El Hormiga está atrapado en el tiempo. Imagina conspiraciones y ve “zurdos” por todos lados. Habla con un tono que recuerda al Coronel Hellman, el personaje de Federico Luppi en “Bajo Bandera”, con la voz áspera y el modo prepotente.
El Hormiga fue uno de los organizadores de la marcha que ayer juntó a un puñado de hombres y mujeres que en Plaza de Mayo pidieron la libertad de los genocidas condenados a prisión por haber cometido crímenes de lesa humanidad. Pero El Hormiga no pudo ir. El es uno de esos condenados y cumple arresto domiciliario, prisión perpetua.
Hace exactamente 8 años, el 29 de noviembre de 2017, el Tribunal Oral Federal N° 5 condenó a Orlando González, tal el nombre de El Hormiga, a la pena de prisión perpetua en la causa unificada ESMA que juzgo el accionar de 54 represores por la desaparición de casi 800 personas en ese centro clandestino de detención. Fue uno de los juicios más importantes y además de González otros de los condenados con la misma pena fueron Alfredo Astiz, Guillermo Suárez Mason, Antonio Pernías y Adolfo Donda.
En la ESMA, además de torturar y secustrar, El Hormiga pudo despuntar su otra pasión, la fotografía. En 1979, ganó el Gran Premio de Honor Cóndor de la Federación Argentina de Fotografía (FAF) por su retrato “La Parca”. La retratada, una detenida-desaparecida.
Esta semana, El Hormiga se enojó con el elDiarioAR por la cobertura que este medio hizo sobre la marcha negacionista. “Pensé que era una persona noble a pesar de ser zurdo”, fue uno de los mensajes que envió desde su arresto domiciliario.
La voz de El Hormiga parece una caricatura de lo que fue. El puñado de personas en Plaza de Mayo no pasaron los 40. Pueden parecer datos aislados, menores, pero no lo son. Otra de las organizadoras de la marcha es Asunción Benedit, fundadora de organización negacionista “Pañuelos negros”, una provocación que además de innecesaria deja al descubierto la falta de ingenio. Benedit es además la hermana del diputado nacional libertario Beltrán Benedit. Y es entonces cuando todo empieza a tomar otro color, porque el legislador es quien organizó el viaje junto a varios compañeros de bancada al penal de Ezeiza para visitar a los represores que allí se están detenidos, entre ellos, Astiz.
Pero si las amenazas caricaturescas de un genocida y la marcha del puñado de negacionistas ocurre en un Gobierno que, a su vez, es también negacionista entonces la anécdota de El Hormiga pasa a ser algo serio.
Es que esta semana se conoció un informe del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas (CAT) en el que se advierten sobre graves violaciones a los Derechos Humanos en Argentina a partir de la aplicación del protocolo antipiquetes y alertan por el desmantelamiento de las políticas públicas de memoria durante la gestión del gobierno libertario. Entre los señalamientos figuran: uso excesivo de la fuerza en protestas y manifestaciones; detenciones prolongadas e inhumanas en comisarías; malos tratos, torturas y muertes bajo custodia; condiciones de encierro degradantes; deficiente atención sanitaria, incluso en salud mental; abusos en comunidades terapéuticas e instituciones para jóvenes; y una casi nula investigación judicial de estos casos.
El informe se conoció poco después de que el subsecretario de Derechos Humanos, Alberto Baños, repitiera ante el Comité la postura negacionista de la gestion libertaria. El Gobierno no tardó en reaccionar ante las advertencias y acusó al CAT, un organismo de Naciones Unidas, de estar “abiertamente influido por grupos militantes y organizaciones con marcada orientación kirchnerista” y de mostrar “un sesgo ideológico incompatible con la imparcialidad que exige el sistema internacional de derechos humanos”.
Lo más curioso fueron los argumentos utilizados. Dijo que el organismo “omite graves abusos ocurridos durante el gobierno de Alberto Fernández”, y citó por caso las medidas de aislamiento en Formosa, el “vacunatorio VIP” y los “apremios ilegales y hostigamiento a trabajadores esenciales”.
En un país donde es el propio Presidente quien amenaza con eso de “zurdos van a correr”, la amenaza farsesca de El Hormiga poco tiene de chiste.
MG