La guerra en Irán, la motosierra y el dólar barato amenazan con estancar la economía local
Mientras Estados Unidos e Israel bombardeaban hasta matar al ayatollah Alí Jamenei, cabeza del régimen totalitario y cruel de Irán, y a 175 personas en una escuela -la mayoría niñas-, en la ciudad iraní de Minab, había en la Argentina quienes se ilusionaban con que la guerra sobre esta potencia petrolera elevara la cotización del crudo y del gas y así mejoraran los ingresos de Vaca Muerta. Pocos se acordaron que en la crisis del petróleo de 1979, que se desató con la revolución islámica de Irán, el precio del barril se disparó, también la inflación mundial, lo que estancó la economía de los países ricos y elevó su desempleo, mientras el resto del mundo se contagió.
Sólo zafaron los exportadores de crudo, entre los que entonces no estaba la Argentina, y se desató el descalabro de deuda del Tercer Mundo, incluido este país y el resto de los latinoamericanos. Aunque ahora esté Vaca Muerta, si el nuevo conflicto de Medio Oriente se prolonga, impactará de forma negativa en la actividad argentina y se sumará a otros dos factores que la amenazan: la profundización de la motosierra fiscal y el abaratamiento del dólar, que componen la receta antiinflacionaria de Javier Milei.
“El 20% de la producción de petróleo y del gas natural licuado (GNL) salen del Golfo Pérsico y hoy no salen, no porque Irán haya cerrado el Estrecho de Ormuz, porque no lo cerró, sino porque las los reaseguradores en Londres no aseguran más el costo de hundimiento petrolero”, comenta el consultor energético Daniel Gerold, en diálogo con elDiarioAR. “Entonces los buques están paralizados. Los que estaban dentro del golfo y los que estaban por entrar. En el corto plazo, no hay un efecto porque hay stocks mundiales”, aclara Gerold sobre porqué el barril Brent -el de referencia en la Argentina- saltó de 70 a 79 dólares por los bombardeos pero no trepó a los US$112 como cuando la petrolera Rusia invadió Ucrania en 2022 y Occidente la sancionó.
“Pero si esto se prolonga en el tiempo, la inflación mundial va a subir y no va a tardar mucho tiempo en aumentar la tasa de interés para contrarrestarla. Esto va a ser una disrupción en la economía”, se refiere el consultor sobre a la idea de que cuando se eleva la tasa se enfría la economía. Justo cuando Donald Trump presionaba para que bajara, lo que hubiese beneficiado el regreso de la Argentina a los mercados internacionales de crédito.
“Esto no le conviene a nadie”, continúa Gerold. “Si esto tiene un shock en la economía mundial, no es bueno para la Argentina”, dice, y alude al principal comprador del crudo iraní: “Algunos que dicen que esto perjudica China”. Y completa: “Si se ralentiza la economía china, la economía del mundo se va a ralentizar y eso no es bueno para la Argentina”, un país exportador de soja, carne, cuero y litio al gigante asiático.
En uno de los principales bancos norteamericanos, un analista aclara que le resulta lamentable que mueran niños, pero admite que una guerra corta beneficiaría a la Argentina, no por el encarecimiento de los hidrocarburos, que sería pasajero, sino porque posicionaría al país como proveedor seguro, alejado de conflictos. Pero reconoce que una beligerancia mayor, incluso nuclear, elevaría la inflación mundial, las tasas y el dólar como refugio internacional. Eso siempre llega acompañado de un abaratamiento de las materias primas, en este caso no el petróleo, pero sí los granos, que la Argentina exporta. Incluso especula con que una contienda así podría llevar a repartir el mundo entre dos imperios, el estadounidense y el chino, lo que resultaría negativo para Vaca Muerta, que sólo podría venderle a un cliente, Occidente, que impondría el precio, lo que se llama un monopsomio.
“Si la guerra dura dos semanas, como prevemos, le sirve a la Argentina, pero si se extiende, se va a sentir en la actividad económica”, advierte Mauricio Monge, economista de la consultora Oxford Economics con residencia en México. Advierte que en el país gobernado por Claudia Sheinbaum, a diferencia de la Argentina, hay margen fiscal para aminorar el aumento del petróleo y el gas con subsidios.
Un académico argentino, que prefiere el anonimato, recuerda que en la crisis del petróleo de 1979 fue la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) la que irrumpió con fuerza para elevar la cotización del crudo, lo que hubiera perjudicado más a la Argentina de entonces de no ocurrir un freno de la exportación de trigo de EE.UU. a la Unión Soviética por la Guerra Fría. “Ahora, en cambio, porque existe Vaca Muerta, YPF va a ganar más guita, pero vas a pagar la nafta más cara, cuando la economía no está funcionando bien desde hace dos años. Antes funcionaba peor pero ahora atrasan el dólar para que la inflación baje, eso genera déficit de cuenta corriente (compuesta sobre todo por la balanza de comercio de bienes y servicios) y se nota en una economía no en recesión pero con presión recesiva”, apunta la fuente. Y agrega como advertencia: “Encima, hasta ahora estabas atado a un dólar devaluado y por eso la apreciación cambiaria no te perjudicaba tanto, pero cuando hay lío en el mundo, el dólar se aprecia”.
Y si la moneda norteamericana sigue estancada en $1.425 se desalienta la producción de bienes y servicios argentinos, pues se encarecen rápido en dólares con una inflación que roza el 3% mensual.
Con tal de bajar la inflación, el gobierno de Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, sostendrán el tipo de cambio con tasas de interés altas, cepo cambiario para operaciones de las empresas y sin la suficiente acumulación de reservas necesaria para enfrentar shocks externos. Y si eso impacta en encarecimiento de la producción local, cierre de compañías y despidos, su prioridad es la promesa de 0% en el índice de precios al consumidor (IPC) de agosto.
