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Silencio y cambios en la agenda de campaña, la reacción del Gobierno tras el crimen de Ramos

Presidente Fernández, en la reciente reunión del G20 en Roma. En el Gobierno reconocen el impacto político del crimen de Ramos Mejía.

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Alberto Fernández delegó en su ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, la vocería “única” del gobierno nacional por el crimen de Ramos Mejía que volvió a poner el tema de la inseguridad, siempre presente en las demandas públicas, en el centro del debate político y mediático. El Presidente siguió los pormenores del hecho y se mantuvo en contacto con Axel Kicillof, el gobernador bonaerense.

En el Gobierno, luego del shock por el episodio y la posterior movilización, la reacción fue tratar de ordenar la postura oficial y ponerla en la dimensión de crisis de gestión para sacarle apreciación de tipo política o ideológica. En Casa Rosada aceptan que el impacto es político, reactiva la discusión sobre cuestiones que consideran ideológicas -como el endurecimiento de penas- y que tiene, además, impacto y uso electoral por parte de la oposición.

Tuvo otra consecuencia. Aunque las actividades de campaña se anuncian de un día para el otro o el mismo día, salvo los actos grandes como el del jueves en Merlo, en la agenda del Frente de Todos (FdT) estaba programada una actividad en La Matanza, distrito que incluye a Ramos Mejía, donde se produjo el crimen de Roberto Sabo. Desde el equipo de campaña se admitió que había una actividad prevista, que podría realizarse el miércoles. En Casa Rosada, en cambio, se negó que esté programada una bajada del Presidente.

Son, a simple vista, los dos efectos que el crimen de Ramos Mejía tuvo sobre la campaña oficial. La centralidad de Aníbal Fernández como portavoz de la postura del Gobierno y la decisión de reordenar la campaña, o al menos poner en suspenso, el tramo final y sobre todo el desembarco en Matanza, un territorio clave en términos electorales.

Sobre los dichos de Aníbal Fernández, surgieron planteos de dirigentes opositores, entre ellos el candidato a diputado Diego Santilli, que hasta mitad de año ocupó, además de ser vicejefe de gobierno porteño, ministro de Seguridad de CABA.

Hacia adentro del FdT volvió a tomar volumen la tensión con Sergio Berni, ministro de Seguridad bonaerense, que hace unas semanas dijo que luego de la elección del 14 de noviembre analizaría si continúa o no dentro del frente político. En esa decisión está implícita, además, su continuidad como ministro de Axel Kicillof.

El crimen de un joven en Quilmes, hace algunas semanas, volvió a poner a Berni como blanco móvil. Lo mismo ocurrió luego de este hecho en Ramos Mejía, agudizado por la actuación policial durante la marcha de la noche del lunes.

PI/WC

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