Opinión

ArteBA: Gestos y detalles de una feria que renace

Galería Calvaresi con Daniel Basso en primer plano

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¿Qué tan importante es la continuidad en cualquier empresa? arteBA renace, se refunda, consolida su historia y amplifica el futuro. Aciertos: la ubicación en Arenas Studios, La Boca, para desarrollar la feria durante cuatro intensas jornadas. Clima de paseo, con días plenos de sol y tardecitas frescas. Atrás quedó el galpón umbrío de La Rural. Ahora nos recibía un patio adoquinado, con ímpetu callejero, al que se podía ingresar con acreditación o pagando entrada. Otro acierto, en el que claramente seguirán trabajando: expandir los contenidos y los referentes del mercado más allá de los límites de la General Paz. En cuanto a los deals: entre sábado y domingo se vivieron dinámicas mercantiles febriles. Imposible incursionar en fruslería ya que la feria contó con notables firmas y precisas exhibiciones en cada una de las galerías. 

“Estamos felices con el resultado de la feria arteba 2021. Va a quedar en la historia como la feria del reencuentro y el fortalecimiento de la escena del arte argentino contemporáneo, de la que todos y todas formamos parte. Fue la feria de celebración de los 30 años de arteba, tuvo una energía muy especial. El escenario diferente le dio otro tono. Fue muy emotiva y nos permitió acercarnos, dialogar, disfrutar. Los y las coleccionistas y los museos apoyaron a galerías y artistas con buenas compras. La calidad de las obras fue algo destacado por muchas personas. Y el público acompañó con mucho entusiasmo nuestra propuesta. Inolvidable”, cuenta Larisa Andreani, presidenta del board de arteBA.

Un abstracto litoraleño al MAMBA

Las primeras compras en la feria se realizaron en el marco del Programa de Adquisición de Museos, mediante el cual la Fundación arteba busca apoyar la escena artística fomentando la adquisición de obras de arte contemporáneo por parte de los principales museos nacionales e internacionales. La galería Diego Obligado vendió al Museo de Arte Contemporáneo de Salta la pintura “La sombra secreta”, de Carolina Antoniadis. La Fundación Klemm adquirió la obra de Fernanda Laguna titulada “Mental” de la galería Nora Fisch. El Museo Sívori incorporó a su colección un tapiz de Guido Yanitto, de la galería Gachi Prieto. Por su parte, Malba adquirió una obra textil de Yente en la galería Roldan Moderno. Caso significativo es la compra del MAMBA, que incorpora a su colección la obra “Serenamente (1967-1971)” de Eduardo Serón, realizada en Alejandro Faggioni – Estudio de Arte. 

Carla Barbero, en su augusto rol de jefa del departamento de curaduría del MAMBA, comenta a propósito de la adquisición de la obra de Eduardo Serón: “La colección del museo, que tiene un núcleo duro de abstracción y de arte concreto, se abre a narrativas más allá de la ciudad de Buenos Aires, con artistas claves como él”. Imaginamos a Eduardo en su taller en la calle Mitre de Rosario, enclavado en el microcentro, iluminando sus planos y líneas aureáticas con fluorescentes fríos, desplegando su conocimiento de la geometría euclidiana, explorando la espiral logarítmica, las volutas, las curvas, las figuras orgánicas y armónicas, con Matila Costiesco Ghyka bajo el brazo o en algún cajón de su taller. 

“El Arte, la Vida, la Geometría” del gran maestre para el gran maestre. En Serón confluyen las tareas de aprendizaje del taller de Grela, el príncipe Matila Costiesco Ghyka, el Colegio Industrial, un racimo de colores subtropicales, bien de este suelo litoral, el mismo que utiliza Federico Cantini para ejecutar sus bajorrelieves de transa. Así Serón evidencia todo el andarivel costero de la humedad y el loess nativo. Un sendero de cuerda que destella magno como mis pestañas enamoradas, cielos abiertos de los azules phthalos y cobaltos. Yo quisiera contemplar durante milenios esas construcciones en el plano pictórico.

Encontrarse y activar

La visita al sector Isla de Ediciones evidencia el fragor por las joyitas. Allí convergen libros enormes y publicaciones livianas. Soy testiga de conversaciones entre Ana Wandzik, Maxi Masuelli (creadores de Ivan Rosado) y Leticia Kabusacki. Se discute con ahínco cierta genealogía del arte argentino, así como el estudio e investigación de la escena nacional pretérita y contemporánea, que tiene cruces culturales, científicos, afectivos y amorosos. La editorial Ivan Rosado acerca sus novedades: Cartas entre Giambiagi y Atalaya con prólogo de Juan Laxagueborde, Vilnius de César Aira con una pintura de María Guerrieri en la portada, y también reluce en sus anaqueles Transparencia y misterio de las lacas de Beatriz Vallejos. 

