Entrevista Física y ecofeminista

Vandana Shiva: “Debemos evitar que las empresas contaminantes estén al mando de la lucha contra el cambio climático”

La activista ecofeminista Vandana Shiva

Maialen Ferreira

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Vandana Shiva viste un sari rojo y dorado que se ha tejido con sus propias manos. Cuando deje de usarlo, lo utilizará a modo de toldo para refugiarse del sol. Cuando se desgaste, hará con él trapos para limpiar el suelo. Y, cuando ya no le valga ni para eso, hará compost con él. Y así, con todo lo demás. Shiva sabe que el consumismo derivado de la globalización está acabando con el planeta y, por ello, plantea alternativas reales. No queda mucho tiempo, “hay que parar la globalización ya”, sostiene durante la entrevista con elDiario.es en Vitoria antes de que el Gobierno vasco le hiciera entrega del premio Ignacio Ellacuría por ser un referente mundial en el movimiento ecofeminista internacional y en la lucha por preservar la biodiversidad y construir alternativas agrícolas sostenibles frente a la crisis climática.

Además de ser activista ecofeminista, Shiva es física, filósofa y escritora. Entre los muchos premios que ha recibido a lo largo de su carrera se encuentra el Premio al Sustento Bien Ganado, llamado también Premio Nobel Alternativo (en inglés Right Livelihood Award). Según destaca, uno de los desafíos que tiene la humanidad actualmente es evitar que las empresas contaminantes controlen las estrategias y políticas contra el cambio climático. “Las empresas contaminantes deberían estar cumpliendo tratados y no dando las soluciones contra el cambio climático. Son ellos quienes fijan las condiciones ahora y están pensando solo en sus beneficios. Están secuestrando la naturaleza en nombre de la protección del planeta. Coca-Cola era uno de los patrocinadores de la Cumbre del Clima, 700 lobbies de la industria de los combustibles fósiles estaban ahí, esos son indicadores de que las empresas contaminantes no tienen vergüenza y están al mando de la lucha contra el cambio climático”, lamenta la activista.

¿Qué supone para usted recibir el premio Ignacio Ellacuría de Cooperación para el Desarrollo?

Para mí es un honor porque Ignacio Ellacuría dio su vida por la justicia y la solidaridad y luchó contra la violencia. Recibo este premio con humildad y espero que me fortalezca y me dé valentía.

Usted es un referente del ecofeminismo. Ya hablaba sobre ese concepto hace 30 años, cuando publicó el libro 'Ecofeminismo' en 1993. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Yo creo que la evolución se ve en que cada vez hay más personas que se dan cuenta de que hay distintas formas de violencia contra la tierra, las mujeres, los niños y contra los seres humanos en general. Nos damos cuenta de que eso está arraigado en la convergencia entre el capitalismo como una economía de avaricia y el patriarcado como una estructura de dominación. Cuando esos dos elementos se juntan, se crea el colonialismo, el racismo y el sexismo. Esencialmente reducen el mundo a un mundo de propiedad y mercancías. Por lo que la relevancia del ecofeminismo a día de hoy es todavía mayor que hace décadas, cuando yo me uní a este movimiento para proteger los bosques y las selvas.

Tendremos una vida mejor cuando consumamos menos porque comprar no da un sentido a nuestras vidas, a la larga no nos da satisfacción

Antes la amenaza estaba en la selva y en aquellas industrias que querían saquearla para sus propios beneficios, pero ahora está en todos nosotros porque a todos nos atañe el colonialismo. El ecofeminismo significa que la tierra y las mujeres no son elementos pasivos, sino que somos la base de la producción del mundo entero y que todos los seres humanos tienen el derecho a ser libres. El ecofeminismo hoy en día no se trata solamente de las mujeres, se trata de todos los seres humanos que no quieren dañar a otros seres humanos y tampoco quieren sufrir daños.

La sociedad es más consciente de la importancia de un mundo más ecológico, ¿pero está dispuesta a dejar a un lado sus privilegios para lograrlo?

Hay un sistema industrial violento que lo único que nos ofrece es mejorar el confort del mundo en el que vivimos, pero fracasa en ello. Se supone que tenemos que cambiar la tierra y los productos que cultivan los agricultores por comida basura y, luego, contraemos enfermedades como la diabetes al consumir esa comida. Entonces, está claro que eso no nos da confort. Yo creo que ha llegado el momento de compartir las ideas sobre qué es una buena vida. Una buena vida no tiene nada que ver con las corporaciones que nos reducen a consumidores y terminamos pensando solamente en comprar porque creemos que así tendremos una vida mejor. Tendremos una vida mejor cuando consumamos menos, cuando nos demos cuenta de que formamos parte de una comunidad, que no estamos solos. Comprar no da un sentido a nuestras vidas, a la larga no nos da satisfacción.

Entonces, ¿por qué la sociedad cree que comprar le da satisfacción?

Porque nos han colonizado. Hemos sido colonizados por aquellos que nos han negado a nosotros mismos a ser creadores y nos han reducido a ser meros consumidores de un sistema de producción. La industria de la comida basura no quiere que nosotros tengamos economías basadas en alimentación local. Pasa lo mismo con el mundo de la moda, que tampoco quiere que seamos capaces de crear nuestra propia ropa o de arreglarla cuando se rompa. H&M, Zara y todas las marcas están creando tantos desechos materiales que tenemos ropa suficiente en el mundo para poder vivir 500 años y siguen creando más. Hay todo un desierto en Chile que está lleno de desechos de ropa.

