Debate con el peronismo: ¿Por qué la salida es por izquierda?
En las últimas semanas se ha profundizado un debate en el movimiento popular sobre de qué modo enfrentamos al gobierno de Javier Milei y cuál es la construcción política que debe impulsarse. Este debate ha tenido una intensidad especial en sectores del peronismo, que han visto con desazón el colaboracionismo explícito de diputados y senadores de su partido con el gobierno libertario. Esta colaboración, que no es nueva, adquirió un carácter explícito, pues los votos de legisladores del peronismo fueron decisivos para la aprobación de la reforma laboral, de la ley penal juvenil, el acuerdo de libre comercio del Mercosur-Unión Europea y de la media sanción de la ley de glaciares. Ante esto, las redes sociales se llenaron de denuncias de “traición”, dirigiendo la denuncia a quienes votaron junto con el oficialismo nacional. Y, simultáneamente, se multiplicaron los posteos en favor de una alianza del peronismo con la izquierda, incluso postulando fórmulas como “Kicillof-Bregman” para las elecciones presidenciales del 2027.
Se plantean aquí una serie de problemas políticos que corresponde analizar en profundidad. El núcleo de la cuestión radica en la denuncia de “traición”, que supone que una persona o un partido actúa contrariando los intereses que decía defender. ¿Pero se puede decir que el gobernador Jalil de Catamarca “traiciona” cuando manda a votar la ley de glaciares, siendo que su provincia bajo distintos gobiernos peronistas ha sido pionera en ejecutar la depredación ambiental en favor del pulpo minero Glencore que controla el proyecto Bajo Alumbrera? ¿O se puede decir que Jaldo de Tucumán “traiciona” cuando respalda los proyectos de Milei siendo que en su provincia gobierna en favor de los grandes latifundistas del azúcar y el limón? ¿O que los diputados del Frente Renovador “traicionan” cuando hacen campaña mediática en favor de la baja de la edad de imputabilidad, siendo que el propio Sergio Massa actuó como representante para América Latina del ex alcalde Nueva York Rudolph Giuliani? Las respuestas a estas preguntas son todas obvias. Más que traición, lo que tenemos aquí es la defensa férrea y coherente de determinados intereses capitalistas.
Este mismo análisis no aplica solo a las expresiones “derechistas” del peronismo, sino que alcanza al conjunto de sus alas políticas. ¿O acaso Kicillof no acaba de sufrir una huelga docente, incluso de SUTEBA, debido a que la pauta salarial que quiere imponerle a los trabajadores de la educación no dista de la de Jorge Macri, por citar solo un ejemplo? La dependencia estructural a los intereses capitalistas es lo que explica la incapacidad del peronismo para oponerse con un programa popular a Javier Milei. Esta dependencia está presente aun cuando denuncian al gobierno. Ejemplos: el llamado “industricidio” el peronismo lo cita para disputarle a Milei el apoyo de los capitalistas industriales y no para denunciar que las quiebras y el cierre de empresas son antes que nada un recurso de los propios empresarios contra sus trabajadores, sea para reducir el plantel, sea para obligarlos a aceptar convenios más flexibles o para directamente reciclarse como importadores. Es lo que pasa ahora con los trabajadores de FATE, que ven como Madanes Quintanilla quiere cerrar su empresa para terminar con un colectivo obrero que ha luchado a brazo partido para defender sus conquistas y reabrir en un futuro con trabajadores flexibilizados o directamente reconvertirse como importador. Ocurre otro tanto con el programa: el peronismo opositor quiere enfrentar el “industricidio” con una devaluación monetaria, que de concretarse implicaría una desvalorización de los salarios y una transferencia de riqueza del trabajo al capital. Y, de paso, mantener los privilegios de ciertos sectores empresarios, que han obtenido ganancias por encima de la media valiéndose del llamado “proteccionismo”, que los protegió a ellos, pero no a los trabajadores y a los consumidores.
