Museos en pandemia

La incertidumbre de guardar el tiempo, ante un tiempo trastornado

La muestra virtual "Todavía insisto" fue la propuesta del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario

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Los museos en el mundo, a lo largo de los últimos 12 meses de pandemia, han tenido que alterar sus lógicas de funcionamiento, adaptando sus equipos de trabajo, sus esquemas pedagógicos y sus programaciones. Cuerpos colectivos resilientes: virtualidad, puesta en valor a puertas cerradas, activismo con perspectiva de género, diversas destrezas y dinámicas transversales a esta nueva era de los museos, sin omitir en este detalle los problemas presupuestarios, ante prioridades vitales que exceden las carteras de cultura.

Cabe recordar que, a lo largo de la historia, los museos han atravesado catástrofes, guerras, pandemias y ataques, de los que han salido fortalecidos. Sus colecciones pueden atestiguar de manera documental que su subsistencia es basal para el relato de nuestras historias, nuestras tradiciones y devenires, así como también para la recuperación de los pueblos y la prospectiva de nuestros horizontes comunes. 

¿Qué sucede en estos espacios ante el impasse impuesto por la pandemia? ¿Cuál es el después de los museos? ¿Qué impacto presentarán en las colecciones de hoy? ¿Qué lectura retrospectiva harán del desajuste de este tiempo? 

En una etapa de reconstrucción, cabría la crítica radical, abrir paso a un procedimiento capaz de autocrítica, en la que nuestra idea de patrimonio simbólico, como de territorio nacional, se banque explícitamente estar abierta a su propia transformación, a su reevaluación, a su autointerpretación, con una postura cuestionadora que aliente, en paralelo, un plan de acción en lo inmediato. Que incorpore las reflexiones, tanto de los públicos como de los trabajadores del arte, a las prácticas institucionales.

Las problemáticas que estos equipamientos culturales han presentado a lo largo del último año a nivel global fueron abordadas integralmente por diversos organismos científicos, técnicos, profesionales y políticos, ofreciendo nuevos conocimientos y esquemas de pensamiento, gestión e instrumentación. Atentos a las amenazas vinculadas con la conservación de los bienes patrimoniales, Unesco, ICOM y el Programa Ibermuseos están enfocando sus acciones en generar nuevos proyectos, con planificación a corto y mediano plazo, para la reapertura total de las instituciones. Al mismo tiempo, están atentos a los diversos contextos políticos, sanitarios y socioeconómicos de una amplia geografía. Así como sostienen redes transversales para compartir conocimiento emergente en la urgencia, promueven el intercambio de prácticas innovadoras vinculadas en la comunicación interna y externa, según las nuevas presencialidades y las virtualidades. Ante este esquema, aparece una nueva variante que siempre ha gravitado, pero que nunca se había vuelto tan plausible: la conectividad. Los museos, en tándem con la conectividad, han agudizado los canales de diálogo y la producción de conocimiento no dogmático, alimentando así la sensibilización artística.

Ante este esquema, aparece una nueva variante: la conectividad. Los museos, en tándem con la conectividad, han agudizado los canales de diálogo y la producción de conocimiento no dogmático, alimentando así la sensibilización artística.

Les propongo a los lectores tomarnos un espacio para recorrer distintos museos y exposiciones. Viajamos a Madrid: en el Edificio Sabatini del Museo Nacional de Arte Reina Sofía se exhibe, hasta dentro de pocos días, “La bondadosa crueldad”, exposición de León Ferrari. Dicho museo ha trabajado junto a la Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo (FALFAA, Buenos Aires) con la Embajada de la República Argentina en España. Los curadores de la exposición son Fernanda Carvajal, Javier del Olmo, Andrea Wain y equipo FALFAA. “‘La bondadosa crueldad. León Ferrari, 100 años’ es un proyecto curatorial colectivo y polifónico que propone un recorrido no lineal por la obra de León Ferrari. Intentando disolver la distinción binaria entre una fase abstracta totalmente diferenciada de otra política, que ha llevado a lecturas estatizadas y distantes de la obra de Ferrari, esta exposición pretende, en cambio, interpretar sus modos de accionar, intervenir y crear a partir de los roces y las continuidades entre experimentación formal y politicidad, como dos polos que se resignifican en distintos momentos de su trayectoria”, refiere el texto de presentación de este hito en las artes visuales argentinas en el exterior. Por su parte, el Museo Reina Sofía tiene sus puertas abiertas con acceso a la Colección 1, al Jardín Sabatini donde se exhiben las obras de León Ferrari y a las terrazas del Edificio Nouvel. Por otro lado, las sedes del Parque del Retiro, Palacio de Cristal y Palacio de Velázquez permanecerán cerradas hasta la reapertura del parque, fecha aún no definida por las autoridades pertinentes. 

