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Opinión
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Peña, Erdogan, Milei, ¿en qué se parecen los que ganan?

Partidarios de Recep Tayyip Erdoganl agitan sus banderas mientras el presidente y candidato turco habla desde sede del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) en Ankara, capital de Turquía, el lunes 15 de mayo, un día después del domingo en que salió vencedor de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. El balotaje será el 28 de mayo.

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Perón cumple, Evita dignifica. Hombres sin mujeres políticas a su lado, Santiago Peña, Reccep Tayyip Erdogan y Javier Milei ya cumplen cuando dignifican. El presidente electo paraguayo, el ganador de la primera vuelta de las presidenciales turcas y el presidenciable argentino alto en los sondeos de intención de voto a primera vista no se parecen tanto. Pero sus electorados, que son los que deciden el futuro, se parecen mucho entre sí. En términos gruesos, son los más pobres, los menos educados, los más masculinos, los menos agnósticos (los más religiosos, antes que los menos laicos). Electorados que buscan lo que encuentran, en sus candidatos y en la comunidad que conforman con sus votantes. Dignidad, self-respect, honor. Los partidos centristas y los progresistas, que disputan cómo distribuir la renta y de qué modo y hasta qué punto avanzar en una promoción social con nuevos derechos y agenda ambientalista, animalista, étnica, de género, les faltan el respeto.

Cuando el gobernador de la provincia argentina de Buenos Aires, ex ministro de Economía nacional, Axel Kiciloff, afirma que “nuestro gobierno es un gobierno de científicos”, es muy exacto en su definición. Y muy preciso en su contraposición a la anterior administración nacional en la Argentina. El gobierno del presidente Mauricio Macri había sido 'un gobierno de CEOs'. Durante el año de la pandemia, las derechas e izquierdas europeas y americanas se opusieron según ese mismo eje. La bolsa o la vida, la economía vs la ciencia. Cuarentenas más severas adoptadas por los oficialismos o reclamadas por las oposiciones más a la izquierda (con la excepción del México de AMLO), confinamientos más relajados y circunstanciados en las administraciones más a la derecha (con los presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro como abanderados de libertad personal de movimiento y el desprecio por el establishment médico).

Ni científicos ni CEOs

El electorado de Trump y de Bolsonaro, como el de Peña, Erdogan o Milei, no representan ni las élites del saber ni las del dinero. Si votan por Trump, no es porque sea millonario, ni CEO. Lo votan porque los representa, como Macri, con su discurso meritocrático, jamás podría. Lo votan por una libertad de lenguaje sin freno que el ex alumno del Cardenal Newman jamás se ha permitido en público. Otro tanto ocurre con el ex capitán del Ejército y ex diputado federal por 19 años en Brasilia. En EEUU, conviene no homologar a la ciudadanía con el padrón electoral de votantes. En la población norteamericana, la mayoría tiene menos de 40 años y los blancos son la primera minoría. Entre quienes se han inscrito para figurar en el padrón electoral, la mayoría son varones blancos de 53 años o más.

En las últimas elecciones presidenciales brasileñas, todas las demoscopías fallaron al no entrever ni el elevado número de votantes de Bolsonaro en primera vuelta ni la baja capacidad de victoria de su rival y actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva. En las últimas elecciones presidenciales paraguayas y turcas, los sondeos y los medios magnificaron con regocijo las posibilidades de derrota del Partido Colorado, que gobierna desde hace décadas, y del Partido de Dignidad y Justicia (AKP), que gobierna desde hace décadas. Las victorias de unos y otros fueron arrolladoras. El 'voto oculto', el de aquellos votantes que se escabullen a declarar su opción ante encuestadoras que conjeturan que les reprocharán su preferencia 'antidemocrática', es un fenómeno cada vez más frecuente, casi regular.

Tanto en las elecciones de Paraguay como en las de Turquía, la victoria fue para lo que en guaraní se llama ñande reko, 'nuestro modo de vida'.

