Lo asesinó en vivo por las redes, dijo que era un ladrón, pero la justicia no le cree y ya hay cuatro policías presos

El asesino de Abel Nicolás Suárez trasmitió en vivo cuando lo ahorcaba. El video se viralizó. Dijo que era un ladrón, pero la familia y la Justicia lo niegan.

“Tuve que enterrar a mi hijo y a mi hermana el mismo día”, reclamó Verónica Acuña, madre de Abel Suárez (26); el muchacho asesinado en vivo por Leandro Daghero (19), un vecino de barrio Yofre Norte de Córdoba, que subió a su estado de Whatsapp el momento justo en que cometía el asesinato y se replicó por los medios.

Hace una semana, la madrugada del sábado 30 de enero, Verónica, su nuera Irupé Argüello y el cuñado de Abel se enteraron que al muchacho lo habían asesinado, cuando les avisaron que habían visto en las redes cómo lo ahorcaban: “Mi hijo salió a eso de las once, pasó a buscar a un amigo, iban a tomar una cerveza. Y cerca de las tres de la mañana, el cuñado de Abel nos dice que lo había visto  cuando lo ahorcaban, que el asesino lo había subido al estado de Whatsapp. Una chica, amiga de una sobrina mía lo vio en Facebook y nos avisó. Es acá en la plaza de Yofre, se nota bien donde es. El cuñado de Abel fue hasta el lugar y ahí estaba la Policía, ya se lo habían llevado”, le contó la mujer a elDiarioAR.

Ese mismo día a la mañana, unas horas después de la muerte viralizada, Evangelina Quintana (53), tía y madrina de Abel les dijo a los medios cordobeses: “Nosotros nos enteramos por un video en Instagram”. A las seis de la tarde, cuando Evangelina llegó al velorio de Abel, se descompensó y murió. “No soportó el dolor de ver a Abel en un cajón, ella tenía tensión alta; no podía pasar situaciones feas”.

El sábado 30 a la madrugada, Leandro Daghero persiguió a Abel Suárez y contó, mientras lo ahorcaba y filmaba la escena, que el chico le había robado su teléfono celular: “Da la cara culiado, decí quién sos, la concha de tu madre. Qué vienen a robar estos giles, si son todos de San Jorge estos caretas. No vale ninguno de estas mierdas, ¡no vale ninguno!”. El presunto vecino asaltado subió las imágenes del crimen a su estado de Whatsapp y se viralizó por las redes sociales hasta llegar a los medios que lo replicaron hasta el cansancio, como si se tratara de una escena de Asesinos por naturaleza, el film escrito por Quentin Tarantino y dirigido por Oliver Stone. Todo apuntaba a un nuevo caso de exceso en la legítima defensa.

“Quiero limpiar la imagen de mi hijo. En todas partes en las noticias salió “ahorcó al ladrón y se filmó”. Mi hijo, Abel Nicolás Suárez no era un ladrón, no era un delincuente, era un vendedor ambulante que salía todas las mañanas a trabajar para darle de comer a su familia, dejó una viuda, un nene de dos años y otro de dos meses. Que nosotros seamos pobres, no quiere decir que seamos delincuentes”, reclamó Verónica Acuña.

Esta familia vive en un conventillo, donde velaron a Abel, en calle Manuel Castro al 3300 de barrio San Jorge, pegado a barrio Yofre Norte, a nueve cuadras de la plaza Monseñor Angelelli donde ocurrió el homicidio, en Palencia 2800. “Abel era mi único hijo, era el sostén del hogar. Él vivía con su esposa y sus hijos; yo vivo con mi pareja, y Evangelina vivía con su pareja y sus cuatro hijos”, detalla la madre del muchacho muerto. Abel, Irupé y sus dos hijos, vivían en un “departamento”; Verónica y su pareja en otro; y Evangelina y su familia en otro. “Departamento” es un eufemismo con que esta familia le da algo de dignidad a las piezas donde viven: “El mío es el mejor, tiene cocina-comedor, baño y la habitación arriba. Donde quedó la familia de Abel tienen pieza y baño; y el de Eva tiene cocina-comedor, dos piezas y un patiecito”.

Verónica trabajaba “en negro” en una panadería y se quedó sin trabajo en plena pandemia. Subsisten con una pensión de ama de casa de su pareja: “Cuando no tenía plata, Abel me pedía prestado, cómo no le voy a dar si era para la comida de sus hijos. Mi hijo no era un delincuente; yo sé muy bien cómo lo crié”. 