En nuestras pampas, el sonido de los circuitos vinculados al patrimonio, las colecciones y las políticas públicas se presenta diverso y pleno de acción. Por lo pronto, en lo inminente, Marta Minujín inaugura “Pandemia” en el Museo Nacional de Bellas Artes, en su sede porteña. Una artista al pulso del borde abismal de las emergencias estéticas: desde el inicio de su carrera artística propone obra plenamente contemporánea, que organiza un repertorio visual en escala monocroma y remite tanto al puntillismo más refinado de la luz francesa, como al ruido blanco en señal aleatoria de las viejas TVs con su gráfica plana, “locura maniática, locura total, de negros y grises y blancos”, en la que los días y las escalas de grises resuelven el paso del tiempo. Pintura leída en movimiento. Minujín, siempre Minujín. También en Buenos Aires, el MACBA presenta “Neo Post, 50 años de pintura geométrica en la Argentina 1970-2020” con curaduría de Rodrigo Alonso, en la que se exhiben obras de Juan José Cambre, Silvana Lacarra, Alfredo Londaibere, Jorge Gumier Maier, Magdalena Jitrik y Kazuya Sakai, junto a otros grandes artistas.

Al habla con Carlos Gómez, subsecretario de Cultura de Río Grande, mientras de fondo se oye el paisaje manifestarse hermosamente, nos cuenta que el año pasado lograron que el Museo Virginia Choquintel sea parte del Registro Nacional de Museos Argentinos, lo que garantiza que dicho organismo fortalezca su trabajo tanto en términos políticos y comunitarios. Al mismo tiempo se detiene en rememorar que en diciembre pasado organizaron el 10º Encuentro Binacional de Museos Patagonia Sur, en el que participaron más de 20 museos e instituciones patrimoniales y culturales de Chile, Argentina y España. Refuerza que “en el marco del centenario de la ciudad de Río Grande, el museo es el eje desde donde se irradia la historia de las comunidades, por lo que hemos fortalecido mucho el vínculo con las escuelas y los públicos jóvenes, generando contenidos también para Ushuaia y Tolhuin, es decir otras ciudades, llegando a Rosario y a Buenos Aires. Logramos alcanzar a 1700 jóvenes con nuestras actividades. Y estamos a punto de volver a abrir las puertas con todo”.

En la ciudad de Santa Fe, el Museo de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas volvió a abrir sus puertas después de varios meses de trabajos de restauración, puesta en valor y actualización de los dispositivos en sus salas. Este museo cuenta con 2.000 piezas en su colección. La figura de la gran artista Josefa Díaz y Clusellas, primera pintora mujer del continente americano, posee una obra singular, costumbrista y legendaria. Gran parte de sus pinturas se han extraviado, alimentando así el mito de que la primera gran pintura fluvial del litoral llevaría su autoría. 

En conversación con Cecilia Quinteros Macció, directora del Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Navarro de San Miguel de Tucumán, nos adelanta: “Ejecutamos varios proyectos en redes sociales durante la pandemia, que mantuvieron la interacción con artistas y comunidad con una buena fluidez. Además, realizamos el Salón de Tucumán en el marco de la primera edición de la Semana de Artes Visuales de Tucumán, en un formato de exposición en una sala 360. En estos momentos los museos de la provincia no están abiertos aún, sin embargo, hicimos un proyecto con las trabajadoras del museo en la fachada del museo por el 8M y estamos trabajando con diversos proyectos en redes para difundir las propuestas ligadas a la mujer, ya realizadas en el museo con curadurías institucionales”.

