Podcast - Sobremesa

Sourrouille y la importancia del Ministerio de Economía en Argentina

RH: Hola, Pablo, ¿cómo estás?

PG: ¿Cómo te va?

RH: ¿Qué tal? ¿Bien? Hace pocos días falleció Juan Vital Sourrouille, el gran ministro de Economía de Alfonsín. Si bien Alfonsín había comenzado con Bernardo Grinspun en el Ministerio de Economía, un economista de la 'vieja guardia' radical, los problemas que la Argentina tenía en ese momento y que Grinspun no pudo enfrentar, hicieron que en febrero del 85 Sourrouille entrara al ministerio. Y esos problemas eran fundamentalmente -o quizá el que estaba más en la superficie- una inflación alta y persistente. Por supuesto, había otras cosas. Y es Sourrouille la figura con la que asociamos la transición democrática, el creador del Plan Austral, junio del 85, de los momentos más felices del gobierno de Alfonsín. Pero yo diría, fundamentalmente, el ministro de la transición democrática, el ministro de Alfonsín. Y a propósito entonces del fallecimiento de Sourrouille quería invitarte a conversar un poco, si querés decir algo sobre Sourrouille, por supuesto, porque vos conociste y es parte de tu historia, pero también sobre el significado y sobre la historia de la figura del ministro de Economía o de Hacienda, porque esto tuvo varios nombres, en la trayectoria de nuestro país. Si te parece arrancamos por ahí.

PG: De acuerdo. Dejame decir entonces unas pocas cosas de Sourrouille y después algo más amplio sobre el Ministerio de Economía. Juan es una novedad en la historia, ya no de la democracia naciente sino del radicalismo. Y una novedad que generó desconfianza, porque es el primer ministro con saberes técnicos y pergaminos económicos convocado al Ministerio de Economía. Y su carácter de extrapartidario le generó una desconfianza muy grande inicial dentro de la Unión Cívica Radical y aún dentro del Gobierno de Alfonsín. Por supuesto, salvo Alfonsín, que fue quien lo convocó. Una cosa llamativa de él es cómo, por su destreza técnica y sus no tan conocidas habilidades políticas, él logró sortear ese momento de desconfianza inicial y, como pudiste ver en estos días, ser despedido por el partido entero, pero también, yo diría, por todo el arco político con con mucho afecto, con mucha calidez te escuché decir a vos. 

RH: Ese fue un punto muy notable. Una persona que hace mucho tiempo no hablaba que fue despedida con respeto y con afecto. Con aprecio y con afecto.

PG: Así es. 

RH: Aprecio profesional, afecto personal. 

