Tras un mes sin encuentros ampliados

Milei reúne otra vez al gabinete en medio de la crisis por Adorni y la presión interna de Bullrich

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Luego de un mes sin reuniones ampliadas de gabinete, Javier Milei volverá a reunir este viernes, desde las 14, a todos sus ministros en la Casa Rosada, en medio de uno de los momentos más delicados para el oficialismo desde el inicio de la gestión. El encuentro llegará después de una semana atravesada por la profundización de la crisis política alrededor de Manuel Adorni, nuevas revelaciones judiciales sobre su patrimonio y un creciente malestar interno que ya empieza a aflorar entre funcionarios y dirigentes libertarios.

La reunión tendrá lugar apenas horas después del regreso de Milei de Estados Unidos, a donde viajó para participar de la Conferencia del Instituto Milken. La foto del Presidente antes de partir, mostrándose junto a Adorni durante una reunión con autoridades de B’nai B’rith Internacional, fue interpretada dentro del Gobierno como un gesto explícito de respaldo político a su jefe de Gabinete en medio de la tormenta judicial. Ese respaldo volvió a quedar expuesto el miércoles por la noche, cuando Milei defendió públicamente a Adorni en LN+ y descartó de plano pedirle la renuncia. “Ni en pedo”, respondió cuando le preguntaron si evaluaba desplazarlo del cargo. Pero el blindaje presidencial convive con un clima cada vez más espeso puertas adentro de la Casa Rosada.

En el Gobierno creían, hasta comienzos de esta semana, que la conferencia de prensa que Adorni dio el lunes podía funcionar como un punto de inflexión para empezar a retomar una cierta normalidad política. El jefe de Gabinete había vuelto a exponerse públicamente después de semanas de silencio, en una aparición diseñada para intentar descomprimir la crisis y ordenar la agenda oficial. Pero ese mismo día, casi en simultáneo, se conoció la declaración judicial del contratista Matías Tabar ante el fiscal Gerardo Pollicita. El testimonio, con detalles sobre pagos en efectivo por US$245.000 para remodelar la casa de Adorni en el country Indio Cuá, volvió a quemar los papeles dentro del oficialismo y reactivó la sensación de que el caso está lejos de estabilizarse.

La última reunión formal de gabinete tuvo lugar hace exactamente un mes. Desde entonces, la dinámica política del oficialismo quedó concentrada en encuentros más reducidos y reservados de la denominada “mesa política”, donde participan desde la secretaria general Karina Milei y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, hasta el asesor Santiago Caputo y la jefa de bloque en el Senado, Patricia Bullrich, entre otros integrantes. En esos encuentros se discutió principalmente el frente legislativo, el avance de las reformas económicas y el impacto político que empezó a generar el caso Adorni sobre el conjunto de la gestión.

Presión bullrichista

La tensión interna fue escalando al ritmo de la causa judicial. El disparador más reciente fue precisamente la declaración de Tabar en el expediente que instruye el juez Ariel Lijo. La cifra mencionada por el contratista no solo desbordó el valor original de compra del inmueble, sino que terminó de instalar en la Casa Rosada la sensación de que el caso dejó de ser un problema estrictamente mediático. En el oficialismo ya no discuten solamente si Adorni puede sostenerse judicialmente. Empiezan a preguntarse cuánto más puede resistirse políticamente. Y ahí aparece uno de los focos más sensibles del conflicto interno: Patricia Bullrich.

La presidenta del bloque oficialista en el Senado viene transmitiendo desde hace semanas su malestar por el impacto del caso sobre la agenda legislativa. En la última reunión ampliada de gabinete, delante del propio Milei y de Karina Milei, le lanzó una frase que todavía recuerdan varios ministros: “Manuel, acomodá tus papeles porque todo es un quilombo, se me traban todas las leyes en el Congreso”. La escena dejó al descubierto algo que hasta entonces se comentaba solo en voz baja: que una parte importante del gabinete considera que la permanencia de Adorni se convirtió en un obstáculo político para el Gobierno.