Por su parte, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, faro emblema de las barrancas del Paraná, propuso la exposición/ciclo virtual “Todavía insisto”, cuyo título refiere a la obra de Federico Manuel Peralta Ramos “Todavía insisto (Oración-bandera)”. A partir de esta pieza, incluida en la muestra, es posible pensar que los emblemas patrios son constantemente reconfigurados al ser apropiados por artistas, ciudadanos y movimientos sociales para dar cuenta de diferentes sentidos y luchas. La actual situación de pandemia posiciona a este museo —y a sus equipos de trabajo— en un lugar de crisis. En esta nueva realidad, el museo asume como insumo a la coyuntura y se reapropia del sentido inicial de su proyecto. Continúa con un recorrido por las piezas que integran el proyecto “Lejos de todo lejos de ti”, los dibujos de la isla de Pauline Fondevila, artista francesa afincada en Rosario, acompañados por sus producciones escritas y musicales. Asimismo, “Pensar es un hecho revolucionario” de Marie Orensanz puso en foco su manifiesto “Eros”, obra de 1974 compuesta por doce frases, fundante en su carrera. Esta iniciativa cierra con proyectos de las artistas invitadas Claudia del Río y Pauline Fondevila.

Marisa Baldasarre es Directora Nacional de Museos, parte del equipo de la historiadora, investigadora y curadora de arte Valeria González, a cargo de la Secretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación. En conversación con esta cronista, Baldasarre hace un alto en su agenda y desde el Palacio San José responde algunas preguntas que se le formulan teniendo en cuenta su vasta trayectoria en el ámbito de los museos a nivel internacional. Integra la mesa y el comité técnicos de Ibermuseos, entre otras credenciales académicas y profesionales. Conversamos sobre cómo piensa la corporalidad, la experiencia sensible, la nueva presencialidad en los ámbitos museísticos, tanto para sus públicos como para todo el esquema de funciones de los museos nacionales. Además, de qué manera esta experiencia global transformará el conocimiento que se produce y trafica a través de los museos en todo el territorio federal.

En un proceso de reconstrucción nacional inminente, ¿cómo se están planificando los museos y su función comunitaria en tiempo presente, activando la memoria a través de su patrimonio, con ejercicio de futuro? 

Desde la Dirección Nacional de Museos y en este momento de apertura, todavía transcurriendo la pandemia, nos encontramos primero con las demandas de las comunidades por asistir a los museos. Creo que nunca como antes, los museos, al menos en la Argentina, aparecen configurados como sitios de encuentro y cobijo. No son, ni pueden ser, los mismos que eran antes del cierre. Transitamos la emoción de lo que significó reabrir los museos con conciertos de música, performances, lecturas públicas, proyecciones colectivas de películas, encontrando a lxs músicxs enunciando que hace meses que no se reunían a tocar, o cineastas diciendo que era la primera vez que su película se proyectaba con público “presencial”. Me parece que una de las grandes cosas que se perdió con el ASPO no fue la posibilidad del disfrute y el consumo artístico-estético que, de alguna manera y como pudimos, cada unx recreó en el entorno doméstico, sino la posibilidad de compartirlo y experimentarlo juntos a otrxs. Reconozco que los museos permiten esa dimensión colectiva de las experiencias que nos fue vedada durante meses y que se volvieron a habilitar a partir del reencuentro en estos espacios físicos particulares, experiencias que en general estuvieron atravesadas por la emoción, la angustia y la catarsis que significó y significa volver a encontrarnos a disfrutar en la proximidad de nuestros cuerpos.

En referencia a las líneas estratégicas de Alberto Fernández, ¿existe un mapa político cultural federal de nuestro patrimonio y colecciones que se articule con las temáticas del Gabinete de Promoción Federal?

