Cruces con peronistas, desplante a Villarruel y gritos: el lado B de la Asamblea Legislativa
Javier Milei se subió al atril, miró a la izquierda donde estaban ubicados los diputados peronistas y les dedicó un discurso de una hora y media. Los llamó “corruptos” y “bestias”, se rió de que Cristina Fernández de Kirchner estuviera presa y la llamó “la jefa de la banda”. Provocó, les pidió que lo aplaudieran y se rió de que lo insultaran porque le encantaba “hacer llorar kukas”. A Victoria Villarruel le negó el saludo y deslizó que era una “golpista”. Expansivo y provocador, como si estuviera de nuevo en el estudio de Intratables, Milei no hizo casi anuncios. Optó, en cambio, por polarizar con el kirchnerismo y borrar, en el proceso, todo lo que había en el medio.
“¿Dónde está tu amigo Espert?”, le gritó, apenas Milei ingresó al recinto, Nicolás del Caño. Los palcos explotados de la militancia libertaria rugieron. “Presidente, presidente”, cantaron, con una furia que iría escalando a lo largo de toda la noche. La dinámica de la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso se repitió, durante casi dos horas, casi como una coreografía: Milei chicaneaba a los “kukas” o “comunistas” que habían “destrozado el país”, algún peronista o diputado de izquierda respondía y, casi inmediatamente, los militantes libertarios amontonados en los palcos superiores gritaban y cantaban.
La transmisión oficial no los mostraba a todos. La organización de la Asamblea Legislativa era responsabilidad de Villarruel, pero había sido intervenida por Martín Menem, en nombre de Karina Milei. Esta vez, a diferencia del año pasado, la vice logró negociar que se le mostrara la cara, pero no mucho más: Milei le negó el saludo cuando fue a recibirlo en la entrada del Congreso, Karina intentó adelantarla –aunque Villarruel le pegó un empujón para correrla del primer plano– y, después, Milei la apuntó con la cabeza cuando se puso a hablar de los “propios” que habían soñado con “abrazar el sillón de Rivadavia”.
Villarruel no fue la única que sufrió un desplante. La distribución de los palcos y la utilización de la trasmisión oficial del discurso funcionó como una radiografía en la interna de poder libertaria. En los palcos principales, por ejemplo, estaban los padres del Presidente junto a la mano derecha de Karina en la Ciudad, Pilar Ramírez. A la derecha estaban Lule Menem y Santiago Viola, el apoderado de LLA y uno de los nombres que circula para reemplazar a Mariano Cúneo Libarona en el Ministerio de Justicia.
A la izquierda, a unos metros, se ubicaron Antonio Aracre, el ex asesor de Alberto Fernández devenido en libertario furibundo, y Diego Valenzuela, el primero de los intendentes del PRO que hizo el pase a La Libertad Avanza. El protagonismo era para el karinismo. En todas sus facetas. En los palcos superiores, por ejemplo, Sebastián Pareja –el armador de Karina en la Provincia de Buenos Aires– había llevado a su propia hinchada. “Seba, Seba, olé olé olé, Seba”, cantaba la juventud parejista, que también celebró con gritos la llegada de Karina al recinto.
Más alejados, ubicados justo por debajo del palco al que encerraron a la prensa acreditada –luego de quitarle, una vez más, el palco que le corresponde hace 40 años para que no pudiera cubrir de cerca el discurso presidencial–, estaban Santiago Caputo, Daniel Parisini (más conocido como “el Gordo Dan”) y Sebastián Amerio, el vice de Justicia. Corridos del foco, la transmisión oficial no los mostró ni una sola vez. Ni siquiera cuando Parisini se empezó a pelear con Myriam Bregman y decirle que se callara.
Las cámaras sí mostraron a los tres jueces de la Corte Suprema de la Nación, así como a los 10 gobernadores presentes, la delegación de embajadores y a militantes de origen desconocido. Fueron también protagonistas los ex aliados Juan Manuel López (Coalición Cívica) y Rodrigo de Loredo (UCR), quienes pese a haber abandonado la Cámara de Diputados no quisieron perderse el discurso de Milei. Hasta Villarruel quedó en un segundo plano cada vez que ponchaban a Milei. Pero no a Caputo, que había ayudado a redactar el discurso, ni a ninguno de los integrantes de las Fuerzas del Cielo.
Cruces, cantos e insultos: los dardos teledirigidos de Milei
“Ustedes también pueden aplaudir porque soy su presidente aunque no les guste”, ironizó, casi al principio del discurso, mirando a la bancada peronista. Milei tendría un solo interlocutor y no sería ni la bancada libertaria ni los ministros ni los televidentes. Sería la oposición kirchnerista.
“La justicia social es un robo. Manga de ladrones, delincuentes, por eso tienen a la suya presa”, les gritó cuando Kely Olmos, diputada del peronismo, le comentó que se había olvidado mencionar la “justicia social” entre los objetivos de un Gobierno. La respuesta generó una ola de aplausos, lo que llevó a que Milei repitiera la receta de pegarle a CFK durante gran parte del discurso. “Tobillera, tobillera”, cantaban, exultantes, desde los palcos.
“Como te gusta Cristian eh”, le respondía, a veces, Juan Grabois, quien sería otro de los apuntados preferidos de Milei y de la militancia libertaria en los palcos. El jefe del bloque peronista, Germán Martínez, se paró furioso a increpar a Menem para pedirle que ordenara a su jefe político. Milei, mientras Martínez gritaba a su lado, siguió leyendo el discurso, como si nada.
“Saquen al pinguino del cajón para que vea que los pibes cambiaron de idea”, cantaron, entonces, desde los palcos. Y la bancada kirchnerista empezó a gritar. “Como me gusta que lloren kukas, me encanta domarlos”, les respondía, sonriente, Milei.
En la oposición optaron por hacer comentarios sobre el escándalo de corrupción que sacudió a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), en el que los audios de Diego Spagnuolo vincularon a Karina con el cobro de coimas, y los cierres de empresas. “Sigan con las operetas que la gente sabe, sabe que son mentirosos, saben que los audios son falsos. Manga de ladrones, manga de chorros”, se irritó, entonces, Milei.
El Presidente encadenó insultos contra propios y ajenos. Acusó de “chorros” y “corruptos” a kirchneristas y empresarios, construyendo un enemigo proteccionista al que responsabilizar de la crisis productiva. “La malaria terminó”, prometió, antes de anunciar un paquete de nuevas reformas que nunca desarrolló. Eran los mismos títulos que en el Gobierno vienen repitiendo hace semanas –reforma electoral, el acuerdo comercial con Estados Unidos, cambios en el código civil, entre otros– y que Milei prometió enviar en los próximos días.
Finalizado el discurso, los diputados abandonaron rápido el recinto: Milei los estaba esperando con empanadas en Olivos, para hacer una gran cena triunfal que diera comienzo a su segunda luna de miel legislativa (la primera fue la de la Ley Bases).
MCM/MG
0