14 claves sobre el uso del lenguaje no binario

¿Qué dice la lingüística sobre el lenguaje inclusivo?

Lenguaje inclusivo en la enseñanza

Juan Eduardo Bonnin (CONICET/UNSAM)( Gabriel Dvoskin (CONICET/ UBA/UNIPE) / Daniela Lauria (CONICET/UBA/UNIPE) / María López García (CONICET/UNSAM) /Paula Salerno (CONICET/UNSAM/UBA) /Carolina Tosi (CONICET/UBA/UNLZ) / Gabriela Mariel Zunino (CONICET/UBA)

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En el debate sobre la resolución 2022-2566 del Ministerio de  Educación de CABA que prohíbe que les docentes usen formas no  binarias, o lenguaje inclusivo, en el aula se han oído muchas afirmaciones infundadas, o incluso falsas, acerca de cómo funciona  la lengua, qué efectos tiene el lenguaje no binario y quién debe  regular el uso del lenguaje. Por ese motivo, un conjunto de  profesionales de la lingüística hemos reunido algunas de las  preguntas más frecuentes sobre el tema para responderlas  acudiendo a las investigaciones más recientes en el campo de las  ciencias del lenguaje.

¿Cómo se puede prohibir una letra?

¿Cómo se puede prohibir una letra?

1¿Cómo funciona la morfología de género en español? Las lenguas  marcan el género gramatical de modos diferentes. Existen diversas  taxonomías pero en general se distingue entre cinco tipos de lenguas: con  género gramatical, con combinación de género gramatical y natural, con  género natural, sin género con algunos rastros de género gramatical, y sin  género. Y dentro de las lenguas con género gramatical, existen lenguas con  dos o más géneros, por ejemplo, el alemán tiene tres. 

Existe una discusión acerca de si el género gramatical tiene relación con el  género social y/o el sexo: ¿pensamos en las cucharas como más femeninas y  en los tenedores como más masculinos, sólo por el género gramatical?  Aunque no hay evidencia concluyente, se ha observado que la morfología  binaria (masculino/femenino) provoca un sesgo inicial que oculta  sistemáticamente a las mujeres, y por supuesto, también a otras identidades  sexo-genéricas.  

2 ¿A qué llamamos “lenguaje inclusivo”? Al uso de ciertas expresiones  que designan personas o grupos de personas en las que, en vez de utilizar el  género gramatical masculino (“chicos”) o femenino (“chicas”), cambiamos la  marca de género, generalmente mediante el sufijo “-e” (“chiques”) o  incluyendo un pronombre no binario (“les” o “elles”) a los ya existentes  (las/los, ellos/ellas). El uso de esta variante no binaria (es decir, ni masculina  ni femenina) es habitualmente llamado “lenguaje inclusivo”.

3¿Es un fenómeno exclusivamente argentino? No. El lenguaje inclusivo  se presenta en muchos países de Latinoamérica y no es un fenómeno nuevo.  Por mencionar algunos ejemplos, Uruguay cuenta con una Guía de lenguaje  inclusivo desde 2010, México desde 2015 y Perú desde 2017, mientras la  discusión sobre iniciativas no sexistas e inclusivas se da en Costa Rica desde  1992.  

Pero además, en muchas lenguas diferentes existen iniciativas parecidas. En  el francés se propone, entre otras opciones, el uso del punto medio para  indicar al mismo tiempo las opciones femenina y masculina (como en  “ami·e·s”, es decir, “amig@s”) y cuenta, además, con pronombres no  binarios como “iels” o “elleux” (es decir, “elles”). En inglés se usa el  pronombre “they/them” como singular no binario (“elle”), y fenómenos  parecidos se observan en el hebreo o el árabe, entre otros. En el caso de  Suecia, el diccionario oficial de sueco incluye desde 2015 el pronombre  neutro “hen” (“elle”), y su uso es impulsado desde el Estado nacional. 