La Secretaría de Estado ha enviado como embajador a Paraguay, sociedad conservadora, a un funcionario gay, que vive con su esposo en la Embajada de Asunción. No escogerían en Washington a un diplomático de las mismas cualidades para Arabia Saudí, ni siquiera para Marruecos. El Embajador ofrece conferencias de prensa para informar que el Departamento del Tesoro considera muy corrupto al ex presidente Horacio Cartes, padrino del electo 'Santi' Peña -bastaba clickear en la página de la dependencia administrativa de EEUU correspondiente, para anoticiarse.

En su campaña, Erdogan calificó a todas y cada una de la fuerzas de oposición como “lgbtosas”, agentes de un golpe de Estado contra la nación turca. Tanto en Paraguay como en Turquía, la victoria fue para lo que en guaraní se llama ñande reko, 'nuestro modo de vida'.

Comeback Kids del rock chabón

El recuerdo más lejano de la pandemia, el muy cercano del terremoto en Turquía, las penurias económicas, todo contó tan poco a la hora en que las mayorías dirimieron la elección con su voto, que la conducta desconcertó a muchos analistas, para quienes irracional e inesperado son sinónimos. Otro tanto ocurre en Guatemala, donde la favorita para ganar las elecciones presidenciales del 25 de junio es Zury Ríos, candidata de la coalición derechista Valor, e hija del ex dictador (y pastor pentecostal) Efraín Ríos Montt.

En las presidenciales turcas, por primera vez toca a Erdogan disputar la presidencia en balotaje. A lo largo del siglo XXI ganó con mayorías suficientes para ahorrarle un balotaje. Es cierto que el AKP obtuvo menos votos. Sin embargo, si se suma el total de la coalición, la victoria del domingo 14 de mayo es superior a cualquiera de las anteriores.

La mengua del partido Justicia y Dignidad (AKP) de Erdogan se debe a que han crecido en número de votos los partidos islámicos coaligados con él. Este dato deja ver con claridad otro más, no desconocido, pero acaso desatendido. El islamismo del AKP es de índole religiosa y política muy diferente a la de movimientos fundamentalistas o integristas como los Hermanos Musulmanes en Egipto o el salafismo en la Península Arábiga. Había sido ante todo, en sus inicios, un rasgo de plebeyismo enfrentando al laicismo de las élites, de la casta burocrática del Estado y del empleo público. En la actualidad, demostrado su antieletismo, no le hace falta a Erdogan sustentarlo en el Islam, y esto drena apoyos, estos si más intrínsecamente religiosos, a alas subsidiarias de la coalición electoral.

Antes de las elecciones paraguayas, el desprecio cultural de las clases urbanas e ilustradas por el votante colorado había alcanzado un paroxismo y una expansión nunca antes vistas. El Partido Colorado fue el del antielitismo, el del 'valle' que triunfa sobre la 'loma', como nunca antes.

En la Argentina, el ex ministro de Economía menemista y delarruista Domingo Cavallo puede enternecerse al borde de las lágrimas cuando ve en la popularidad de Milei un inusitado entusiasmo joven por el liberalismo. No hay por qué dudar de la sinceridad del propio Milei, ni en su credulidad en las perfectas, aceitadas, ínfimas relojerías de Friedrich von Hayek, de Ludwig Mises, de Milton Friedman. La misma fe inconmovible, la misma desenvoltura complaciente que exhibió y desplegó con autoridad la joven premier conservadora Liz Truss, a quien escasas semanas en el n°10 de Downing Street bastaron para hacer tambalear a la libra esterlina y estropear el desempeño futuro de los fondos previsionales británicos. El electorado que dice votar a Milei ya vio fracasar a CE0s y a científicos. No quiere un giro copernicano, ni una vieja Ciencia Nueva. Tampoco quiere que se vayan todos. Quiere una sociedad sin castas, igualitaria, donde las raciones de respeto sean las mismas para todos.

AGB

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