PG: Entonces, hay un primer rasgo de él que tiene que ver en la relación de él con el radicalismo, digamos. Hay un segundo aspecto, que a mí me parece que hay que anotarlo, porque además a mí me consta que era parte de sus obsesiones intelectuales, que era el tema de la relación entre el ministro de Economía y el presidente. Él era en ese sentido, puede ser que en buena medida por el hecho de, vos lo dijiste recién, de ser el ministro de la transición democrática, Juan era de los pocos ministros de Economía de la historia de la democracia que creía firmemente en la subordinación de la economía a la política. Esto no quiere decir que Juan no discutiera con Alfonsín, no le hiciera notar los costos que podían tener ciertas decisiones de Alfonsín, pero él sabía que había un norte muy nítido, que era el de llegar hasta el final y que Alfonsín entregara la banda presidencial y siempre se sujetó a esa prioridad potente que tenía el Gobierno. Digo esto porque después vinieron otros ministros que más bien compitieron con sus presidentes. Estoy hablando de Cavallo con Menem o estoy hablando de Lavagna con Kirchner. Él no fue eso. Ese es el segundo punto que quería decir. El tercer punto, y con esto termino porque ya se ha hablado bastante de él, el tercer punto que me gustaría hacer sobre Sourrouille es respecto a algo que vos acabás de decir, que es su retiro de la vida pública después de abandonado el ministerio. Yo quiero poner un matiz en esa idea. Él se retiró de las marquesinas, se retiró de las luces del centro, pero estuvo muy lejos de retirarse de la vida política. Fue un amigo y asesor, un interlocutor, de Alfonsín no solamente en el campo económico sino en todos los campos que a vos se te puedan ocurrir, en el campo militar, en el campo de las relaciones internacionales, en el campo de la vida laboral. Un interlocutor de Alfonsín todo el tiempo hasta la muerte de Alfonsín. Y un interlocutor importantísimo para Alfonsín. No digo que fuera el único, pero era muy importante. Quiere decir que su actividad era una actividad política diaria. Recién uno puede hablar de algo parecido a un retiro en 2009. Quiero decir con esto que uno puede dividir del 89 al 2009, un Sourrouille activo. Y del 2009, estoy hablando de la muerte de Alfonsín, obviamente, hasta la muerte de Juan, ahí sí yo diría un retiro, una cosa más monástica. Esos me parece que son algunos de los rasgos de Juan que no vi anotados y que lo distinguen de otros ministros de Economía que han tenido otras características. Esto es lo que yo diría sobre Juan. Y tiro unas primeras ideas sobre el tema que propusiste. ¿Cuando nació el Ministerio de Economía? La primera cuestión es que en el pasado no se llamaba ministerio de Economía, se llamaba Ministerio de Hacienda. Y Ministerio de Hacienda quería decir alguien que podía ser un abogado y que anotaba los números de las finanzas públicas y que en todo caso salía a tomar un préstamo en el exterior cuando hacía falta y después se preocupaba por ver cuando había que pagarlo. Entonces, la pregunta es: ¿cuando aparece el Ministerio de Economía como un Ministerio de Economía o de Hacienda y Economía o como lo querramos llamar, en donde la imaginación económica aparece en el centro de la escena? Y yo coincidiría ahí con Tulio Halperín Donghi en el ensayo preliminar de La república imposible -no sé si es si vos compartís esta idea; si no, la charlamos, la discutimos un poco- yo creo que eso aparece con Federico Pinedo y Raúl Prebisch en el 33 y sobre todo en 1940. Ahí yo diría que nace un Ministerio de Economía con saberes técnicos muy relevantes, muy importantes y que se desmarcan de las puras cuentas públicas.

RH: Estoy de acuerdo. Dejame ilustrar el argumento con algunos nombres. ¿Quiénes fueron ministros de Hacienda en el medio siglo anterior a los 30? Dalmacio Vélez Sarsfield, por ejemplo. Mariano Fragueiro. Nombres que no nos dicen nada. No existen. Y cuando uno piensa, bueno, las grandes crisis de fin del siglo XIX, los nombres que ahí aparecen como el piloto de tormenta no es el ministro de Hacienda.

PG: Es el presidente.

RH: Es el presidente.

PG: Avellaneda.

RH: Sí, Avellaneda. Pellegrini. Son esos nombres. El otro es una persona que está ahí en las sombras. Y recién en los 30, efectivamente, creo que se configura un escenario nuevo, que tiene que ver también por supuesto con el hecho de que la economía comienza a tener una una especificidad nueva con la creación de la facultad, con la formación de técnicos, esas personas sospechadas en la época. Sospechadas sobre todo por los abogados, que eran los que hasta entonces cortaban el bacalao. Y en los años 30 entonces aparece eso que, ese Pinedo, pero también Prebisch, esa idea del trust de cerebros.

PG: Trust de cerebros quiere decir equipo. Es lo que después llamamos equipo.

RH: Exactamente. Y ahí, yo me acordaba, bueno, uno de los que detectó esa novedad, Lisandro de la Torre. ¿Por qué? Porque en el Parlamento Lisandro de la Torre, un opositor, apunta sus cañones no sólo contra el presidente, sino también contra Pinedo y esos jóvenes que están hablando un lenguaje rarísimo. Entonces ahí hay algo nuevo. Hay algo nuevo que comienza una trayectoria ascendente pero todavía, yo diría, suave en la medida en que por un tiempo largo la figura del presidente va a tener mucho más relieve.

(...)

Transcripción parcial de la conversación

RH/PG/CRM

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