Insólito destino Análisis

Argentina no cierra las tragedias por vacaciones

La foto de Alfredo Yabrán en el verano de Pinamar y que fue la causa del asesinato del fotógrafo de José Luis Cabezas hace 25 años.

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Argentina es ese país que no cierra por vacaciones para estremecerse por tragedias.

Como si los veranos, entre noticias de la socialité y la farándula no alcanzarán, tiene un calendario propio de acontecimientos que sacuden y marcan la agenda política del año.

El hit de las desgracias.

1989 Todo un palo

Un día de calor asfixiante, entre cortes de luz y precios desbocados, se oficializó el final de la primavera pop alfonsinista.

No íbamos a ir más en tren, iríamos en avión, predecía Charly. Aunque para el Indio no había dónde ir, algo latía y no era su corazón.

El futuro había llegado.

El copamiento en un regimiento militar fue la primera noticia de ese día en el que el sol rajaba la tierra desde temprano. Acostumbrados desde 1987 a alzamientos militares, este podía ser otro y fue lo primero que se intuyó. Equívocamente.

Esta vez era un grupo de civiles los que habían perpetrado el asalto ante el asombro generalizado. 

Un país que ya no estaba acostumbrado a las aventuras setentistas dejó de lado por un rato sus vacaciones para seguir en vivo los pormenores del violento hecho desde la televisión color recientemente masificada. 

La sangre y el fuego se verían rojo carmesí desde la pantalla de Canal 2, comprado hacía poco tiempo por Héctor Ricardo García el propietario del diario sensacionalista Crónica decidido a desembarcar en la tv -ya lo había hecho en los 70- para desbancar al zar de esos años, Alejandro Romay dueño de la audiencia, desde Canal 9, a base de programas populares y un noticiero estrella. “Las dos caras de verdad” cuyo cronista principal, José de Zer nos mantenía en vilo a diario con sus investigaciones. De marcianos en el Uritorco al peligroso “Hombre gato”, esa mezcla de monstruo y ladrón que irrumpía en las casas a través de los balcones.

Éramos tan pobres. 

Pero al margen del asunto mediático, para el maltrecho gobierno de Raúl Alfonsín sería la antesala del final -aún faltaban los saqueos y un pico de hiperinflación aún mayor.

Las cartas estaban echadas. 

Pero La Tablada sigue siendo un gran interrogante, un hecho que impresionó en tiempo real, vendió cantidad de revistas y diarios, pero jamás ocupó espacio para destejer con claridad qué había sucedido detrás de esa aventura comandada por Enrique Gorriarán Merlo, el otrora jefe del ERP.  

El Movimiento Todos por la Patria, su siguiente aventura, continúa siendo una gran pregunta para la historia reciente.

Los que sobreviven, entre los muertos y desaparecidos que dejó el copamiento, nunca despertaron la curiosidad que el hecho en su momento sí tuvo.

Ni la despabiló siquiera la sorpresiva irrupción de un muchacho increpando por los presos de La Tablada al presidente de entonces Fernando De La Rua, durante la visita de este al programa de Marcelo Tinelli, “Videomatch”.

Lo que sí trajo polémica fue lo poco cuidado que estaba el presidente, salvado por el Oso Arturo, un muñeco.

El interés por el tema del reclamo fue nulo. 

Hace unos años los periodistas Felipe Celesia y Pablo Waisberg publicaron un magnífico libro en el que plasmaron una exhaustiva investigación, “La Tablada. A vencer o morir”.

Pero las preguntas siguen ahí.

Nadie se las quiere responder.

Los temas que amamos barrer bajo la alfombra de la historia.

1997 Instan-taneas 

Para mediados de los noventa a la meca esteña de Punta del Este se le había sumado nuestra ilustre Pinamar a la hora de retratar ricos y famosos.

Mar del Plata relegada a un relato farandulesco perdía interés año tras año. La crisis económica lastimaba la cartelera teatral y sin nombres como Alberto Olmedo, Susana Gimenez o Jorge Porcel, le había cedido el reinado fotográfico a ese balneario, que entre pinos, cuatriciclos y romances- como el de Carlitos Junior Menem y María Vazquez- le daban una pátina más vendedora a las revistas.

Pero una tapa en particular fue el terremoto impensado.  

Noticias - la hermana seria de la frívola Caras ambas de Editorial Perfil propiedad de Jorge Fontevecchia- retrató en su portada al hombre más misterioso del país, el empresario Alfredo Yabrán, en ese momento en el ojo de la tormenta por ser el enemigo público número uno del ministro de economía Domingo Felipe Cavallo.

El otro poderoso padre de la convertibilidad que, encima, desde el día posterior al triunfo electoral de 1995 - con un efímero festejo incluido en el programa “Tiempo Nuevo” la casa del “padrino de la criatura”, Bernardo Neustadt - venía peleando la tenencia del éxito del uno a uno con el presidente Carlos Menem. Nadie iba a ceder. 