En la Isla de Ediciones también charlo con Mario Scorzelli, quien me cuenta que está participando con la Revista Jennifer. Este proyecto editorial montó allí mismo una pequeña redacción y realizó diferentes actividades con artistas invitadxs. “Mia Superstar hizo una curaduría de obras y artículos de otrxs artistas, que iban desde un dibujo de Ofelia Fernández hasta un frasco con el perfume que usaba Silvina Ocampo. Ignacio Barsaglini ofreció a lxs galeristas publicar en la revista una nota sobre las obras de su stand a cambio de $2.000 y Fátima Pecci Carou invitó a realizar copias calcadas de dibujos de su autoría. Las copias realizadas por Eduardo Mallea, Lolo y Lauti, Ad Minoliti, Amalia Amoedo y Rodrigo Barcos fueron subastadas al finalizar la feria”.

Voy rumbo a la zona de Factor Studio, espacio de nuevas galerías donde se evidencia el esfuerzo y el compromiso de les emergentes. Galería +Arte (Quito); Atocha y El Mirador (ambas de Buenos Aires); eSTUDIOG (Rosario) con una exhibición individual de Vico Bueno que generó interés entre les coleccionistas más jóvenes; Fulana (Tafí Viejo) con obra escultórica, expandida e innovadora. Mención aparte amerita PM Galería, con un diseño espacial de Gerardo Acevedo, y artistas tremendos como Adriana Pavic, Adriana Miranda, Agustín Wrobel, Andrés Gorzycki, Ángel Gabriel, Bart Network, Damián Crubellati, Daniel Leber, Desiree De Stefano, Enzo Luciano, Felipe Pino, Fernando Santana, Guadalupe Fernández, Guido Orlando Contrafatti, Gustavo Marrone, Juan Montes de Oca, Lola Granillo, Lorena Ventimiglia, Marina Daiez, Miguel Harte, Nicolás Domínguez Nacif, Nushi Muntaabski, Renata Molinari, Roberta Di Paolo, Sandro Pereira, Sasha Minovich y Tomás Fracchia.

Cronista insaciable en el ejercicio de adquisiciones imaginarias

El embote que ocasionaban las visitas a La Rural, tanto por el apiñamiento, la falta de luz natural, o vaya una a saber qué, en esta oportunidad no se vivió del mismo modo. La locación garantizó visitar la feria como un paseo, pero fundamentalmente retomar el pulso de las obras exhibidas. Les artistas y su trabajo han vuelto al centro de la escena. Este recorrido nos permitió imaginar la compra de todo lo deseado

Con elegancia innovadora, la galería Benzacar ofreció un repertorio de nombres como Eduardo Basualdo, Flavia Da Rin, Luciana Lamothe, Jorge Macchi, Florencia Rodríguez Giles, Tomás Saraceno y Pablo Siquier. Me hubiera llevado los Macchi y los Da Rin. Esta histórica galería aparece entre las más eficientes a la hora del deal, junto a la súper eficaz Gachi Prieto, la colorida y profesional Herlitzka + Faria, en la que esplendía obra de Minujín, y Diego Obligado con la venerable instalación de Román Vitali. 

Un lugar especial se lleva El Gran Vidrio con obras de preciosas de Alan Martín Segal, Carla Barbero, Roberto Jacoby, Marisol San Jorge, Lucas Di Pascuale, Rocío Moreno, Guillermo Daghero y Romy Castiñeira. Mientras, Verónica Meloni dispone su cuerpo en movimiento en el programa de performance. Calvaresi Contemporáneo, que ha propuesto obra de Germaine Derbecq, Paola Vega y Daniel Basso, al igual que la Galería Sur, han dispuesto el espacio con un diseño expositivo singular y estudiado. La galería oriental, oriunda de Punta del Este, presentó un stand escenográfico y una nómina de artistas históricos, como Antonio Berni, Emilio Pettoruti, Juan Del Prete, Nicolás García Uriburu, Julio Le Parc, Rómulo Macció, Antonio Seguí, Yente y Pablo Suárez. Nos ha permitido un viaje a la tradición. Hubiéramos querido comprarnos el stand completo. 

Un tema aparte son las obras de Federico Lanzi, Sonia Rey y Gabriel Chaile en NVS: todas preciosas. En Smart Gallery hubiéramos abrazado las obras de Salamanco y Romano. En la galería Diego Obligado nos hubiéramos quedado con los Grelas y las obras de sombras arrojadas de Román Vitali. La ansiedad y la alegría a lo largo de la feria no se detuvo ya que, como bien menciona la presidenta de arteBA, el reencuentro fue el festejo en cada guiño, en cada charla. 