Evangelina, su hermana muerta, trabajaba en una empresa de limpieza: “Eva estaba en blanco, era el sostén del hogar. Su marido hace changas, pero con eso no alcanza, tienen cuatro hijos y un nieto de 2 años; el hijo mayor de 27 con algunos problemas mentales. Ahora vamos a ver si mi sobrina empieza a trabajar en esa empresa, fueron a hablar para ver si la toman”, detalla la madre de Abel. A Evangelina la velaron en una casa de sepelios.

Tras conocerse la muerte de Abel Suárez, el comisario mayor Fernando Jones, jefe de la División Homicidios de la Policía de Córdoba explicó que “llegó el móvil y como el sujeto se encontraba desvanecido, llamaron al 107”, y agregó que Abel murió por un paro cardiorrespiratorio y su supuesto cómplice fue detenido a las pocas cuadras.

La primera versión, dada por el propio Daghero y replicada por la Policía y los medios, señalaba que el joven de barrio Yofre Norte fue sorprendido por dos delincuentes, que corrió a uno, lo redujo, recuperó su teléfono, llamó a la Policía y filmó mientras lo reducía hasta matarlo. Esa versión también indica que el presunto cómplice de Abel Suárez, Marcelo Ceballos (27), también vecino de barrio San Jorge, fue detenido a las pocas cuadras y que a él le secuestran el teléfono de Daghero.

“La lógica dice que si robo un teléfono y me persiguen, tiro el teléfono y sigo corriendo. En esta versión que da el asesino de mi hijo, dice que el celular lo recuperó porque lo tenía Abel. Pero los policías dicen que el celular lo tenía el amigo que detuvieron después. Ahí, ya están mintiendo. Las cosas no son así: a mi hijo lo asesinaron cuando fue a una fiesta clandestina, el DJ de esa fiesta es el asesino de mi hijo, que cuando lo vio llegar con su amigo dijo “esos negros son de San Jorge”, y salieron a correrlos. No los corrió él solo, fueron varios los que los corrieron a los chicos, y a Abel lo mata este asesino. Nos odian porque somos de San Jorge, nos odian porque somos negros”, denunció la madre del joven muerto.

“Lo primero que quiero decir es que Abel Suárez era un chico trabajador informal; no era un delincuente. Es un joven sin antecedentes penales, nada más alejado de la realidad la versión dada que era un ladrón. Era un chico solidario, padre de dos niños muy pequeños, colaboraba en un club del barrio en tareas sociales y en el merendero Abracitos del Alma del Movimiento Carlos Mugica. Lo que esta familia busca es Justicia, lo que esta familia busca es reparar el daño que le hicieron al quitarle la vida a Abel, dejar a dos niños sin padre, a una esposa sin marido y a una madre sin su único hijo”, explicó el abogado José D’Antona a elDiarioAR.

Este penalista, uno de los más reconocidos de Córdoba, representa como querellante a Irupé Argüello, la pareja de Abel; mientras que la semana próxima también representará a la madre de la víctima, Verónica Acuña.

Los familiares y amigos de Abel Suárez realizaron protestas reclamando que se sepa la verdad: “Lo único que queremos es justicia por Abel”, señalaron en uno de los actos, el martes pasado en la esquina de la avenida Arturo Capdevila y Altolaguirre. El próximo miércoles 10, realizarán un corte en la avenida de Circunvalación: “Mataron a un chico trabajador, queremos que el asesino pague, y si la Policía no hizo nada para evitarlo, que también paguen los responsables”, exigieron.

¿Luz verde policial?

Como el homicidio ocurrió durante el receso judicial de verano, actuó la fiscal de feria Patricia García Ramírez, quien dispuso la detención de Leandro Daghero como presunto autor material del delito de homicidio calificado y de una pareja policial que llegó al lugar tras un llamado al 101, a la que acusó de presunta coautoría de homicidio: el agente Hernán Campos, chofer del móvil y el cabo Jorge Ferreyra, jefe de patrulla. También imputó por robo al amigo de Abel, Marcelo Ceballos.

“Sobre la acusación que pesa sobre mi cliente, todos estamos sorprendidos; puesto que en definitiva cumplió con su deber de acuerdo con los informes. El agente Campos operaba como chofer del móvil policial”, afirmó el penalista Alejandro Pérez Moreno. El defensor de Campos agregó: “No hay motivos que demuestren su actuación en el hecho como acusa la fiscal; no tiene sentido”.

