El Mapa de Diputados

Todos anticipan el “sí”, pero construyen el “no”: radiografía de los votos que faltan para aprobar el acuerdo con el FMI

El mundo político se mueve sobre una certeza: el acuerdo que el gobierno selló con el Fondo Monetario Internacional será refrendado en el Congreso. La convicción de que estarán los votos que lograr el quórum y luego aprobar el texto es la traducción, muy extendida en el poder -solo refutada in voce por el FIT y los libertarios, con la discrecionalidad de las que gozan las minorías-, de que un default sería, como sintetizó Axel Kicillof, catastrófico para el país.

Pero hay un hilo rojo roto entre esos extremos: los que dan por hecha la aprobación no aportan los votos para que eso ocurra. La paradoja es que todos, o casi todos, dicen que se va a aprobar el proyecto oficial, pero al mismo tiempo mezquinan el apoyo político, y las manos en el recinto para que esa afirmación se cristalice. Protefizan el “sí”, pero le construyen el “no”.

La matemática de Diputados se volvió difusa. El fenómeno de que, a priori, las dos coaliciones más numerosas se encaminen a votar divididas, aporta confusión a las proyecciones donde cada detalle cuenta y la lógica está en discusión. El endurecimiento de Mauricio Macri y Máximo Kirchner incorpora nuevas dosis de incertidumbre. El mapa, que por suerte para Alberto Fernández y Martín Guzmán no es estático, presenta un panorama de extrema justeza.

La “no” militancia de Máximo

Máximo Kirchner anticipó su voto negativo, pero prometió que no militará para sumar votos al no. Es cierto, dicen en el Congreso, que el diputado no opera a nivel personal sobre otros legislativos para arrastrarlos al no o a la abstención, pero sus acciones van en otra dirección: su carta de renuncia, sus repetidos augurios de que el acuerdo saldrá mal y una negatividad manifiesta al acuerdo -que se reconfirmó con el video que publicó este jueves La Cámpora- expresan un clima de rechazo extremo al acuerdo que limita los márgenes de otros legisladores. Cada línea que baja Máximo, incomoda a muchos. Su posición los deja, dicen, como pactistas o pro FMI, un karma con el que nadie quiere cargar.

El video que el viernes publicó La Cámpora, un clip con discursos del diputado, hipercrítico de todo acuerdo con el FMI y que pone, sin nombrarlo a Fernández entre los presidentes que volvieron al Fondo, magnifica esa tensión interna. Sergio Massa, junto a Germán Martínez, intentan amortiguar los efectos de la disidencia pública de Kirchner. Pero se topan con resistencias y evasivas. El jefe de bloque tomó como decisión operativa no preguntarle a los diputados qué posición tomarán. Leandro Santoro y Eduardo Valdés, con terminales en el kirchnerismo más duro, hacen la tarea de ablandar posturas. Así y todo, el cálculo general en estas horas es que de los 117 votos -118 si se cuenta Massa-, el FdT tendría entre 95 y 100 a favor del acuerdo.

Con ese número -que mostraría a Máximo en minoría dentro del FdT- el oficialismo quedaría muy lejos del quórum porque aun con aliados provinciales, no llegaría al 129. Ahi juega el primer mandamiento legislativo que indica que el que quiere sacar la ley, en este caso el FdT, debe garantizar los votos. Con la disidencia de Máximo eso se dificulta salvo que el jefe camporista haga una gambeta y ayude al quórum aunque luego tenga, en dialecto Cobos, un voto no positivo.

El mandato de Macri

En un juego de espejos, en el que con argumentos distintos, Máximo y Macri quedan hermanados, el expresidente opera, en este caso en persona, para hacer valer su condición de jefe y milita para que el PRO vote contra el acuerdo con el FMI. El bloque que preside Cristian Ritondo es el segundo más numeroso, tiene 50 escaños y no sólo es clave por el volumen sino porque puede incidir, en la interna encarnizada de Juntos por el Cambio (JxC), para que otros bloques terminen por endurecer su posición.

El antecedente es lo que ocurrió con el presupuesto 2022. Había un principio de acuerdo para que ese proyecto sobreviva, pero vino un discurso ardiente de Máximo y una reacción tiempista de Ritondo, que arrastró a los demás bloques cambiemitas, que derivó en la falta de presupuesto. Macri, ubicado en el epicentro del dispositivo opositor, parece votar más contra el FMI que contra el Gobierno: cree que el Fondo fue muy laxo en la negociación. “No le piden nada, no le piden un ajuste fuerte que es lo que tiene que hacer y le permiten patear todo para adelante”, se quejó el expresidente, con palabras calcadas, en dos cumbres continuadas: una el sábado pasado, otra el martes, horas después de que los diputados macristas, más Horacio Rodríguez Larreta, abandonen sus bancas en medio del discurso de Fernández ante el Congreso.