La cuestión del programa tiene una importancia estratégica, porque establece con claridad los intereses de clase que se buscan representar. En tanto programas capitalistas, las diferencias entre el gobierno de Milei y el peronismo son de grado, no de calidad. Lo prueba el hecho de que los puntos de coincidencia son más importantes que las divergencias en presencia. Empezando, claro, por el pago de la deuda externa, que ocupa un lugar central en la expoliación semicolonial del país, pero también en el acaparamiento de la plusvalía extraída a los trabajadores. La propia Cristina Fernández de Kirchner se ha definido como una “pagadora serial de deuda”, algo que no tiene nada de exagerado, dado que bajo su gobierno se pagaron alrededor de 200.000 millones de dólares. Fue ella también quien en varias de sus “cartas” se pronunció en favor de la “modernización laboral”, nombre que luego tomó Milei para rebautizar el proyecto de flexibilidad laboral y la que en el 2008 vetó la ley de Glaciares. Por eso, claro, no debe sorprender que en las últimas elecciones el peronismo haya presentado listas únicas en Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero, cuando era sabido que los gobernadores de esas provincias profundizarían el colaboracionismo con Milei. Alegar traición, en este cuadro, representa un acto de inmoralidad política.
La importancia del programa radica en que también permite explicar la falta de participación en las luchas contra el gobierno de Milei. Es por demás comprensible que quien defiende un programa capitalista y buscan disputarle a Milei el apoyo de la Unión Industrial y cia. solo balconeen las manifestaciones populares -y esto en los mejores casos. Después de todo no se puede estar en la misa y en la procesión. Apoyar activamente la ocupación de FATE conduce a una ruptura con Madanes Quintanilla. Bancar el reclamo salarial de los trabajadores de Siderca lleva a una ruptura con Paolo Roca. Luchar contra la reforma laboral de verdad, y no transar por debajo como hizo la CGT, lleva a la ruptura con la UIA que reclama a los gritos terminar con el derecho laboral para evitar el “industricidio”.
El análisis de los intereses de clase -el método del socialismo- resulta superior a reducir la política a la calificación de leales y traidores. La participación y la consecuencia de la izquierda en las luchas que se libran en Argentina parten de que es una fuerza política estructurada con un programa anticapitalista. Esto es lo que deben tener en cuenta todos aquellos que con las mejores intenciones nos dicen “nos gustaría que el peronismo tenga dirigentes como uds”. A ellos debemos decirle con completa franqueza: “eso no es posible, porque el peronismo es una fuerza política que defiende este régimen social, para el que hoy gobierna Milei. Para poder luchar consecuentemente contra Milei y construir una fuerza política que supere esta situación hace falta un programa y una salida de izquierda”.
El reclamo de que la izquierda haga un frente con el peronismo “no traidor” tiene distintos componentes y motivaciones. Cuando proviene de sus cuadros dirigentes o de los medios de comunicación que responden al ecosistema del peronismo, el reclamo de un frente de este tipo esconde la intención de someter a la izquierda para que abandone la lucha por un proyecto político autónomo, como sucede ahora con la próxima marcha del 24 de marzo, en la que se pretende silenciar a la izquierda. Es lo que suele llamarse un “frente popular”. En cambio, cuando proviene de sectores de la clase trabajadora o de la juventud el sentido es distinto, porque por un lado parte de una valoración de la izquierda y del papel que juega, y del otro es el intento de buscar reunir fuerzas para enfrentar al gobierno liberfacho. El debate aquí cobra otro carácter, porque debemos mostrar que nosotros luchamos en común con todos los que quieren hacerlo al mismo tiempo que nos esforzamos por construir una salida política propia de los trabajadores y la izquierda. Los que dividen la lucha contra Milei no somos nosotros sino todos aquellos que aplican la motosierra en sus distritos (provincias, municipios), que le votan las leyes o arman listas comunes con los que le votan las leyes.
El ascenso de la ultraderecha al poder ha permitido verificar, a partir de la propia experiencia, cuáles son las fuerzas políticas que tienen un programa, cuadros y organización para enfrentar a Milei y cuales no. El reconocimiento a la izquierda es el fruto de esta experiencia concreta. La tarea es jugarse a desarrollarla, militando y abrazando su programa, para que reúna la fuerza necesaria que permita no solo derrotar a Milei sino reconstruir el país a partir de los intereses de la mayoría trabajadora.
*El autor es dirigente del Partido Obrero y del Frente de Izquierda.
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