La dimensión federal es un eje central de las políticas de todo el Ministerio de Cultura y de la Secretaría de Patrimonio en particular. El mapa de los museos nacionales es muy desigual en términos territoriales: 18 museos nacionales se encuentran en CABA y solo 8 en el resto del territorio argentino, todos desplegados desde Buenos Aires hacia el norte del país. Esto deja un mapa parcial y con grandes extensiones y comunidades vacantes en términos de museos nacionales. Entonces nuestra idea es trabajar en una doble vertiente. Por un lado, enfocándonos en las regiones y provincias donde existen museos nacionales para que estos puedan funcionar como centros de irradiación de políticas hacia comunidades más vastas, como comunidades originarias o rurales o colectivxs de artistas contemporánexs, que quizás no constituyeron los primeros destinatarios de museos ideados, por ejemplo, como museos históricos. Por otra parte, resta el gran desafío de cómo lograr una proyección federal en regiones donde no hay museos nacionales, y entonces estamos trabajando en el diseño de cursos de formación que apunten al intercambio entre profesionales y trabajadores de la cultura de toda la Argentina, en facilitar por ejemplo el traslado de obras de artistas para participar del Salón Nacional de Artes Visuales desde las diferentes regiones del país, o en clínicas para creadores jóvenes en donde los museos funcionen como nodos de territorios mayores. Del mismo modo, estamos trabajando en iniciativas como encuentros o jornadas, organizadas desde los museos de las provincias en otras ciudades que no tienen museos de nación. Es un desafío que nos atraviesa y una deuda lograr una proyección federal donde los proyectos no sean gestados desde Buenos Aires, sino que esa política precisamente potencie y ponga en el centro las particularidades y diversidades de cada localidad.

El año pasado el lema para el día de los museos fue “Museos por la igualdad: diversidad e inclusión”. Para este próximo día internacional de los museos, ¿cuáles serán las propuestas? 

Estamos todavía trabajando con esta agenda, pero ya te diría que la perspectiva de género atenta a las mujeres, disidencias y diversidades y la perspectiva federal serán las claves.

A vuelo de pájaro, y con la notable experiencia que posee en el estudio de colecciones y organismos vinculados al patrimonio en el contexto internacional, en referencia a ICOM e Ibermuseos, ¿cuáles son los nuevos paradigmas vinculados a los museos que surgen después de un año pandémico? 

Me parece que el gran paradigma que entró en crisis es el museo masivo, con exposiciones ‘blockbusters’ que se nutren del turismo y dependen de la taquilla. Ese no es, ni ha sido, el modelo de acción de los museos nacionales, en general gratuitos y abiertos a todo público. Los museos tuvieron que reinventarse en sus redes y estrategias virtuales, los programas públicos cobraron una relevancia inusitada, pero lo más importante: ante la imposibilidad de los grandes desplazamientos de seres humanos, la mayoría de las instituciones se tuvieron que redefinir como nunca en relación con las demandas y deseos de sus comunidades más próximas, aquellas que fueron sus primeras interlocutoras y que dieron razón de ser a sus patrimonios fundadores.

El testimonio de Baldasarre es un bálsamo esperanzador en un mar que se pulveriza rumbo a monetizar los museos. Las políticas culturales, sean las públicas o las autogestivas, deben dormir con un ojo abierto. Deben prestar atención a sus espacios de conformación comunitaria, a sus historias y a sus lógicas de agenciamiento. Se espera, de las primeras, que esta crisis planetaria se convierta en una oportunidad para evidenciar la contribución fundamental de los museos al abrazo de nuestros pueblos. Recurro al precioso y flamante libro del gran Ticio Escobar, Aura latente: “La llamada ‘Economía naranja’ ocupa un puesto importante en esta cruzada: la creación deviene en ‘creatividad’, así como la fantasía y la imaginación se vuelven factores de ‘innovación productiva’, todas al servicio de las lógicas empresariales corporativas y, por ende, en desmedro de cualquier política pública aplicable en ámbitos culturales”.

LS

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