Una despedida a Hebe de Bonafini

Muñeca brava

"Me gustan las fotos primeras, casi en batón, con los tacones bajos –esos que delatan pies probablemente hinchados–."

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I. En este domingo pesado, que no termina de llover, un aviso en el celular me recuerda que es el Día de la Soberanía Nacional, la conmemoración de la Vuelta de Obligado. Me gusta este feriado –que homenajea la figura fundamental de Rosas, pero también la de San Martín, para resistir la amenaza anglo-francesa–. Me gusta este feriado, pero me lo había olvidado porque tengo una entrega de trabajo muy importante encima.

II. Y por el Mundial, por supuesto. El viernes terminaron las clases de este cuatrimestre y cuando nos despedíamos sentí esa expectativa, ese no sé qué que te toma el cuerpo –cuando estás con otros– y que es más fuerte que cuánto se sepa el fixture, el nombre de todos los jugadores o el cuestionamiento de adónde tenga lugar. Compartir una emoción.

III. Porque no importa con quién se vea los partidos: el Mundial nunca sucede a solas. El Mundial pasa en algo que es más que la suma de las partes (quienes les gusta, quienes no y quienes –como dijo una estudiante– quieren que los demás estén al tanto de que no les importa). El Mundial nos recuerda un origen: en el principio, fuimos un parto. Y nacimos acá –haya sido literalmente el día de nuestro nacimiento o haya sido, tiempo después, por adopción–. Nacimos argentinas y argentinos.

IV. Nos despertamos esta mañana con la noticia de la muerte de Hebe de Bonafini, a sus 93 años. La muerte es también, sobre todo, esa vuelta al origen. ¿Cómo habrás venido al mundo? ¿De qué planeta viniste? ¿Cómo habrán sido las cocinas de tu infancia en Ensenada, en la provincia de Buenos Aires? ¿Cómo sería la espalda de tu madre o la de tus abuelas o de la de alguna amiga? ¿Dónde mamaste eso que le dio a tu voz un nervio que calienta la sangre cuando volvemos a escucharte en los videos que circulan en estas horas?

V. María Pía López lo dijo de esta manera: “Hebe, ese tajo en la historia. La valentía más osada, el caminar sobre un hilo que tiembla sobre el abismo”.

VI. No hay Vuelta de Obligado sin 25 de Mayo, no hay resistencia sin también poder. Agustina Larrea me escribió: Nuestra última punk.

VII. Hacer lo que no estaba hecho, lo que no tenía nombre ni forma hasta que se hiciese. Cocorita, inclasificable. Estuvo hasta en Cutral Co, en las primeras puebladas en los noventa. L reprimieron en una marcha contra la ley de educación superior, estuvo en la Plaza en diciembre de 2001 cuando les tiraron los caballos encima –y ese mismo 2001, antes, habían atacado a su hija María Alejandra Bonafini–. Qué ovarios. Su nombre público estaba hecho del apellido del marido –fallecido en 1982– y de sus pasos fuera de serie. Tan sin moldes, tan sin borde. Me gustan las fotos primeras, casi en batón, con los tacones bajos –esos que delatan pies probablemente hinchados–. El arrebato de quien dejó la pava en el fuego y salió a la calle. Salió a buscar a sus hijos desaparecidos, pero en el camino se transformó en otra mujer. Y esta transformación no sólo la parió a ella: parió una relación de las mujeres con la política. En el origen… estaba de Bonafini.

VIII. María Moreno, Nora Domínguez y Matilde Sánchez –tres escritoras decisivas, junto a María Pía López– han escrito sobre Hebe de Bonafini o sobre las Madres de Plaza de Mayo. Nora Domínguez ha dicho: “Como una respuesta casi inmediata a las desapariciones y muertes de familiares, la emergencia de grupos autogestionados de mujeres como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo promovió nuevas formas de hacer política cuyo soporte estaba dado por la puesta en escena de una representación social de base materna e inédita hasta ese momento. Entre unas (hijas desaparecidas con maternidades truncas) y otras (madres y abuelas en pie de lucha) se tendieron lazos generacionales que, signados por la violencia, la interrupción y la destrucción estatales pero también por la demanda de justicia, el reconocimiento de la filiación y la identidad, dieron lugar a la reformulación de los imaginarios maternos. Este acontecimiento tiene como efecto la politización de la función materna. El imaginario social de la maternidad se altera por éstas y otras intervenciones y de aquí en más es imposible sustraerse a sus efectos”.

IX. Las Madres de Plaza de Mayo también se cuentan de a una, con sus diferencias de clase, de origen, de estatus, de filiación partidaria, de decisiones. Ella, una muñeca brava.

X. Nos duele la panza pensando en las piernas de Messi, en si esta vez… En el despelote no encuentro la bandera pero ahora estoy más decidida a buscarla y a ponerla en el balcón. Ahí también flamea una Argentina sin la cual este país no sería en el que nacimos.

Gracias, nena.

Como me dijo una persona extraordinaria que la conoció mucho apenas lo supimos: Por fin está con sus hijos

FA

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