En Rolf Art se exhibían las fotografías de “La conquista” disparadas por Marcos López y RES. Cuenta la historia de esta obra que, en diciembre de 1992, se presentó en el Centro Cultural Recoleta, como una muestra multimedia vinculada al 5° Centenario del Descubrimiento de América: “500 años, 40 artistas” (1991-1992). Esta mega exposición, que reunió a artistas de diferentes lenguajes, estaba dedicada a Batato Barea, quien había fallecido el 6 de diciembre. Reza el catálogo que acompaña las fotos de RES y López: “El proyecto original nació a mediados de 1989 en una reunión informal en el bar Bolivia entre Liliana Maresca, Marcia Schvartz y Elba Bairon. Participaban en la exposición Jorge Abecasis, Juan Astica, Elba Bairon, Sergio Bazán, Anahí Cáceres, Omar Estela, Guadalupe Fernández, Roberto Fernández, Luis Freisztav, Diego Fontanet, Daniel García, José Garófalo, José Luis Gestro, Norberto Gómez, Gabriel González Suárez, Mariela Govea, Varinia Grüner, Jorge Gumier Maier, Alberto Heredia, Eduardo Iglesias Brickles, Martín Kovensky, Alejandro Kuropatwa, Juan Manuel Lima, Marcos López, Liliana Maresca, Adriana Miranda, Daniel Ontiveros, Pablo Páez, Duilio Pierri, Jorge Pistocchi, Marcelo Pombo, Alfredo Portillos, Salvador Quintero, Osvaldo Quintero Fraixede, Juan Pablo Renzi, Tulio de Sagastizábal, Omar Schiliro, Marcia Schvartz, Oscar Smoje, Eduardo Stupía y María Inés Tapia Vera”. Ansiedad y más ansiedad por llevarnos alguna de estas obras, mientras Marcos nos cuenta historias de la memorable muestra. 

En la galería Nora Fisch aparece un mapa, un esquema organizado por una obra de Amadeo Azar: recorre diferentes sucesos, interpretaciones, mitos y hechos históricos que definen una mirada crítica acerca de la incidencia del turismo en Mar del Plata. Adentro, palo y a la bolsa, quiero comprar y llevarme esta obra. Pregunto el precio, parece que ya está reservada. 

Sigo mi deriva y me detengo en HACHE, ante la majestuosidad dramática de “La condición humana” (2021), obra de Gabriel Baggio, con el refinamiento propio de un artista universal. Brillo genuino y ritmo formal del desastre en cerámica esmaltada con lustre de oro. Lealtad y trabajo.

Llego a Pasto, el espacio que dirige César Abelenda, le consulto los precios de todo, quedo prendada a ese universo. El plan federal y el desparpajo total de esta galería me generan pulsiones extrañas: los bajorrelieves de Federico Cantini, las foto-perfomances de La Chola, el mural enorme de Agustín González Goytía, las sentencias guevaristas de Gustavo Nieto. Me dejan patitiesa. Sé lo que quiero y lo quiero ya. Entre Luca Prodan y Rubén Darío, me sube la espuma y recuerdo estos versos: “Juventud, divino tesoro, ¡te fuiste para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer”. Conversamos con César sobre el modo de vender; concluimos que el objetivo es ir veloces como el viento y no apretar mucho a les compradores. Me atrevo a decir que, con su modo escandalosamente original, se vincula con agudeza con la mercadotecnia. 

¿Qué buchi queremos colmar con esta ansiedad? Seguimos. No nos agotamos. Flotamos en la ilusión de un mundo que nos abrace con arte y artistas. Federico Curutchet, de la galería Barro, nos lleva al borde de la aspiración más difícil de satisfacer: obras de Marcelo Pombo. Piezas preciosas, junto a Alejandra Seeber, nos dejan petrificada. Flemática de tanto arte. El trabajo de les galeristas puede consistir en encantar a la gente para hacerla comprar, de este modo traficar con los deseos y ansiedades de coleccionistas.

Hay una cita de “El amante del volcán” de Susan Sontag que resulta conmovedora para esta cronista, mientras reflexiona sobre el universo del mercado del arte, les coleccionistas y el trabajo de les artistas: “Así pues, el coleccionista es un encubridor, alguien cuyas alegrías nunca están exentas de ansiedad. Porque siempre hay más. O algo mejor. Debes tenerlo porque es un paso para completar idealmente tu colección. Pero esta culminación ideal, que todo coleccionista anhela, es una meta ilusoria”. 

Sontag prosigue, tanática y esperanzada ante el abismo: “... una colección completa es una colección muerta. No tiene posteridad. (...) Las grandes colecciones son vastas, no completas. Incompletas: motivadas por el deseo de que sí sean completas”. Exuberante y barroca, remata: “Es demasiado… y es lo suficiente para mí. Alguien que vacila, que pregunta. ¿Necesito esto? ¿Es realmente necesario?, no es un coleccionista. Una colección es siempre más de lo que sería necesario”.

LS

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