El libertario sabe que lo votaron para domar la inflación. Por algo Caputo y su secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, le espetan a los industriales en audiencias privadas que “algunos quedarán en el camino”, la misma frase que enarboló el mes pasado el presidente de la Cámara Argentina de Comercio, Mario Grinman, defensor del plan económico.
El académico antes citado reconoce que los argentinos no podían seguir pagando caro, por ejemplo, los neumáticos de FATE, como señaló Milei el domingo pasado en el Congreso, pero considera que tampoco puede desentenderse de los más de 900 despedidos con la consigna de que el mercado lo resolverá. El presidente libertario se quedó en las teorías económicas de hace más de 200 años elaboró David Ricardo, uno de los padres de esta ciencia: la de las ventajas comparativas, según la cual los países deben especializarse en la producción y exportación de bienes que pueden producir a un costo de oportunidad menor en comparación con otros, y la de rendimientos decrecientes, o sea la disminución del ingreso marginal de la producción a medida que se añade un factor productivo (capital, trabajo o tierra), manteniendo los otros constantes.
Pero esas teorías fueron evolucionando y en 1979 el Nobel Paul Krugman revolucionó el entendimiento del comercio internacional con la ley de rendimientos crecientes: el aumento proporcional de los insumos genera un incremento más que proporcional en la producción por las economías de escala y la especialización. Así fue que China se ha desarrollado, con subsidios y salarios bajos, para exportar de todo a todo el mundo y barrer con la competencia. Así es que los países occidentales, antes promotores del libre comercio, ahora vuelven a imponer aranceles a la importación y a hablar de política industrial. Pero la Argentina de Milei camina a contramano. Habrá que ver si logra con éxito lo que no pudieron la dictadura militar que comenzó hace medio siglo ni la década de Carlos Menem. En la Argentina pendular se pasa del proteccionismo más acérrimo a la apertura más ingenua, siempre con desprecio por la moderación.
El Presidente y su gente repiten que es mejor que entre un producto importado más barato, aunque destruya algunos empleos, porque la mayoría de la población podrá gastar menos y destinar el sobrante a otros consumos. Efectivamente, hay un efecto sustitución por el bien más económico y un efecto ingreso, es decir, que el mismo salario mejora su poder de compra. Pero otro padre de la economía, François Quesnay, en el siglo XVIII elaboró la teoría del flujo circular de la renta, que consiste en que el gasto de uno es el ingreso de otro. Vale decir que si los trabajadores de FATE y de tantas otras empresas cerradas dejan de contar con ingresos, gastarán menos y otros también contarán con menos entradas.
En el Congreso, Milei se encomendó al desarrollo de la minería, los hidrocarburos, la agroindustria y los data centers, pero varios de esos sectores sólo comenzarán a producir ingresos ya entrada la década próxima... Mientras tanto, los perdedores de las actividades en descomposición puede que se rebelen, desde operarios de fábricas, obreros de la construcción o empleados de comercio. Ya a fines de enero en Rosario protestaron los choferes de Uber, destino usual de los despedidos, porque la tarifa están planchada ante la mayor cantidad de competidores.
Pero el jefe de Estado en destrucción no sólo arremetió el domingo otra vez contra FATE, de Javier Madanes Quintanilla, sino también contra Paolo Rocca, por el costo del acero del grupo Techint y hasta por supuestamente conspirar contra él junto a la vicepresidenta Victoria Villarruel para reemplazarlo si perdía las elecciones legislativas de medio término. El empresario italiano residente en San Isidro optó por no confrontar de manera directa, pues llevaría las de perder. Tampoco buscar armar ninguna alternativa opositora, como hizo “la T” -por Techint- contra el final de la convertibilidad o el último kirchnerismo.
Pero este martes Rocca mandó a las dos entidades empresarias donde más influye, la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación Empresaria Argentina (AEA), a reclamar “respeto” al presidente soez. En la UIA los hombres de negocios pymes pedían además que se criticara el rumbo económico, pero los grandes lo evitaron. Mastican bronca contra el presidente de la entidad, Martín Rappallini, que acaba de presentar un proyecto de cobre, el mendocino San Jorge, para el Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones, en sociedad con la suiza Zonda Metals, y que además espera que el Gobierno le renueve a su empresa Cerámica Alberdi la medida antidumping contra la importación china, que vence en agosto próximo.
También los ingresos del Estado deberán esperar hasta la década próxima para recibir los beneficios más sustanciales de la minería o el GNL. Para entonces se sentirá fuerte la desinversión actual en educación, en capital humano, con el consiguiente impacto en la economía. Mientras, la recaudación tributaria cae en forma consecutiva desde hace siete meses. Eso afecta tanto a la Nación, donde Milei siempre estará dispuesto a aplicar la motosierra, aunque quede cada vez menos por cortar, y a las provincias, más renuentes a ajustar, sobre todo porque gastan más que nada en educación, salud y seguridad, por más que también derrochen presupuesto político.
Más podas enfriarán aún más la economía. Si bien creció 4,4% en diciembre pasado, influyó la cosecha de trigo y crecen sectores con baja generación de empleo mientras que se contraen los que los más los creaban antes. Monge, de Oxford Economics, prevé una expansión de sólo 2,6% en 2026 y, al igual que la mayoría de sus colegas, desestima que el IPC baje al 0% dentro de cinco meses por la inercia que está cobrando la inflación entre aumentos de tarifas, carnes y colegios privados, entre otros ítems que varían según el mes.
AR/MC
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