Columna nómade Opinión

John Cassavetes dirige

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Los grandes poetas influencian por wifi. En el ya famoso tercer capítulo de la última temporada de Succession hay -además de los personajes que interpretan los actores- un personaje más que es la cámara, que se mueve inquieta, íntima, metiéndose entre medio de los intérpretes. La cámara -en Succession- es un personaje y es un estado de ánimo. Y ese capítulo tres jamás se hubiera hecho de esa manera si no hubiera existido antes el cine de John Cassavetes

Cassavetes en su momento fue un actor y un director inspirado, pero tardó mucho tiempo en poder imponer su estilo fílmico, su manera de actuar. En ese sentido, sólo los que lo rodeaban -amigos, actores, productores, su familia- sabían que estaban trabajando con un genio. Es necesario siempre que dos o tres personas confíen en tu genio para poder sostenerte y avanzar. 

Ver una película de Cassavetes era y es una experiencia extraterrestre. La primera que vi fue Mujer bajo influencia. En el cine. No recuerdo quién me llevó o por qué la fui a ver. Sé que no estaba informado sobre el mito Cassavetes y que de golpe me encontraba con una historia de amor desesperado y una frase que decía Gena Rowlands mientras movía sus brazos con un tic nervioso que era una marca de su personaje: “Creo que estoy casi loca”. Los que alguna vez vivimos en una familia, sabemos que esa frase lo dice todo. ¿Quién no está casi loco? ¿Por qué salimos a trabajar? ¿Elegimos rutinas para los días feriados? ¿Por qué nos juntamos a vivir en una madriguera con un televisor y un refrigerador? ¿Y el sexo? Esos pocos minutos por los que tantos caminan cuesta arriba. 

Vi Husbands, otra gran película de Cassavettes, una noche en un microcine que ya no está. Era la historia de la errancia de unos hombres a los que se les había muerto un amigo y una forma particular de practicar el duelo por esa muerte. Una vez llamamos a un amigo de mi padre, Fena, para que le anunciara a mi viejo -que ya tenía 80 años- que su amigo del alma, Milo, al que no veía hace mucho y por el que preguntaba tanto, se había muerto. Fena decidió que se lo dijéramos -que él se lo iba a decir, en el almuerzo- . Así que mientras comíamos Fena, mi padre, yo y mis dos hermanos, esperábamos el momento en que lo dijera. Entonces Fena dijo: “Juan, ¿viste Milo?”. “Si”, dijo mi viejo. “Bueno”, dijo Fena y tardó en terminar la frase, “está en Brasil”. Con mis hermanos nos miramos sorprendidos. “Ah, entonces se va a quedar ahí, ¿no? Siempre le gustó Brasil”, dijo mi viejo. Y todos seguimos comiendo. Cassavetes podría haber filmado esta escena. 

El cine de Cassavetes es un lienzo donde los actores y las situaciones que se crean son más importantes que la trama -en eso tiene algo de Chejov- . Uno nunca sabe cuánto puede durar una escena de Cassavetes y aparecen ciertos personajes secundarios que toman la escena y después no vuelven a aparecer nunca más en la película, como suele pasar a veces en la vida real. Los hermanos Cohen -en Fargo- hacen que aparezca un personaje -un japonés que fue al colegio con la mujer policía que interpreta Frances Mc Dormand- y que larga un monólogo increíble y después se borra del film. Eso es Cassavetes.

Cuando era chico, en mi barrio, entre las dos avenidas principales, un tramo que abarcaba cinco cuadras, había cinco cines. Ahora no hay ninguno. El cine es diversión, pero también es metafísica. ¿A dónde se fue toda esa metafísica? ¿En que mutó? ¿Qué dice del tipo de barrio que tenemos cuando ya las personas no salen de su casa y van a ver historias para, a su vez, contarle a los vecinos o amigos que en tal o cual cine, acá nomás, hay una historia increíble? Las personas vuelven calladas de la guerra y del trabajo. No tienen más experiencia ni vida privada. Algo que abundaba en los personajes desesperados de Cassavetes 

A comienzos de los ochenta, Cassavetes está por filmar la que será su última película Love Streams. Y le pide a Michael Ventura –un escritor y periodista- que forme parte del rodaje para que dé cuenta de cómo se filma una película inestable. Una película al tuntún total. El libro de Ventura se acaba de publicar en nuestro país por Entropía y se llama Cassavetes dirige (En el rodaje de Love Streams) y es una verdadera joya para comprender la potencia del cine de Cassavetes. Nadie sabe todo lo que puede un cuerpo, decía Spinoza en la ética. Bueno, en el libro de Ventura, un Cassavetes que sabe que está enfermo de cirrosis hepática y que pronto va a morir no para un minuto porque ya no le queda tiempo. ¿De dónde surgen las historias? Cassavetes le dice a Ventura: “Uno siempre, borracho, sobrio o como sea, puede volver al lugar donde vive. Hasta que se desvía. Y es ahí, creo, cuando no encontrás el camino de vuelta a casa, que vale la pena hacer una película. Porque eso sí me resulta interesante”. Los gnósticos pensaban lo mismo. 

Todas las película de Casavettes hablan de esa cosita llamada amor -que en definitiva es el misterio-. En la página treinta y uno del libro de Ventura, dice John: “Ese fue el mayor descubrimiento que hice en mi vida: que el amor se detiene. Como un reloj. O como cualquier otra cosa. Hasta que le damos cuerda y empieza de nuevo. Porque si se detiene para siempre estamos muertos”. Y después agrega una frase genial: “El amor es la habilidad de no saber”. Ventura lo glosa y piensa en esa frase que le va a resonar en la cabeza durante mucho tiempo, hasta que llega a una conclusión: “Ahora creo que John quiere decir: a menos que uno asuma que hay aspectos, honduras, tipologías de la persona amada que nunca va a conocer, tocar o siquiera sospechar, a menos que acepte eso no va a amar de verdad, sino apenas completar los espacios en blanco con sus propias preferencias, sus propias suposiciones”.

Con la película Gloria (1980), Cassavetes tuvo un éxito comercial. El perfecto asesino (1994), de Luc Besson, está inspirada en Gloria. En Gloria, es una mujer la que debe defender a un niño de la mafia. Ver las dos películas es una experiencia interesante. Después de ver Gloria necesitamos ir a un psiquiatra, después de ver el El perfecto asesino, podemos ir a cenar. 

FC