¿Por qué la fiscal García Ramírez imputó a los policías Campos y Ferreyra como coautores del homicidio? Daghero declaró que mientras ahorcaba a Suárez para inmovilizarlo, los policías llegaron hasta la plaza Angelelli y al bajar del patrullero, le sugirieron: “Matalo”. 

Pero esta semana, la fiscal Claudia Rita Palacios que tomó el caso, imputó a otros dos policías por el delito de “encubrimiento doblemente agravado”, presuntamente porque al llegar al lugar; luego del agente Campos y el cabo Ferreyra, no habrían avisado a sus superiores lo ocurrido la trágica madrugada; incluso habrían adulterado pruebas para favorecer a sus colegas. Esas actuaciones son investigadas por la fiscal Palacios, quién está analizando las cámaras de seguridad de la zona y tomando declaraciones testimoniales.

Un audio interno de la Policía de Córdoba, a la que tuvo acceso elDiarioAR complica la situación de los policías Campos y Ferreyra: “Llegué al predio, a los dos minutos aparece la dupla, conversamos un ratito, me pasa él el videíto porque en el grupo de acá del predio habían puesto únicamente la foto del móvil y el escrito ese. Y el vago me dice “tengo el video”. Aparentemente fue así: los juanes (policías) llegan y le dicen “matalo al culeado ese”, qué se yo. Cuando el guaso se está filmando ahí con el saro (sospechoso), si te fijás bien, aparentemente ya estaba fijo (muerto), así que supuestamente cuando los juanes llegan, el saro estaba fijo. Pero parece ser que lo han apretado un poquito al loquito este que está apretándole el cogote al boludo ese, y el vago ahí dice: “Si la cana me dijo que lo mate, que después me iban a dar una mano”. “¿Y quién te dijo eso?”, le dicen: “Los dos primeros policías que llegaron”, dice. Por eso, están hasta la chota”, se revela en el audio que emitió un policía cordobés. 

Ese testimonio completa: “Pero aparentemente, cuando el guaso se filma, que es ahí cuando están los juanes, el saro estaba fijo. Ya lo había dejado fijo el guaso unos minutos antes. El vago está hasta la verga, porque aparentemente entrena esa bosta de artes marciales mixtas, esos que pelean en la jaula. Si le comprueban eso al vago, que está entrenando esa bosta, está hasta la chota porque lo van a tomar como un agravante; porque esa toma que le hace el vago ahí se llama “mata león”. En las artes marciales mixtas los guasos se desmayan, los desmayan arriba del ring. Y acá vos, con la adrenalina y todo eso, no medís la fuerza. En el ring el árbitro cuando ve que esa toma se está haciendo, el árbitro está mirándolo al guaso que tiene el brazo puesto alrededor del cuello, y cuando lo ve que se está desmayando, le ordena al otro que suelte y el guaso tiene que soltar. Acá nadie le ha dicho que suelte y se le ha ido la mano al pendejo ese. Lo cagó matando. Y cuando llegan los juanes, aparentemente es ahí cuando el pendejo se filma con esa bosta y ya los juanes le habían dicho que lo mate, por decirte así: “Matalo al culeado ese así no rompe más los huevos”. Así me están contando acá que ha sido”.

La fiscal Claudia Rita Palacios está analizando los testimonios de testigos, además de los de Daghero y los cuatro policías y el de Marcelo Ceballos, el amigo de Abel Suárez. Trabaja a puertas cerradas para evitar filtraciones. Quiere confirmar algunas cuestiones claves: la realización de una fiesta clandestina organizada por Daghero –derrumba la versión del robo del teléfono celular-; y los antecedentes violentos del sospechoso. Luego del asesinato de Abel Suárez, trascendió en el barrio que su matador “tiene varias denuncias por violencia y hasta por abusos sexuales”.

Los barrios Yofre Norte y San Jorge están ubicados en el este de la ciudad de Córdoba; y los divide la avenida Arturo Capdevila. Los habitantes del primero, un barrio de clase media, sostienen que sus vecinos son “negros delincuentes” porque viven en una barriada popular. Precisamente, lo que exclamó Leandro Daghero mientras ahorcaba a Abel Suárez, el pibe hincha de Talleres de Córdoba y de River Plate que colaboraba con dos merenderos populares de su barrio.

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