Bullrich no solo reclamó explicaciones internas. También salió a hacerlo en público. En declaraciones televisivas, la senadora planteó que Adorni debía mostrar “de manera inmediata” la documentación respaldatoria sobre su patrimonio y sus gastos, en referencia a la presentación de su declaración jurada y a las inconsistencias que distintos sectores opositores y judiciales empezaron a señalar. “Si él dijo que tiene todo probado, bueno, esa prueba tiene que ser inmediata”, advirtió.

El lunes pasado, después de la declaración de Tabar, Bullrich había vuelto a insistir. “Javier, yo vengo de varios gobiernos que han fracasado y cuando un ministro no termina de explicar todo lo mejor es esperar a la Justicia”, le dijo ese día al Presidente, según reconstrucciones de distintas fuentes oficiales. La frase sintetiza una discusión que empieza a atravesar al oficialismo: hasta dónde conviene sostener a un funcionario cuya situación judicial amenaza con contaminar el resto de la gestión.

“Las negras también juegan”, repiten por estas horas en el entorno de Bullrich, usando una metáfora ajedrecística para describir el clima interno del Gobierno. La frase alude a algo que empieza a cambiar en sectores del oficialismo: la decisión de dejar de aceptar pasivamente cada movimiento del karinismo. “Ahora vamos a esperar. Hay una dinámica de subordinación o exterminio que no va más”, deslizó un dirigente de su cercanía, tal como publicó Mauricio Caminos, en referencia al malestar creciente dentro del gabinete por el blindaje político a Adorni.

El avance de Bullrich sobre el caso Adorni también reactualizó una desconfianza que Karina Milei arrastra desde el verano, cuando la senadora hizo alarde en público de haber sido la principal artífice de la aprobación de la reforma laboral en el Senado. En el karinismo interpretaron aquella movida como un intento de capitalización política individual sobre una de las principales apuestas legislativas del Gobierno. Desde entonces, el vínculo quedó atravesado por recelos que nunca terminaron de disiparse.

Gestión en vilo

El malestar puertas adentro del Gobierno no se limita a Bullrich. En el área económica también empezaron a encenderse alarmas. Toto Caputo dejó trascender en distintas reuniones de mesa política su preocupación por el impacto que el escándalo puede tener sobre la credibilidad del Gobierno y, con ella, sobre el programa económico. En el Palacio de Hacienda creen que la acumulación de ruido político complica la posibilidad de consolidar confianza en los mercados y de seguir bajando el riesgo país, uno de los objetivos centrales del oficialismo para los próximos meses.

La discusión de fondo empieza a dividir al Gobierno en dos interpretaciones distintas sobre el rol de Adorni. Una parte del oficialismo lo ve todavía como un pararrayos útil, alguien que concentra sobre sí mismo el desgaste político mientras el Gobierno intenta preservar la centralidad de la agenda económica. Pero otra parte empieza a sospechar que el efecto puede ser exactamente el contrario: que el caso termine erosionando la estabilidad política que el propio plan económico necesita para sostenerse.

Pese a todo, Milei y Karina Milei mantienen, por ahora, la decisión de sostenerlo. “No vamos a entregar a nadie”, le escucharon decir al Presidente en conversaciones privadas recientes. En el entorno presidencial creen que la velocidad con la que avanzó la investigación judicial forma parte de una operación orientada a desgastar políticamente al Gobierno. Esa lectura explica el nivel de blindaje que recibió Adorni durante las últimas semanas, tanto en su informe de gestión del 29 de abril como en las sucesivas apariciones públicas junto al Presidente.

Pero el respaldo ya no luce tan sólido como antes. Incluso dentro del karinismo admiten que el desgaste existe y que el caso empezó a paralizar áreas sensibles de la gestión. Muchos ministros evitan confrontar directamente con los hermanos Milei, sobre todo con Karina, pero el malestar se acumula en silencio. Algunos cancelan entrevistas para evitar preguntas sobre Adorni. Otros directamente dejaron de exponerse públicamente.

La reunión de gabinete de este viernes servirá, en ese contexto, para medir hasta dónde llega realmente el respaldo político al jefe de Gabinete y cuánto ruido interno empieza a generar su permanencia. Nadie espera una definición inmediata. Pero sí una foto más clara sobre el estado de ánimo del oficialismo en medio de una crisis que, lejos de apagarse, sigue creciendo con cada nueva revelación judicial.

PL/CRM