BORCEGOS Y TACOS AGUJA

Arrestadas por cantar una que sabemos todes

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Todes, con e. El certificado de defunción de la e inclusiva, una de las tantas conquistas de los feminismos, fue firmado, no solo pero también, por las derechas extremas.

No vengo aquí a hablar de una letra (ya lo hice cuando daba lugar, aquí: Lenguaje inclusivo | No culpen a la Plapla). Vengo a hablar de un grupo de mujeres que ayer sentadas en el piso, cantaban el Himno Nacional. Entonces, una cantidad de efectivos de la Policía Federal que, en principio y al menos, las duplicaba en número, en fuerza y en tamaño, rompiendo con uno de los principios de la física que establece que a una acción se opone una reacción de igual medida, las detuvo, las subió a un carro policial, las mantuvo horas “dando vueltas” ¿demoradas? ¿detenidas? en itinerancia, hasta que las llevaron a una delegación para, después de más de 12 horas, soltarlas. Así lo mostró C5N, a la noche, en vivo:

Una de las chicas grita: ¡Soy del pueblo! ¡Estaba cantando el himno! ¡Me detienen por sentarme en el piso!

Y así lo contó una de ellas por la mañana, después de que las largaran:

La detención ocurrió pocos minutos después de que en el Congreso Nacional se dispusiera un cuarto intermedio en el debate sobre los superpoderes que el Ejecutivo quiere arrogarse, para, entre otras cosas, gobernar sin consensos democráticos y hacer más de lo que el Fondo le pide a la Argentina (“No les pedían tanto” es una frase que Jacobo Timerman arrojó a los medios hegemónicos en dictadura y luego se replicó, hoy aplicable a los políticos del ala “colaboracionista”).

Como dijo en la sesión del miércoles 31 la diputada Romina Del Plá: la represión y el ajuste son dos partes de lo mismo. La violencia está afuera y adentro del Congreso: diputadas y diputados señalaron la presencia de uno de los responsables del intento de magnicidio contra la vicepresidenta, exigieron su expulsión y que se investagara quién lo había invitado. La diputada Miriam Bregman también fue agredida en el recinto por un hombre.

La ostentación de poder del gobierno nacional a través de las fuerzas represivas a disposición del estado (Gedarmería, Policía Federal) instaladas en los alrededores del Congreso, con el uso a mansalva del nuevo gas pimienta, es clara. La figura en el pecho de un policía de la serpiente enroscada libertaria la bandera de Gadsden, símbolo de la derecha extrema de Estados Unidos, resulta provocadora al mango, como lo denunció el diputado Juan Marino aquí:

Llevarse detenidas a un grupo cinco de mujeres que sin bandera (como ellas mismas lo contaron, se conocieron ahí mismo) decidieron ponerse a cantar esa que sabemos todes en forma espontánea, en este contexto represivo, parece tener un objetivo aleccionador.

Hay que decir que hoy, cantar el Himno es una forma de reafirmar una identidad nacional, cuando el gobierno se empecina en motoserrar el país, quemarlo y licuarlo. Podría decirse: un acto político y simbólico. Y pacífico. Las chicas cantaban y los policías las arrestaban. La escena además muestra cómo las agarran de los brazos y se las llevan con fuerza. Frente a ese acto político, simbólico, pacífico, el gobierno a través de uno de sus brazos armados responde con violencia y un tocamiento indebido. Hombres armados/mujeres indefensas.

¿Les salió bien? Una de ellas es militante radical por los derechos humanos, géneros y diversidades. Si a partir de este hecho el radicalismo no cierra filas contra la Ley Ómnibus, el DNU, el avance del Ejecutivo sobre el Poder Legislativo y judicial y el avasallamiento a los derechos ciudadanos que hoy, además, continuó con el avance sobre las organizaciones sociales que piden el derecho a comer (¿en serio la ministra va a atender uno por uno a las personas que tienen hambre?), y el quite de banderas, entonces ya no entiendo nada.

El hecho tiene un antecedente ignoto y de signo inverso, que hasta podría entrar en la serie de curiosidades de la historia nacional. Lo recuerda la antropóloga Sofía Tiscornia en su texto “Entre el honor y los parientes Los edictos policiales y los fallos de la corte suprema de justicia. El caso de ‘las damas de la calle florida’ (1948-1957)” de su libro Burocracias y violencia: estudios de antropología jurídica (2004), cuando un grupo de mujeres de clase alta, “todas de ilustre apellido, son detenidas. Mientras el resto se dispersa, éstas quedan dentro de un comercio empujadas por las circunstancias.

La policía comienza a apresarlas mientras cantan el Himno Nacional como manifestación de resistencia. Son llevadas a la comisaría 1° en una camioneta de la Guardia de Infantería. Con ellas son detenidas dos mujeres más, uruguayas, que estaban haciendo compras y fueron sorprendidas por la manifestación. Se les instruye a todas un sumario por infracción a los edictos contravencionales de Reuniones Públicas y Desorden. A la madrugada, luego de cumplidos los trámites habituales –identificación y comprobación de domicilio– son puestas en libertad“.

El hecho ocurre en septiembre de 1948 y se da en el marco del anuncio del presidente Perón de la inminente convocatoria de asamblea constituyente para la reforma de la Constitución Nacional. Y esas mujeres de “la oligarquía ilustrada” cantaron el Himno en defensa de esos antiguos valores puestos en riesgo pero también como un gesto político de resistencia cuando las arrestan. Y los edictos policiales operaron contra sus derechos (finalmente les dan treinta días de arresto en el Asilo de San Miguel, espacio sobre todo reservado a prostitutas presas).

Observa Tiscornia: “Lo cierto es que se desarrolla una batalla singular; porque singular es que se condene a mujeres maduras, de la clase alta porteña de aquel entonces, se las trate como a mujeres del común y se las castigue por infracción a los edictos de policía. Los edictos contravencionales de policía –cuerpo heterogéneo de bandos policiales referidos, según la definición institucional, a la alteración del orden público o a atentados a la moralidad y las buenas costumbres– han constituido una forma de procedimiento disciplinario, moralizante y represivo sobre las llamadas ´’clases peligrosas’ y para las clases populares en general. Del acontecimiento sólo parecen haber quedado hoy recuerdos borrosos y casi ninguno de ellos hace referencia a la aplicación de los bandos policiales.”

Ojalá esta vez les haya salido el tiro por la culata. Como las chetas de ayer, como las jóvenes de hoy, cantar el Himno en todas las plazas sería una buena manera de responder a la provocación del poder disciplinador. 

GS