4 ¿Por qué se dice que es “inclusivo”? El uso habitual del español considera que el género masculino es “genérico” o “no marcado”, es decir,  el género estándar, que no solamente designa a varones, sino también a grupos de individuos sin importar su sexo o identidad de género. Así, al decir  “hola, chicos” en una escuela nos estaríamos refiriendo a un grupo de  personas en edad escolar, sin importar si son varones, mujeres o LGBTI+. Sin  embargo, muchos grupos sociales quedan excluidos en ese tipo de usos: ¿por  qué, si una audiencia está compuesta por más mujeres que varones, se usa  el masculino? Más aún, ¿por qué el género masculino es el elegido para  representar a los demás géneros?  

Para cuestionar la sobre-representación masculina y visibilizar la diversidad  de géneros, una gran cantidad de hablantes dejó de aceptar el masculino  genérico, de modo que la “o” dejó de ser un uso “no marcado”. En  consecuencia, comenzó a decirse “Qué tal, chicas y chicos”, incluyendo  explícitamente a varones y mujeres. Pero esta opción sigue suponiendo una  concepción binaria de las identidades; es decir, no incluye a quienes no se  reconocen varones o mujeres. De allí la opción “Querides alumnes”, que no  identifica a su destinatario con un género determinado. 

5 ¿Es la única manera de incluir en el lenguaje? ¿Es la mejor? El  lenguaje es un campo constante de negociación, alianzas y enfrentamientos:  las generaciones más jóvenes de hablantes buscan diferenciarse de las  mayores en su manera de hablar; quienes pertenecen a un grupo social  buscan diferenciarse de otros. Algunos grupos feministas, por ejemplo, se  niegan a usar la “-e” porque argumentan que invisibiliza a las mujeres. Las  estructuras sintácticas muy extensas o el uso de nominalizaciones son más  difíciles de comprender para algunas personas, y es por ello que otros usos  inclusivos del lenguaje buscan simplificar la sintaxis y defienden el “español  simple”, “español claro” o “lectura fácil”. Y ni hablar del lenguaje  especializado: para una persona no experta, el habla médica, jurídica o  científica puede resultar completamente excluyente. También en esos  campos existen iniciativas de uso inclusivo del lenguaje. Lo importante es  recordar que no son mutuamente excluyentes, y que no es necesario que  primero haya una cartelería en braille para después usar un lenguaje no  sexista.

6 ¿Es cierto que el lenguaje inclusivo dificulta la comprensión? No. En  nuestro país se realizaron dos estudios recientes en más de 500 personas sobre el tema. En uno de ellos se comprobó que, en palabras  estereotípicamente masculinas, el masculino genérico es menos eficaz que  el inclusivo para representar un grupo de personas diversas: si digo  “camioneros” me imagino un grupo conformado sólo por varones, mientras  que si digo “camioneres”, me imagino un grupo de personas de distinto  género. En el segundo estudio, se midió el tiempo de procesamiento de  formas masculinas genéricas (“los plomeros”) e inclusivas (“les plomeres”) y  se encontró que no había diferencias significativas. Es más, en general se  tarda menos en comprender las formas no binarias. En suma: las formas no  binarias comunican la diversidad de género mejor que el masculino y se  procesan igual o más rápidamente. 

7 ¿Es cierto que el lenguaje inclusivo dificulta la adquisición de la  “lectoescritura”? En primer lugar, es importante señalar que la  investigación lingüística diferencia “lectura” de “escritura” como dos  procesos muy cercanos pero diferentes, tanto en términos sociales como  cognitivos (por eso no hablamos de “lectoescritura”). En nuestro país no se  han realizado estudios que comparen la comprensión lectora de formas  masculinas y no binarias en niñes, de manera que no sabemos cuál es mejor.  Las pruebas estandarizadas que se realizaron recientemente, y que arrojaron  resultados muy críticos sobre la comprensión lectora en la escuela, fueron  realizadas usando la morfología tradicional, del masculino genérico, así que  no puede responsabilizarse en ese caso al lenguaje inclusivo por los  resultados obtenidos.

