El peronismo y el chavismo: del quiebre con Maduro al repudio a la intervención militar en Venezuela
Cuando Néstor Kirchner murió, el 27 de octubre de 2010, el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, viajó a Argentina y se quedó tres días. Después del funeral multitudinario en Casa Rosada, Chavez acompañó a Cristina Fernández de Kirchner a enterrar los restos en Río Gallegos. En una comitiva mínima, compuesta por apenas un puñado de familiares y ministros kirchneristas, la presencia de Chávez quedó grabada en la memoria de Cristina. Tres años después, la ex presidenta viajó a Caracas para participar del velorio de Chávez y, cuando asumió su sucesor, Nicolás Maduro, le entregó la máxima distinción que se le puede hacer a un mandatario extranjero: la Orden del Libertador San Martín.
La relación del peronismo con la revolución bolivariana no estuvo exenta de contradicciones y controversias. Socios políticos durante el gobierno kirchnerista y defensores acérrimos cuando empezaron a repiquetear las primeras denuncias de fraude y persecución política, el peronismo mantuvo siempre un alineamiento estratégico con la Venezuela de Chávez. En el entorno de CFK todavía recuerdan cómo el primer escándalo que sacudió su gestión, apenas unos días antes de las elecciones, fue el caso de la valija con casi USD $ 800 mil de Antonini Wilson. Una operación de la CIA para desestabilizar el gobierno, según el kirchnerismo. Una colaboración para la campaña electoral, según un ex jefe de Inteligencia venezolano, Hugo “el Pollo” Carvajal.
Las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, sin embargo, significaron un quiebre en la relación con el gobierno bolivariano. Ya desde 2019 habían empezado a surgir los primeros cuestionamientos internos frente a las violaciones a los derechos humanos del gobierno venezolano, pero la última elección, en la que Maduro se negó a mostrar las actas con los resultados, marcó el fin de una etapa. Hasta la propia CFK exigió, desde un foro en México, que publicasen las actas electorales. Fue el principio del fin.
Ahora, frente a la intervención norteamericana en Venezuela y el secuestro de Maduro, el peronismo volvió a abroquelarse en torno a la misma postura: la defensa del principio de no injerencia y un reclamo por una solución “pacífica” del conflicto. Cauteloso, el peronismo optó por una estrategia institucionalista y coordinada. Nada quedó librado al azar.
Una amenaza para la región
Temprano a la mañana, cuando la noticia del bombardeo de Caracas y la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores, empezaba a extenderse por todos los portales de noticias, los voceros del PJ Nacional enviaron el mismo comunicado a todos los chats oficiales del peronismo.
“Condenamos los bombardeos de Estados Unidos en Venezuela, que constituyen una amenaza para toda la región y violan la Carta de Naciones Unidas. Reafirmamos los principios de no intervención, el rechazo al uso de la fuerza y la solución pacífica de los conflictos. América Latina es territorio de paz y soberanía”, rezaba el texto, que había redactado Sol Magno, dirigenta de La Cámpora y secretaria de Integración Regional del PJ.
Los mensajes empezaron a replicarse a través de las redes sociales. Con algunas diferencias mínimas -el Frente Renovador, por ejemplo, optó por destacar la ilegitimidad del gobierno de Maduro, mientras que La Cámpora no-, las agrupaciones y líderes de organizaciones empezaron a pronunciarse frente a un hecho que, advertían, ponían en peligro a toda la región. No solo a Venezuela.
“No buscan paz, ni defienden la democracia. Solo les interesan los bienes naturales que posee una región a la que intentan colonizar. Hoy es el petróleo, ¿qué sigue?”, cuestionó Máximo Kirchner. En una línea similar, Juan Grabois agregó: “¿No vieron cómo quedó Medio Oriente después de Libia, Irak y Siria? No importa si es Maduro, Lula o Kast. Es invasión, bombardeo y secuestro. Es guerra. Es la destrucción del derecho público internacional. Es ilegal. Es criminal. Es el fin de Latinoamérica como zona de paz”.
Los bloques peronistas en el Senado y la Cámara de Diputados también salieron a expresar su repudio, advirtiendo que la intervención en Venezuela establecía un “precedente de extrema gravedad para la convivencia internacional”. El comunicado, que fue trabajado entre Germán Martínez y José Mayans, recordó la experiencia histórica de América Latina con injerencias extranjeras: “Las acciones unilaterales militares sólo han generado violencia, desestabilización institucional y retrocesos democráticos”.
A modo de respuesta, una hora después, el bloque de La Libertad Avanza emitió un proyecto de declaración para “manifestar el respaldo de esta Cámara a la captura y remoción del territorio venezolano del dictador Nicolás Maduro”.
La pelea local
El peronismo estaba a la defensiva, y lo sabía. Uno de los primeros comentarios de Patricia Bullrich, apenas se conoció el operativo de Trump en Venezuela, fue publicar el video de cuando CFK condecoró, en 2013, al “querido amigo y compañero Nicolas Maduro”. La cercanía -ideológica, estratégica, afectiva- del kirchnerismo con Chávez y, luego, Maduro era un dolor de cabeza que, puertas adentro, el peronismo reconocía con incomodidad.
Frente a las contradicciones internas, sin embargo, la dirigencia peronista optó por señalar el interés geopolítico de Trump detrás de la intervención. Y lo comparó con lo que pasó con Sadam Hussin en Irak hace más de 20 años. “El maldito petróleo más la indocilidad de Maduro, le pasó como a Sadam Hussein en Irak y a Gadafi en Libia. Jamás le pasaría a las monarquías dóciles aunque violen todos los derechos humanos”, señaló el diputado Eduardo Valdés a eldiarioAR.
“Nosotros siempre propiciamos una salida a la crisis venezolana basada en el diálogo y el acuerdo. Obviamente nosotros no tenemos nada que ver con esa radicalización de Maduro. Nosotros hemos ganado y perdido elecciones y reconocimos siempre los resultados. Cuando nos tocó ser opositores fuimos opositores confrontativos, pero respetuosos del orden institucional. Y cuando tuvimos que entregar el poder, lo entregamos”, agregó Agustín Rossi, quien fue ministro de Defensa y, luego, jefe del bloque oficialista en Diputados durante el gobierno kirchnerista.
“El contexto en el que Cristina condecora a Maduro era el de la continuidad de la revolución bolivariana de Chávez, que acababa de fallecer”, explicó Rossi, quien cuestionó la utilización política de la intervención norteamericana.
“No me preocupa que quieran utilizarlo electoralmente, que es lo que hacen siempre. Lo que sí me preocupa es el antecedente que queda: que Trump haya tomado la decisión de invadir militarmente un país, bombardear su capital, realizar un ataque militar y secuestrar a su presidente. Es la ley del más fuerte. El mundo se aleja cada vez más del ámbito multilateral y se impone quien tiene más poder”.
MCM/MF
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