Vaca Muerta en tiempos de guerra: entre la oportunidad exportadora y la profundización del extractivismo
El actual conflicto bélico iniciado por Estados Unidos e Israel al bombardear Irán el 28 de febrero, colocó en el centro de la escena la cuestión energética, por la posible crisis en el acceso al petróleo y al gas natural que distintos países requieren para su funcionamiento. Efectivamente, el cierre del Estrecho de Ormuz por parte del gobierno de Irán impide la circulación de aproximadamente el 20% del petróleo y el gas natural licuado que transportan los buques hacia países de Europa y de Asia. Ello ha generado un alza en el precio del barril de petróleo (que ya se ubica por encima de los 100 dólares) con las consecuencias que esto trae aparejado sobre las economías nacionales.
Ciertamente, es alta la dependencia de los hidrocarburos en el mundo, sobre todo si tenemos en cuenta que la transición hacia fuentes renovables a nivel global no solo está sucediendo de modos variables, sino que, además, dicho proceso de transición energética es fósil dependiente. Según distintos informes, en el año 2023 los combustibles fósiles representaban el 81,5% de la matriz energética global, y si bien las energías renovables crecieron aceleradamente, representaban sólo el 14,6% del consumo total de energía primaria.
Los hidrocarburos, cuyo consumo en el 2024 era de un 29% petróleo, 29% de carbón y un 23% de gas, continúan sosteniendo el sistema de transporte, la producción de alimentos, nutren la mayoría de los procesos productivos, y la elaboración de bienes que se requieren para llevar adelante la tecnología de las energías limpias, entre otras actividades. En suma, la Agencia Internacional de Energía advierte que el consumo de bienes energéticos a nivel global se encuentra en aumento. Si bien, desde hace más de una década se incrementó el uso de energías renovables, también se produjo un pronunciado consumo de petróleo, gas natural y carbón, que alcanzaron máximos históricos en aquel año.
En este contexto, los países que no producen combustibles fósiles promueven el desarrollo de fuentes renovables mientras que, los que extraen gas y petróleo, incrementan su explotación para satisfacer el mercado interno e internacional.
En este ultimo grupo se encuentra la Argentina. Ciertamente, a través de la explotación de los hidrocarburos no convencionales en la formación geológica de Vaca Muerta, aumentó sustancialmente sus niveles de producción de gas y petróleo, sobre todo desde el 2019. Al finalizar el 2025, aproximadamente el 70% del petróleo y el gas provenían de esta formación, cuyo centro productivo es la provincia de Neuquén.
Las promesas de Vaca Muerta
Desde los inicios de la actividad en Vaca Muerta, habilitada en el 2012 con la reestatización de YPF, esta formación geológica prometía, por sus grandes cantidades de reservas de gas y petróleo no convencionales, convertirse en una fuente de energía que lograra abastecer el mercado interno pero, además, relanzar a la Argentina al negocio de la exportación de estos bienes. Sobre ello no hubo grietas políticas: todos los gobiernos desde aquél entonces abrazaron este proyecto, aunque con diferencias en relación con los montos y modalidades de los subsidios dirigidos a fomentar la actividad, el rol del Estado y de los consumidores en este proceso, así como en las medidas que debían implementarse para incentivar la extracción de hidrocarburos.
El gobierno ultraliberal de Javier Milei, que inició su gestión en el 2023, encontró en Vaca Muerta no solamente un yacimiento que aportaba cuantiosos volúmenes de gas y petróleo sino que además, con la implementación del RIGI en el 2024, se propuso acentuar un perfil productivo nacional asentado en la reprimarización de la economía, alentando la triada minería-agro-energía, al tiempo que, con sus medidas económicas, afectó profundamente la producción manufacturera local.
La administración libertaria recibió entonces volúmenes de extracción de hidrocarburos no convencionales en una curva ascendente, encontrándose en producción solo entre el 8% y el 10% de la formación. Asimismo, alentó y continuó con los proyectos de construcción de la infraestructura que Vaca Muerta requería para evacuar hacia otros mercados la producción extraída. Los proyectos más ambiciosos actualmente son los del oleoducto Vaca Muerta Sur, con su terminal portuaria en el Golfo San Matías, y la planificación de un gasoducto que unirá los pozos en producción con el golfo para elaborar gas natural licuado en barcos que anclaran en esas costas.
Ante el conflicto bélico que coloca en un lugar de jerarquía al problema de la energía, un interrogante sobrevuela la escena pública: ¿será una oportunidad para que la Argentina incremente sus ingresos por exportación de gas y petróleo?
Interrogar a Vaca Muerta
Mientras el optimismo o las inquietudes en torno a los hidrocarburos de Vaca Muerta se centran en variables económicas, como el de la posibilidad de acumular reservas monetarias o el aumento de la inflación, se realizan pocas -sino ninguna- preguntas con referencia a los impactos que esta actividad tiene en los territorios donde se lleva a cabo. Por eso, distintas comunidades, organizaciones sociales, algunos sectores de la academia y del periodismo han sistematizado información y realizado acciones colectivas para dar a conocer los problemas que giran en torno al fracking, la técnica para extraer el gas y el petróleo de formaciones geológicas como Vaca Muerta.