8 ¿El lenguaje inclusivo está cambiando la lengua española? Un  estudio reciente sobre el uso del lenguaje inclusivo en Twitter en Argentina  muestra que sólo 4 palabras reúnen el 74% de usos inclusivos (con -e, -x,  etc.): todes, amigues, elles y chiques. Esto parece indicar que, por ahora, es  más un fenómeno de creación léxica (es decir, de incorporación de nuevas  palabras o formas de algunas palabras) que de innovación gramatical (es  decir, de introducción de un sistema de género gramatical no binario en la  lengua). Sin embargo, un estudio psicolingüístico reciente muestra vínculos  entre producción espontánea en/de/con lenguaje inclusivo y procesos de  comprensión y construcción de referencia mixta también cuando  procesamos sintagmas y oraciones. Esto significa que, aunque por el  momento se trata claramente de un fenómeno discursivo, de uso más o  menos consciente del lenguaje, es posible que esté empezando a ser usado  de manera no consciente, es decir, espontánea.

9 ¿El lenguaje inclusivo es exclusivo de una minoría? En una encuesta  realizada sobre 2300 casos se observó que el 73% de las personas que  respondieron aceptaban su uso al comienzo de la frase (“Chiques, ¿vamos al  cine?”) y 65% lo aceptaban en la mitad (“Llamé a mis amigues para ir al  cine”). Esto no significa que estuvieran dispuestas a usarlo: sólo el 60% lo  usaría en posición inicial y el 51% en posición intermedia. ¿Qué significa  esto? Que aunque no todas las personas encuestadas están dispuestas a  decir “amigues” o “todes”, una enorme mayoría acepta su uso por parte de  otras personas sin problema. Es decir: no hay una oposición social  generalizada al uso del lenguaje inclusivo, sino que quienes se oponen lo  hacen de manera muy ruidosa. 

10 ¿El lenguaje inclusivo es ajeno a la morfología del español? Una  investigación del año 2018 sobre el uso de formas de género no binario muestra que la -e, la -x o la -@ se comportan como morfemas del español,  igual que los tradicionales -a y -o. Además, su uso es sistemático, estable,  tiene un significado bien definido y forma parte de una continuidad de  formas de marcación de género, todas igualmente válidas y disponibles para  les hablantes.

11¿Qué función cumple la Real Academia Española? La Real Academia  Española (RAE) fue fundada en España en 1713 con el objetivo de controlar  la diversidad cada vez mayor del español que se expandía por las colonias. Al  elaborar su diccionario, su gramática y su ortografía, la RAE elige las formas  y los significados que considera “correctos” (mejores, más “precisos”, más  “elegantes”) y descarta los otros. ¿Cuál es la variedad del español que la RAE  seleccionó siempre para elaborar estas herramientas? La que hablan los  sectores medios y altos de Madrid y sus alrededores.  

Desde la independencia de las naciones americanas, muchos intelectuales  comenzaron a criticar a la RAE: ¿por qué un gobierno extranjero nos tiene  que decir cómo hablar? ¿No deberíamos tener independencia lingüística,  además de política? En la actualidad, la RAE sirve fundamentalmente para  tratar de detener el cambio constante de la lengua, porque cuando más  personas hablan de una manera determinada, más fácil es venderles textos,  doblajes, traducciones, enseñanza de lenguas, etc. en un mercado de, según  el Instituto Cervantes, alrededor de 164.000 millones de euros cada año en  todo el mundo. Los gobiernos no siempre entienden la importancia de ese  proceso, y están dispuestos (a veces) a defender los derechos de los  productores de diccionarios y no los de las personas que hablamos,  cambiamos y vivimos la lengua en su riqueza y diversidad.

