Opinión

¿Terminaron los años ochenta?: Deuda, billetes y destape

Foto que integra la muestra Paz, Pan y Trabajo. En el centro el sindicalista Saúl Ubaldini en la marcha del 7 de noviembre de 1981.

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¡Los sesenta fueron tres putos años nomás!

Los Fundamentalistas del aire acondicionado

¿Y los ochenta? ¿Cuántos años fueron los ochenta? ¿Acaso alguna vez se han terminado? Una foto viviente. Ésta foto forma parte del archivo Hasenberg-Quaretti e integra la muestra Paz, Pan y Trabajo, registro fotográfico de la marcha del 7 de noviembre de 1981, organizada en un trabajo conjunto de distintas áreas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Tal como allí se señala, se ve al dirigente cervecero Saúl Ubaldini al lado de ciertos sectores eclesiásticos (son los que comienzan a organizar movilizaciones inspiradas en los principios del documento “Iglesia y Comunidad Nacional” de la Conferencia Episcopal Argentina de ese año). Esta “Multipartidaria” (que no es un todo, la democracia nace sin Mugica) coincide con la grabación del disco Wadu Wadu, de Virus, su álbum debut: el declive de la dictadura militar entra en las caras pícaras, desafiantes y musculares de los hermanos Moura. La década de esas cositas fuera de lugar: una monja en el primer cordón de esa histórica movilización; una letra de este grupo sacudida por Roberto Jacoby “que juegos tan deliciosos / estamos inventando entre todos”. New Wave y rosario. Fotos y no películas. Y lo que todos encontramos en algún libro, algún sobre o algún rincón esta cuarentena: monedas. Billetes. La otra cronología argentina: Peso argentino, vigente a partir del 1° de junio de 1983; Austral, vigente a partir del 15 de junio de 1985; y el actual Peso, vigente a partir del 1° de enero de 1992. Herencias bifrontes.

Adentro de los ochenta técnicamente está todo: la dictadura, la vuelta de la democracia con Alfonsín, el triunfo electoral de Carlos Menem. Como el “largo siglo XIX” de Eric Hobsbawm: una década larga, tan maciza como fractal, que tiene encima una guerra (Malvinas), la transición (democrática), el mundial (86), Juicio a las Juntas, levantamientos militares, leyes como la de Divorcio, deuda externa, hiperinflación, la “lluvia del siglo”, rock hasta por los codos, Parakultural y el Oscar a La historia oficial, revistas a rolete y ese rumor: nunca se cogió como en los ochenta. “Los ochenta” tiene mil periodizaciones encima, aunque en general armadas desde “los setenta” (en bruto: una década sobre pensada contra otra sub pensada). Pero no hay secciones completas en los anaqueles de la historia. El pasado está destinado a cambiar. 

La profesora y doctora en Historia Natalia Milanesio –autora del extraordinario Cuando los trabajadores salieron de compras– agarra esta joya caliente y bucea en los años ochenta en la reciente publicación de El destape. Cuya imagen de tapa –de Pippa & Rompo– metaforiza la costura entre economía y política, la fundición de los órdenes, cuántas cosas se meten adentro del sobre del voto. Milanesio propone una reconceptualización del “destape” como “momento histórico único de renegociación erótica” en “la compleja relación entre democracia, libertad y sexo”. Agarra esa caja negra de la década que es su sexualidad –la producción cultural de la sexualidad– a partir de cinco ejes: la sexualización de los medios y la cultura (la estrella del escenario democrático es el sexo, señala, revistas eróticas y pornográficas salieron a la venta apenas unos días después de la asunción de Alfonsín); los mensajes contrapuestos del destape (las cachetadas de Amo y Señor; la Camila, de María Luisa Bemberg; las películas sexplotation); la sexología y la búsqueda del placer; la planificación familiar y la educación sexual en democracia; feministas, activistas gays y lesbianas en la lucha por los derechos sexuales como María Elena Oddone, Ilse Fuskova o Carlos Jáuregui. 

Cuántos ochenta hay en los ochenta: el recorte de Natalia Milanesio pela una de sus contradicciones, su herencia sexual, no como aquella que se centra en esa coreografía uno a uno sino como aquella que encuentra en el sexo un flujo más (si todo es, nada es). Destape, entonces, es tanto el contexto de producción de ‘”La fiera” de Maitena como de los personajes femeninos de No toca botón. Tanto Otra historia de amor, “una interpretación realista y pionera del amor gay en el cine”, como “el personaje caricaturesco de Huguito Arana en televisión”. De este modo, híbrido, el destape “combatió y reprodujo simultáneamente representaciones tradicionales de la sexualidad femenina”. La colaless (el fetiche de la década es el cola) y el orgasmo clitoridiano, defendido hasta en las revistas y las películas de modo explícito. El “destape” no se dimensiona sin la dictadura, que cobra fuerza sexual, por ejemplo, en este hallazgo sobre el que escribe Milanesio: “la periodista Alcira Bas recordaba que la revista de salud Vivir solo publicaba fotos de pareja que lucían alianzas de casamiento”. U otro: “La Liga por la Decencia condenaba a la prensa por el extendido uso del término ‘pareja’”. La vertiginosa y escalada transformación que adquiere la sexualidad queda manifiesta en esta cifra: “Si a principios de los setenta el 80% de las mujeres era virgen al contraer matrimonio, una encuesta revelaba que solo el 17% lo era a mediados de los ochenta. Esto demuestra el crecimiento exponencial del sexo prematrimonial entre las décadas de 1960 y 1980”. Muchos libros contienen, propulsan y emergen de este libro. Los que lo rodean y los que lo rodearán (sobre el rock, sobre las sobrevivientes, sobre otras series “contraculturales”). La dictadura no es un bloque y tenía su parte “cabaretera”. Líneas paralelas: lo permitido, lo prohibido, lo posible, lo vulgar, lo moderno, lo democrático. 

La dictadura no es un bloque y tenía su parte “cabaretera”. Líneas paralelas: lo permitido, lo prohibido, lo posible, lo vulgar, lo moderno, lo democrático.

Nancy Fraser señala que el capitalismo es un orden social institucionalizado. En esta visión ampliada del “capitalismo” escribir sobre los años ochenta es la escritura de la “y”, del borde entre economía y política. Y de qué hizo el sexo con lo que hicieron de él. Esa herencia estallada: cultural (sexual) y económica (monetaria). “La cruz de la deuda” en la espalda de Alfonsín (US$44.000 millones apenas asume). Dos extremos que todavía escriben el presente: deuda y subsidio. Respiro del dólar-renegociación e inyección de bolsillo. Mientras se negocian las posibilidades de pago el ministro Martín Guzmán tiene esa herencia, esa maldición, en el hombro: la democracia se hace con la balanza de la macroeconomía y la necesidad de la economía inyectada al bolsillo. Las cosas y las palabras. Una foto más: el precio que pagaron los últimos militares para llevar adelante las fabricaciones de las urnas, las primeras que se usaron en 1983. Todo cuesta plata. Las cositas fuera de lugar también. 

FA

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