8M-Opinión

El futuro será feminista y verde o no será

Jóvenes por el clima, el movimiento argentino que dice que ni la tierra ni las feminidades son territorios de conquista.

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Mitzi vive en Filipinas con su familia y sus 10 perros. Disha, vive en India y hace 3 semanas fue arrestada por protestar frente a una serie de medidas que su gobierno quería tomar. Laura vive en Bogotá, Colombia, lejos de toda su familia que vive en el campo. Leonie vive en Alemania y está haciendo un master sobre energías renovables, ella es la única mujer en la clase. Greta vive en Suiza y sigue en el secundario. Si nos vamos a un ejemplo más cercano, Monse, una compañera travesti de jóvenes por el clima nació en Salta pero ahora vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Todas ellas tienen algo en común:  la lucha por la justicia climática y la igualdad de género como pilar central de su identidad. 

¿Por qué el movimiento climático es en mayor parte liderado por mujeres? ¿Cómo se relaciona el feminismo con la lucha ambiental?

Mi generación, además de ser protagonista de la lucha climática, también creció con la lucha feminista a flor de piel. Mi primera marcha fue el 2015, en el primer Ni Una Menos, cuando yo tenía 14 años. Era tan chiquita que tuve que pedirle a mi mamá que me acompañe, y le insistí tanto, que aceptó. Ahí fue la primera vez que veía a tanta gente junta, organizada para exigir algo. Me acuerdo que leía carteles como “Somos las nietas de todas las brujas que no pudiste quemar” y “Si nosotras paramos se para el mundo” y no podía creer que yo formaba parte de este colectivo. Desde ahí, o incluso tal vez antes, ser feminista es parte de mi identidad, y está presente en todo lo que hago o dejo de hacer. 

No es casualidad, que 4 años después, yo era una de las que estaba organizando, una semana después del 8M del 2019, la primera marcha internacional por la Crisis Climática en Argentina.  Algunos carteles se repetían en ambas marchas de ese año: “Ni las tierra ni las mujeres son territorios de disputa”. Aunque ahora, y después de charlarlo con Monse, una amiga y compañera de jóvenes por el clima, me parece que debería decir “Ni la tierra ni las feminidades somos territorio de conquista”

Ambas luchas tienen mucho en común, porque el modelo de explotación que nos trajo a esta situación en cuanto a lo ambiental es el resultado ante todo de una lógica patriarcal. Por eso el ecofeminismo explora la conexión entre la opresión de la mujer y la destrucción de la naturaleza, ambas son consecuencia del patriarcado. 

Ambas luchas tienen mucho en común. El modelo de explotación en cuanto a lo ambiental es el resultado de una lógica patriarcal. El ecofeminismo explora la conexión entre la opresión de la mujer y la destrucción de la naturaleza

Además, las mujeres son un grupo especialmente vulnerable al Cambio Climático. La sociedad en la que vivimos tiene problemas de discriminación estructural, por lo que cualquier crisis afectará de forma desproporcionada a personas que ya están discriminadas.  La feminización de la pobreza y la mayor vulnerabilidad de este grupo frente a la crisis climática, surge de que son las feminidades las que se ponen al hombro las tareas domésticas y de cuidado, que además de no ser pagas, están mucho más expuesta a las consecuencias de la debacle ambiental: fenómenos como sequías, inundaciones y falta de alimentos afectan con más fuerza a quienes se hacen responsables de solventar las necesidades familiares y/o comunitarias. Las mujeres son más vulnerables a desastres naturales. En 2015, 244 millones de personas de todo el mundo fueron desplazadas como consecuencia de la crisis climática (refugiados climáticos). 80% de esas personas desplazadas fueron mujeres, según la ONU.

Spoiler: A pesar de esto, la representación promedio de mujeres en los órganos de negociación climática nacionales y globales está por debajo del 30%. Sin embargo, las feminidades jóvenes tenemos un rol clave en los nuevos movimientos climáticos en crear nuevas culturas de liderazgo y romper el estereotipo que se espera de nosotras. 

Y para eso, tenemos que virar hacia una nueva cultura de liderazgos feminista. Cuando pensamos en un “líder” nos imaginamos a una persona que se impone, de carácter fuerte ,que habla alto, de forma decidida y con “buena presencia”. Este modelo de liderazgo, nos habla, sin embargo, de un líder masculino (y podríamos añadir blanco, heterosexual y enriquecido). Por eso, ser referente mujer hoy en día sigue siendo un acto revolucionario y feminista en sí mismo, porque implica romper con todo esto. 

Las soluciones ambientales tienen que incluir una perspectiva feminista y viceversa. La igualdad de género no debe ser conseguida a expensas del ambiente, ni las mejoras ambientales deben ser hechas con ojos ciegos a la desigualdad de género. 

Ni la tierra ni las feminidades somos territorios de conquista. 

El futuro será feminista y verde, o no será.

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