12¿Puede enseñarse en las escuelas el lenguaje inclusivo? Los Núcleos  de Aprendizajes Prioritarios del Consejo Federal de Educación indican que la  escuela debe alentar la reflexión sobre el lenguaje. En ese sentido, conocer  cómo funciona el género gramatical y entender el surgimiento de formas no  binarias representa una invalorable oportunidad de aprendizaje. Otro de los  contenidos escolares del área de lengua es la normativa del español. En  relación con la normativa ortográfica, el lenguaje inclusivo no representa  ningún problema, puesto que se escribe con las mismas reglas ortográficas  unificadas para todo el ámbito hispánico. El debate normativo surge porque  esos nuevos usos no están reglamentados y, por lo tanto, no hay una  referencia desde la cual determinar si están “aceptados” o son “correctos”.  Precisamente, debido a la novedad, es imposible que estas formas estén  presentes en diccionarios, gramáticas o libros escolares, puesto que estos  instrumentos sólo registran los usos ya asentados en las comunidades. El  hecho de que no figuren en un diccionario o en una gramática no significa  que no existan o que sean usos incorrectos. En consecuencia, su análisis  escolar es una instancia legítima de aprendizaje sobre cómo se usa la lengua,  cómo funciona su estructura y cómo conviven usos distintos en un mismo  momento histórico.

13 ¿Quién define si un uso es “correcto” o “incorrecto”? La necesidad  de determinar la corrección lleva a les hablantes muchas veces a consultar a  la RAE, que se presenta como si fuera una institución científica y neutral. Sin  embargo, aunque tiene un indudable rol en las decisiones en materia de  regulación lingüística, eso no significa que sea la única ni tampoco las más  autorizada. Existen universidades, institutos y centros de investigación, y  asociaciones de especialistas que a lo largo de todo el ámbito hispánico se  ocupan de analizar y difundir, a partir de metodologías rigurosas, fenómenos  lingüísticos históricos y contemporáneos del español. Por el contrario,  mientras que las academias buscan prescribir cuál es la opción “correcta” y  cuál la “incorrecta” en el uso de la lengua mediante muestras lingüísticas  selectivas y arbitrarias, otras instituciones se ocupan de describir,  comprender y explicar cuáles son las opciones efectivamente existentes,  quiénes las usan y por qué. En lo que respecta al “lenguaje inclusivo”, la RAE  ha publicado su posición desfavorable a través de consideraciones,  documentos, informes y recomendaciones. La Academia Argentina de  Letras, como institución que depende de la RAE, se posicionó también en  contra del lenguaje inclusivo en varias ocasiones.

14¿El lenguaje inclusivo es un fenómeno lingüístico o político? Las dos  cosas. Si bien la polémica sobre el lenguaje inclusivo es relativamente  novedosa en la Argentina a nivel social, el debate sobre la existencia de  formas sexistas en el uso del lenguaje lleva ya varias décadas. La actual  difusión del debate en nuestra sociedad no parece responder tanto a un  repentino interés suscitado sobre el lenguaje mismo sino, sobre todo, a las  sucesivas luchas de los movimientos feministas y LGBT+, que han logrado  instalar en la agenda pública temáticas de género que en otras etapas han  estado invisibilizadas o relegadas a espacios muy restringidos y han logrado  plasmar muchas de esas demandas en leyes que reconocen derechos antes  negados. Como todo fenómeno político de peso, estos procesos también  toman a la lengua como un campo de disputa. Las palabras “juez” o  “presidente” comenzaron a flexionar en femenino cuando se abrió la  posibilidad de que las mujeres fueran “juezas” o “presidentas”. En la  actualidad, el cuestionamiento de una concepción binaria y patriarcal de la  identidad de género tiene su correlato en el cuestionamiento del masculino  genérico y otras formas sexistas del lenguaje. Esto muestra que el papel del  lenguaje es central en la producción y reproducción de las desigualdades,  pero que también puede contribuir a la transformación y subversión de  subjetividades e identidades colectivas.  

En suma: todo fenómeno lingüístico tiene una dimensión política, y todo fenómeno político tiene un correlato en el uso de la lengua. 

PP

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