A casi un año de la represión del 12 de marzo

Pablo Grillo vuelve de a poco a su casa mientras el gendarme Guerrero está a un paso del juicio oral

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“Va todo muy rápido”. Pablo Grillo viaja por primera vez en la camioneta de su padre desde que recibió el impacto de una granada de gas lacrimógeno en su cabeza durante la represión del 12 de marzo de 2025 frente al Congreso. Pese a su mejoría física después de nueve operaciones, sigue conmoviéndose por lo que vive y por lo que recuerda. En el trayecto desde el Hospital de Rehabilitación Manuel Rocca hasta su casa en Escalada, partido de Lanús, lo que ve a través de la ventanilla pasa para él “muy rápido”: semáforos, peatones, la luz del día, el retorno a una cotidianidad que parecía muy lejos.

El sábado 31 de enero, el fotorreportero de 36 años pasó la primera noche en diez meses fuera de un hospital. Cuando llegó a su domicilio se encontró con su familia y pasó el día allí. No quiso salir a caminar por el barrio ni visitar conocidos, pero sí durmió solo, junto a su perro Tupac, en el departamento contiguo a la casa de sus padres. Fue el primer fin de semana de muchos que podrían venir.

“Pablito está mucho mejor. La curva es rápida y ascendente, los médicos están muy contentos. Las salidas son parte de la rehabilitación. Es empezar a volver a lo habitual, a la cotidianeidad. Periódicamente va a ir saliendo del Rocca y la idea es que llegue el momento de quedarse en casa y que el hospital sea solo de día”, dice su padre, Fabián Grillo.

Las salidas transitorias coinciden casi con el primer aniversario de la agresión que recibió por parte del gendarme Héctor Guerrero. Pronto podría haber más novedades: el expediente en el que está procesado el efectivo de la fuerza federal que conducía Patricia Bullrich está a punto de ser elevado a juicio oral, según supo elDiarioAR de fuentes con acceso a la causa. La investigación está a cargo de la jueza María Servini, del Juzgado Criminal y Correccional Federal N° 1, junto al fiscal Eduardo Taiano. El procesamiento de Guerrero fue confirmado el 26 de diciembre de 2025 por la Sala II de la Cámara Federal de Apelaciones. En el expediente solo resta completar un requerimiento médico puntual solicitado desde el juzgado a la Corte Suprema de Justicia para avanzar hacia la elevación a juicio.

El pendiente consiste en un pedido para que el Cuerpo Médico Forense realice un nuevo informe actualizado sobre el daño neurológico y el estado de salud de Grillo. Una vez incorporada esa evaluación, en el juzgado consideran que no quedarían medidas de prueba sustanciales por hacer. Posteriormente hay un tiempo procesal donde el pedido de juicio oral es recibido por la querella y la defensa del acusado –que puede apelar– y recien entonces se definiría una fecha de juicio oral y público.

Guerrero fue procesado el 7 de octubre de 2025 por los delitos de lesiones gravísimas y abuso de armas reiterado en seis oportunidades –incluida la que impactó en Grillo–, todo agravado por su condición de miembro de una fuerza de seguridad. El procesamiento fue dictado sin prisión preventiva, aunque con un embargo de $203 millones, prohibición de salida del país y obligaciones de presentación periódica.

En su resolución, Servini dio por probado que Guerrero fue el autor del disparo de una granada de gas lacrimógeno que impactó en la cabeza de Grillo, y sostuvo que actuó de manera deliberada y antirreglamentaria, a sabiendas de que podía poner en riesgo la integridad física o incluso la vida de las personas que se encontraban frente a él. La jueza descartó además el argumento defensivo de que el gendarme no tenía visibilidad sobre los manifestantes y dejó acreditado que realizó al menos seis disparos horizontales hacia la multitud durante la represión.

La decisión fue apelada por la defensa, pero el 26 de diciembre de 2025 la Sala II de la Cámara Federal, integrada por los jueces Roberto Boico, Eduardo Farah y Martín Irurzun, confirmó por unanimidad el procesamiento. Los camaristas ratificaron que Guerrero fue el autor del disparo que hirió de gravedad a Grillo y de otros cinco disparos ilegales, y señalaron que los videos e imágenes incorporados al expediente muestran un patrón de comportamiento consistente con una conducta intencional.

Justo esta semana Bullrich respaldó públicamente el accionar del gendarme que hirió a Grillo, afirmando que “fue un tiro bien hecho” y relativizando las consecuencias del uso de la fuerza durante el operativo. La senadora y ex ministra aseguró que el Gobierno tenía información previa sobre la movilización y la calificó de “provocación”, defendió la actuación de las fuerzas y sostuvo que “las acciones correctas pueden tener consecuencias”. Para la ex ministra, el disparo fue una consecuencia del enfrentamiento y no una responsabilidad directa del efectivo, contrariamente a lo que señalan peritajes técnicos incorporados a la causa, que concluyeron que el arma no se usó conforme a los protocolos de seguridad establecidos.

Pero los dichos de Bullrich podrían tener consecuencia futura. En su voto, que confirmó el procesamiento de Guerrero el camarista Boico fue más allá y reclamó que se profundice la investigación sobre la cadena de mando del operativo represivo: el diseño del procedimiento, la transmisión de órdenes y la supervisión del accionar de las fuerzas, entonces a cargo de Bullrich. “Los hechos que aquí se investigan exigen una profundización relativa a las eventuales responsabilidades de las autoridades a cargo del operativo”, sostuvo.

La Cámara también incorporó una mirada alineada con los estándares internacionales de derechos humanos, al remarcar que el episodio ocurrió en el marco de una protesta social, un derecho humano central para la democracia, y que el uso de la fuerza estatal debe analizarse desde una lógica de protección de derechos y no de neutralización del conflicto social. La marcha frente al Congreso había sido convocada por jubilados, y se desarrollaba cuando las fuerzas de seguridad, entre ellas Gendarmería, Policía Federal y Policía de la Ciudad, respondieron con gases lacrimógenos, balas de goma y camiones hidrantes.

La represión dejó gravemente herido a Grillo, pero también a Jonathan Navarro, que perdió la visión de un ojo por un impacto de una bala de goma por parte de un miembro de la Prefectura, que también está procesado. En estos meses Grillo conoció de a poco lo que le sucedió: su familia le contó a demanda los hechos del 12 de marzo pasado y vio con amigos el video del Mapa de la Policía que reconstruyó el tiro que recibió. Ahora está enfocado en su recuperación médica y pendiente de cómo se resuelva finalmente el destino judicial de su agresor. A menos un año, como él le dijo a su padre, “va todo muy rápido”.

MC/MG