Opinión

Cuando los transas prestan dinero

Los préstamos a tasas exorbitantes en barrios populares no son nuevos, pero se acentuaron con la pandemia

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Juan va hasta lo del transa. La noche cae en Cárcova. No va a comprar falopa, va a pedir plata. Los conoce a los pibes que venden desde que son chiquitos, además de vender droga son prestamistas. Juan les deja su tarjeta del plan como seguro de que va a devolver lo prestado. Necesitaba plata para comprar comida, no había changas y la plata del plan no duró nada. El trato es claro, pide 3 lucas y tiene que devolver 6. No hay tiempo para evaluar la tasa de interés exorbitante que acuerda. Es un servicio financiero con un costo altísimo, pero el único disponible en la necesidad y urgencia. Si salen tres changuitas de pintura devuelve todo y recupera la tarjeta. Pactan una fecha de devolución en una semana. Juan se va con la plata rumbo a uno de los almacenes del barrio. 

En otros barrios populares el mecanismo puede tener algunas diferencias. Los transas pueden prestar sin pedir seguro, préstamos a sola cara. Conocen a los vecinos y les dan el dinero. Como los transas están atentos a cada movimiento del barrio, esa vigilancia se acumula en un conocimiento para identificar a quién y cuánto pueden prestar. Donde los bancos no están y en lugares donde las fintech aún son vistas con desconfianza, qué mejor que acudir a los transas: presentes y confiables. Los transas están siempre, atienden 7 por 24. Siempre disponibles. Un servicio hiperflexible. Además proponen un acuerdo sin letras chicas o fórmulas ocultas. Un banco a la vuelta de tu casa, abierto todos los días y todo el día. 

Los vecinos saben que si no pagan se meten en líos. El apriete tiene diferentes grados de violencia. Empieza como una amenaza y va escalando. Las reglas son claras para los vecinos: plazos, intereses y sanciones. Los plazos se negocian, pero nunca superan los dos o tres meses. Los intereses son comúnmente del 100%. Y a los morosos les cabe la violencia. 

¿Por qué las personas aceptan participar en estos servicios financieros que explícitamente incluyen el trato violento y la usura? Hay dos cuestiones claves para responder esta pregunta. Por un lado, el ejercicio de la violencia explícita en una relación de crédito no desentona con un universo social donde ella regula muchos aspectos de la vida cotidiana. Por otro lado, la existencia del uso de la fuerza violenta no debería opacar el hecho fundamental de que los transas prestan un servicio. Estos servicios poseen ciertas propiedades como la flexibilidad (todo se puede renegociar), estar disponibles frente a las urgencias (siempre están cuando los necesitan) y que las reglas son claras (es explícito el riesgo y la violencia). 

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El mecanismo de préstamo no es nuevo, pero se incrementó con la pandemia. Los vecinos sufrieron la crisis y recurrieron más a los transas/prestamistas. El flujo de dinero aumentó. Hay más deudas por la crisis y además están obligados a no salir del barrio. 

Cada vez más jóvenes trabajan con los vendedores de drogas. Soldaditos, punteros, matones pululan por los barrios en empleos mejor pagos que el promedio de cualquier trabajo legal. La falopa mueve mucha plata y cada vez se nota más en los barrios como posibilidad de empleo. Ya por el año 2017, en algunos barrios de San Martín, los vecinos “punteros políticos” expresaban “ya no alcanza con lo que ofrece el Estado, los planes, no  (…) los transas te dan más guita (…) además con los planes te hacen hacer trabajos muy basura o te suben a un micro todo el día por un pan con una feta de queso y paleta”. Hay más guita y más beneficio simbólico. Para muchos, nunca para todos y no siempre, estar en la movida es una posibilidad de ganar prestigio y reputación. Prestigio que tener un plan no da. Además, con la pandemia, el circuito de trabajos informales decayó al mismo tiempo que aumentaban las posibilidades de acceso al mundo ilegal.

El consumo de drogas es un problemón en los barrios. Las vecinas, las doñas, nos dicen que sus hermanos, maridos, padrastros, hijos, tienen problema de consumo, “se van a la consumición”.  Muchos, pero muchos varones, consumen o lo hicieron alguna vez. Las pibas también consumen y cada vez más. No todos ni todas pero muchas veces las adicciones se pagan con ilegalismos. Desde choreos a prostitución, de soldaditos a salideras. 

¿Los transas se vuelven actores más legítimos en los barrios? Sin duda son actores cada vez más protagónicos en las barriadas. Ya vimos que los transas diversifican sus funciones: dan préstamos, pero también trabajos y venden una codiciada mercancía. Su apuesta sigue siendo que una camiseta del Manchester garpe más que el buzo de las cooperativas.

RR/AW/JG

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