colectivo, especialmente en las zonas chiítas del sur rural del país. Además, apunta a una limpieza étnica”.

Netanyahu también dijo que uno de los requisitos fundamentales para un acuerdo con Líbano es el desmantelamiento del grupo chií Hezbolá. Israel lleva tiempo exigiendo al Gobierno de Beirut que desarme la milicia chií y desmilitarice la zona sur del país, pero el frágil Estado libanés y el débil Ejército no logró hacerlo hasta el momento, a pesar de haber aprobado un plan para ello en septiembre de 2025.

Una compleja desescalada regional

Los mediadores paquistaníes insistieron en que Líbano debía estar incluido en el alto el fuego entre EE.UU. e Irán para una desescalada amplia en todo Medio Oriente. Pakistán reconoció la importancia de una tregua en Líbano, al considerar fundamental este escenario del conflicto regional en el que todos los actores están interconectados. La confusión sobre los términos del alto el fuego fue constante, con Israel negándose a cesar los combates.

En el marco de las negociaciones con EE.UU., Irán presionó para que Líbano estuviera sobre la mesa, a pesar de que Israel no participó en ningún momento en las conversaciones. Sin embargo, el Estado libanés trató de distanciarse de Teherán, padrino de Hezbolá y con un largo historial de injerencias en los asuntos internos de Líbano. El presidente Aoun reiteró en los pasados días que sólo las autoridades de Beirut pueden negociar en nombre del país.

Algunos analistas ven en el anuncio de Trump un esfuerzo más amplio por alcanzar un acuerdo de alto el fuego con Irán y creen que podría mejorar las perspectivas de un futuro entendimiento con Teherán, que probablemente lo presentará como un éxito para su propia estrategia.

Una vez anunciada la tregua, existen dudas de su cumplimiento debido a los precedentes. Israel ya había lanzado otra ofensiva contra Líbano en 2024, al mismo tiempo que perpetraba el genocidio contra los palestinos en Gaza, y después de un alto el fuego con Hezbolá en noviembre de 2024, las tropas hebreas permanecieron en cinco puntos del territorio libanés y violaron de forma constante el acuerdo, hasta el nuevo estallido de las hostilidades este mes de marzo.

Max Rodenbeck, director del programa de Israel-Palestina del centro de análisis International Crisis Group, explicó en un seminario online antes del anuncio del alto el fuego que “Israel y su ejército van a seguir actuando para eliminar las amenazas que ellos perciben como tales”, en Líbano o en otros países de la zona. El experto señaló que el significado de alto el fuego para Israel no es igual que para otros: “Significa tú cesas [el fuego] y yo disparo, un poco menos, pero sigo disparando”. Por tanto, anticipó que “la probabilidad de que un alto el fuego aguante y sea efectivo es muy reducida”.