HyM, Zara y todas las marcas están creando tantos desechos materiales que tenemos ropa suficiente en el mundo para poder vivir 500 años y siguen creando más

Todos nuestros recursos deberían ser un regalo tratado con respeto, deberían durar el mayor tiempo posible. Por ejemplo, el sari que yo llevo, lo he hecho a mano. Cuando no me sirva, podré utilizarlo para hacer un toldo, después, para limpiar el suelo y, por último, compostaré ese tejido. No tenemos que despilfarrar los recursos porque todo forma parte del ciclo de la naturaleza y en la naturaleza no hay desechos ni se despilfarra. Pasa lo mismo con la humanidad, tendríamos que reconocer que cada refugiado es el resultado de una economía de consumismo.

¿Ha visto un cambio en ese sentido en las empresas e instituciones públicas o se trata de lo que llaman 'greenwashing' o 'ecoblanqueamiento'?

Se está despilfarrando mucha pintura verde en el mundo para lavar la imagen de empresas e instituciones (ironiza). Estamos en una crisis climática y hay muchas soluciones falsas. Por ejemplo, el problema del cambio climático es la desestabilización del ciclo climático mediante la contaminación de la atmósfera. Se utiliza el 'greenwashing' para decir que la solución pasa por más ingeniería para acabar con los contaminantes de la tierra o para bloquear incluso el sol, pero el sol es la base de la vida en la tierra y quienes contaminan acusan a la vida de ser el problema, mientras ofrecen aún más contaminación como solución. Otra de las cuestiones es la agricultura. Hay industrias que quieren crear agricultura sin agricultores y crear alimentos que vengan de laboratorios. Si los alimentos ultraprocesados contaminan y nos enferman imagina qué harán los alimentos creados en un laboratorio. Por eso considero que la comida real y local es la única solución.

Parte de la sociedad, sobre todo en las esferas de poder, critica ferozmente e infravalora a activistas como usted en lugar de cambiar su actitud con respecto al medio ambiente. ¿Qué le diría a esas personas?

Yo siempre les invito a que vean mi trabajo. Les invito a que coman la comida de verdad y vean la diferencia, a que metan sus manos en la tierra y planten una semilla. Así se darán cuenta de que no necesitan una agricultura digital con sistemas de vigilancia. Les invito a experimentar la belleza de este mundo, la abundancia de la naturaleza y el conocimiento de la gente.

¿Estamos a tiempo de revertir las consecuencias negativas que ha traído consigo la globalización?

Tenemos la obligación de no dejar que se produzca la aceleración de la globalización. Tenemos que pararla ahora mismo. Necesitamos proteger lo que todavía existe. Las poblaciones indígenas, por ejemplo, tenemos que evitar que caigan en manos de las industrias. Debemos regenerar las culturas locales y preservar su agricultura y alimentos.

Yo he visto las fábricas de Bangladés donde personas esclavas fabrican ropa, he vivido cómo han destruido con violencia sus economías locales. Tenemos que proteger lo que es nuestro, regenerarlo y compartirlo

Fortalecer esos territorios es una solución para los problemas relacionados con el agua, la tierra o las enfermedades y así, creamos alternativas que nos alejen de la economía basura que crean ropa o comida rápida y no dejan que existan otras formas de economía. Yo he visto las fábricas de Bangladés donde personas esclavas fabrican ropa, he vivido cómo han destruido las economías locales con violencia, por eso tuvimos que desobedecer pacíficamente y crear un movimiento contrario a esas industrias. Tenemos que proteger lo que es nuestro, regenerarlo y compartirlo.

¿Qué es lo más duro o complicado a lo que ha tenido que enfrentarse en su vida como activista?

Lo más desafiante es que todo lo que he hecho ha sido porque he visto una violencia terrible. He sido testigo de la violencia contra la tierra, los agricultores y las mujeres y mi respuesta es tratar de encontrar la verdad y luchar contra ello de una forma no violenta. El desafío hoy en día es más acuciante porque esos que ganan tanto dinero son los que desencadenan la violencia, pero yo, cuando trabajo con honestidad, creo movimientos alternativos.

Cuando los poderosos se dan cuenta de lo que hago, ven que sus mercados están en peligro y contraatacan utilizando sus medios financieros. No solo nos atacan, pretenden que, a pesar de sus ataques, la sociedad les crea y que confíen en lo que hacen. Cuando miles de agricultores se suicidan en India por sus condiciones laborales, por la inestabilidad económica o por perder sus tierras a raíz de las catástrofes naturales provocadas por el cambio climático, empresas e instituciones dicen que no es cierto, que mueren solos, pero la gente empieza ya a tener dudas al respecto y esa duda se está expandiendo. Tratan de crear una división de la población y eso es lo que me parece más desafiante y difícil, porque con sus mentiras están bloqueando la capacidad de pensar y de decidir de muchas personas.

¿Cómo valora la Cumbre del Clima celebrada en Egipto? ¿Se muestra positiva o aún más preocupada tras el encuentro?

Deberíamos estar preocupados y no solamente por esta Cumbre del Clima. Las empresas contaminantes deberían estar cumpliendo tratados y no dando las soluciones contra el cambio climático. Son ellos quienes fijan las condiciones ahora y lo hacen pensando solo en sus propios beneficios. Están secuestrando la naturaleza en nombre de la protección del planeta. Coca-Cola era uno de los patrocinadores de la Cumbre del Clima, 700 lobbies de la industria de los combustibles fósiles estaban ahí, esos son indicadores de que las empresas contaminantes no tienen vergüenza y están al volante de la lucha contra el cambio climático. Ese es el mayor desafío al que nos enfrentamos y debemos evitarlo a toda costa.

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