El fracking es una técnica que perfora y rompe la dura roca de la formación mediante la inyección de grandes cantidades de agua, mezclada con arena y químicos, generando problemas en la tierra, en el aire, pero también en el agua subterránea. En relación con la infraestructura que se encuentra en desarrollo para evacuar estos fósiles a través del golfo San Matías, los peligros y los riesgos de contaminación de este territorio han sido denunciados por expertos, vecinos y organizaciones socioambientales.
Para las empresas y los gobiernos, la confianza en la tecnología implementada es condición suficiente para acotar los riesgos, que nunca son iguales a cero. Y en todo caso, la remediación ambiental podría resolver los daños cuando estos acontecen. Sin embargo, las afectaciones a los paisajes, a los ecosistemas y a la biodiversidad se vuelven una realidad irreparable frente a posibles derrames de petróleo, a la generación de sismos inducidos por la actividad, a la contaminación del agua y el aire.
Los antecedentes en los que el uso del fracking ha dejado secuelas son numerosos, pero vale la pena mencionar uno de los últimos casos resonantes, ya que evidencia como el avance del extractivismo fósil continúa dañando bienes colectivos naturales.
El día 22 de octubre de 2025, se constató una pérdida de hidrocarburos desde un ducto de Pan American Energy, en el área petrolera conocida como Lindero Atravesado, ubicada a orillas del lago Mari Menuco en la provincia de Neuquén, donde también opera YPF. Los habitantes locales, las comunidades mapuche, y expertos como el geógrafo Javier Grosso, denunciaron la aparición de nubes tóxicas y contaminación en las cercanías del lago. El área impactada abarca el equivalente a unos 50 mil metros cuadrados. Las inmediaciones del lago resultan especialmente sensibles, porque las aguas subterráneas pueden desplazarse rápidamente y alcanzar el cuerpo principal de agua. El derrame ocurrió a unos 6.500 metros de la toma que capta el agua potable destinada al conglomerado urbano formado por Neuquén Capital, Centenario, Vista Alegre y parte de Plottier.
Por otro lado, en las costas patagónicas del golfo San Matías se está construyendo la infraestructura que permitirá exportar gas y petróleo. Las advertencias de sectores de la ciencia y de las comunidades costeras son contundentes respecto a los daños ambientales que los ductos y el tráfico de barcos pueden generar en un ecosistema único. Las promesas de trabajo en localidades que anhelan oportunidades de empleo son un elemento fundamental para que el proyecto suscite un cauteloso apoyo entre la población. Sin embargo, en poblados como el de Sierra Grande, hoy epicentro de la construcción de tanques para almacenar petróleo y un puerto para permitir el ingreso de grandes buques, el trabajo es una realidad para una porción de su población. De todos modos, muchos de sus habitantes no lograron insertarse en esta actividad, que requiere cierta calificación y preparación anticipada para realizar las tareas requeridas. Además, cabe destacar, una vez que la etapa de construcción del oleoducto y del puerto haya concluido, el funcionamiento para mantener las instalaciones operativas requerirá muy poco personal.
Las alertas debido a los peligros que la irrupción de la actividad hidrocarburífera puede ocasionar en las aguas cristalinas del golfo y en la biodiversidad que la habita, como ballenas, delfines y aves, así como también la que se encuentra en el subsuelo marítimo, son concluyentes. Aunque empresas y dirigentes políticos han buscado negar que los accidentes pueden ocurrir, una noticia del 2025 confirma los temores vertidos en audiencias públicas y diversos canales de expresión, por parte de sectores preocupados por la ampliación de la actividad fósil,.
El 7 de junio en el puerto de Quequén, un buque de carga colisionó con dos ballenas francas australes que se encontraban en la superficie. Si bien éstas no perecieron, se desconoce si han sufrido daños graves. Como manifestó en un comunicado el Instituto de Conservación de Ballenas, dicho evento muestra los riesgos crecientes que enfrenta una especie como la ballena franca austral, declarada Monumento Natural Nacional, en áreas de alto tránsito marítimo, como lo será el golfo cuando los grandes barcos se desplacen por sus aguas.
En el marco de un conflicto bélico que coloca a la energía en el centro de la agenda global, la justificación política para ahondar en el perfil primario y extractivo de la Argentina merece ser interrogada. En efecto, se afirma que los ingresos por exportaciones podrán traer grandes beneficios a la población. Sin embargo, en la trama ultraliberal del gobierno de Javier Milei, dichos ingresos se adjudicarían al pago de los intereses de la deuda externa, y proveerían de acceso a ciertos sectores sociales a la adquisición de nuevas divisas. Pero el costo de esta dinámica podría ser significativo. En definitiva, lejos de mejorar las condiciones de vida de los territorios destinados a la actividad hidrocarburífera, incrementará los riesgos y las vulnerabilidades de las poblaciones humanas, no humanas, y los ecosistemas que son fuente de vida colectiva.
Los autores publicaron el libro “El latido del subsuelo. Consensos y resistencias desde Vaca Muerta hasta el mar Argentino” (Prometeo Editorial, Buenos Aires).
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