El ex superministro se fue del gobierno. 

Aunque no por mucho tiempo.

 Volvería a los pocos años, pero esta vez negando la paternidad de otra criatura: “el corralito”.

Del que nadie al parecer quiere hacerse cargo.

 Un hombre con short playero caminando junto a su esposa, enfundada en un sobrio traje de baño negro, con un fondo de veraneantes junto al mar, fue la foto que desencadenó la tragedia en la vida del fotógrafo Jose Luis Cabezas. Para el poderoso empresario Alfredo Yabrán, el fotógrafo había cometido el peor de los pecados: hecho público su rostro.

Nunca se lo perdonó.

Un año más tarde, José Luis Cabezas pagaba con su vida esa imagen.

En el balneario donde los políticos e influyentes descansaban entre roscas politicas, un crimen de una crueldad inusitada dejaba al desnudo la impunidad de la que se solía jactar el empresario en sus tiempos poderosos.

En un auto incinerado, el cuerpo del fotógrafo yacía inerte.

Un cimbronazo hizo estallar a la política en mil pedazos.

El cuerpo apareció cerca de donde solía pescar Eduardo Duhalde, gobernador de la provincia de Buenos Aires y otro que le disputaba el poder al presidente Menem, intentando que no hubiera re reelección. Se creía el candidato natural.

En ese enjambre de sospechas había que resolver el crimen. 

La maldita policía, la impunidad del poder económico y la complicidad política quedaron al desnudo en una sola imagen.

Y el topless del hartazgo general, al descubierto.

Lo que siguió en los años posteriores, junto a la desocupación, la pobreza y el “no se olviden de Cabezas” fue la sensación que algo olía a podrido en Argentina.

El caso Cabezas entrelazado con el caso Coppola, que también tenía policías implicados en el asunto, fue parte del temario de Mauro Viale en su “Mediodía con Mauro”, el programa que sentó las bases para que los opinólogos coparán la pantalla. Desde ese estudio conocimos a muchos personajes que rodearon la investigación. Pepita, la pistolera, una de ellas.

Pero el caso Cabeza siguió conmoviendo ya que un año después Alfredo Yabrán se suicidó creando con su muerte un nuevo mito urbano. Estaba vivo en algún remoto lugar del mundo.

Aún hoy se puede escuchar la leyenda.

Es que 25 años después del tenebroso crimen del fotógrafo, la sensación de impunidad aún flota en ese mar.

2004 La bengala perdida 

Faltaba un pasito para ingresar a enero del 2005. La economía estaba renaciendo de sus cenizas y todo indicaba que la temporada estival iba a ser un éxito. Y aire para un gobierno casi de estreno que había asumido con el 22 por ciento de los votos luego que el ex presidente Menem decidiera bajarse del ballotage.

Nestor Kirchner surfeaba tranquilo ese diciembre cuando una bengala dentro de un boliche de Once, Cromañón, inició una tragedia.

Más público del recomendado, una puerta de emergencia con una cadena infranqueable para colados y una banda que hacia de su show una oda a la bengala fueron los ingredientes del coctel que crearon el desastre.

94 jóvenes muertos, cientos de heridos y miles de perturbados. 

La falta de control de las autoridades y la codicia de la banda y el empresario hicieron cenizas un tiempo que fue hermoso pero que emprendió esa noche la lenta retirada: el rock chabón, la esquina, las Topper y el flequillo, que habían resistido los noventas, terminaban así su ciclo. 

En un recital caótico. Como el tiempo que los había parido. Los años de la desocupación y el vacío.

Los noventa, el sol naciente de los jóvenes ni-ni ( ni trabajan, ni estudian). Los hijos de la crisis.

Pero también, algo sorprendió.

Padres de otras víctimas cuestionando el capital simbólico de otros símbolos de lucha.

 Estela de Carlotto recibiendo insultos y huevazos luego de visitar al entonces jefe de gobierno porteño Anibal Ibarra, destituido tiempo después por esta tragedia, fue la primera en sentir el golpe.

Padres y madres de víctimas versus madres y abuelas de víctimas.

Casí imperceptible para la memoria pero quizás la semilla que germinó a la sombra de los buenos años y el boom de consumo  los cuestionamiento que llegaron como cataratas tiempo después.

Eso que en 2014, un 10 de diciembre, el Día de los Derechos Humanos, le permitió decir a Mauricio Macri, quien un año después fue electo como presidente : “basta con el curro de los derechos humanos” sin perder un solo voto. 

Es que a veces los hilos invisibles de la historia se cosen así. Sorpresivamente. 

Pero esta historia continuará…

LA

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