El sábado, Martín Lousteau le dijo a Macri que considera un error que el PRO, justamente el partido que estuvo en el Gobierno cuando se tomó el préstamo de U$S 44 mil millones, no apruebe un acuerdo que intenta encaminar, aunque sea en malos términos, aquella cuestión. Puede, ahí, adivinarse una tendencia de Evolución Radical, el espacio de Lousteau que tiene 12 diputados, pero que siempre mira otros movimientos, en particular lo que ocurre en la interna radical. Evolución enlaza a Mario Negri, que preside el bloque radical, con Gerardo Morales, jefe de la UCR, y ubica a ese sector en la postura más proclive a ayudar al gobierno. Están, ahí, los diputados de los gobernadores radicales. Cualquiera que gobierna, y lo especificó Larreta en la reunión del PRO del martes pasado, rehuye intensamente a la idea de un default.

Que vote el otro

El PRO, que apoyó tres declaraciones de la mesa nacional de JxC en las que la alianza opositora manifestó que había que hacer todo lo posible por evitar el default, hace una cuenta de lógica infalible pero, a la vez, improbable. Los votos, según el primer mandamiento legislativo, los debe aportar el espacio que quiere la aprobación, en este caso el FdT. “Si ellos sientan a los 118 diputados, nosotros nos sentamos”, fue el mensaje que salió de la cumbre del PRO.

Eso supone un, hasta acá, imposible: que estén Máximo y los camporistas que puedan seguir sus pasos, algo que no está por ahora en los planes de nadie aunque todos digan, como dijo ayer Massa, que buscarán el voto de todos los legisladores. Es una trampa pero la resistencia de Máximo no solo suma votos en contra en el FdT sino que, además, le sirve como excusa al PRO para ponerse en una posición más dura.

Así y todo, Macri y el diputado Kirchner se mueven sobre la convicción de que alguien aportará los votos y el proyecto se aprobará. ¿Y si eso no ocurre? ¿Pueden terminar, el expresidente y el diputado, como socios en el rechazo al acuerdo con el FMI que significará, en la práctica, que el país quede en las puertas de un default?

Libertad de consciencia

Con los votos provinciales y silvestres, el FdT no alcanza el número para avanzar. Si tiene 100 más los 4 de Provincias Unidas y lograse sentar a 7 del Interbloque Federal -a Florencio Randazzo se lo tilda como negativo-, aun sumando a otros tres sueltos -el santacruceño Claudio Vidal, Rolando Figueroa del MPN y el ex PRO Felipe Álvarez- necesitaría quince votos más para llegar a los 129. Parte, podría aportarlo la Coalición Cívica (CC) y algo más llegaría por los diputados de gobernadores radicales.

El ala moderada de Juntos, el minibloque que preside Margarita Stolbizer y donde están Emilio Monzó, Sebastián De Luca y Domingo Amaya, es otro de las ventanillas que mira Massa en el poroteo volatil de cada día. Pero es difícil imaginar que alguno se corte solo: la interna del JxC es cruenta y cualquier movimiento es pasto para las fieras. Además, los niveles de confianza con el oficialismo están a nivel guerra fría.

Aparece, como salvoconducto, otro factor: que haya una especie de “libertad de conciencia” en algunos bloques sobre la base de que, por posturas políticas o lógicas territoriales, algunos diputados deban tener un voto autónomo. ¿Qué margen tiene un diputado del interior, sea del PRO, de la UCR o La Cámpora, para votar en contra de un acuerdo que puede derivar en default y detonar una crisis más profunda en las economías regionales?

Queda, siempre, el otro resquicio: que ayuden al quórum pero no voten. Es el camino más simple para impedir que el proyecto se caiga. Ahí, sin embargo, empieza el tironeo sobre quien se abstiene y quien vota no. ¿Acepta, la interna de JxC; que algunos no voten o otros lo hagan en contra? El texto final que envió el Ejecutivo deja abierta una puerta para eso: pone en un artículo la autorización para acordar con el FMI y en otro, las condiciones de ese acuerdo, es decir “el programa”. Fue un planteo que acercó la oposición para tener el atajo para facilitar el entendimiento pero no tener que aprobar los términos de ese entendimiento.

En el fondo debe ser visto como una extrañeza. Cuando se pidió apoyo político a una renegociación, que no reclamó en el 2018 cuando le otorgó el préstamo a Macri, se sobreentendió que el acompañamiento de las distintas fuerzas era al acuerdo y al formato del acuerdo, todo en uno. Eso, al final, puede no ocurrir.

Como el texto no se modifica en Congreso y la cuestión es si o no, quizá al final no importe tanto con cuántos votos salga. Pero no hay que olvidar que después queda el Senado y que allí, si el texto llegó con votos muy ajustados o una aprobación pírrica -un escenario posible: 105 a favor, 17 rechazos 135 abstenciones-, la discusión puede entrar en una pendiente todavía más incierta. Ahí está, además, Cristina Fernández de Kirchner.

PI