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Horas decisivas

Entre la euforia y el riesgo: cómo leyó el Gobierno la caída de Maduro

El presidente Javier Milei.

Pedro Lacour

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La captura de Nicolás Maduro en una operación encabezada por Estados Unidos encontró al gobierno de Javier Milei despierto, atento y políticamente decidido. Desde la quinta de Olivos, el Presidente siguió las primeras informaciones que comenzaron a circular de madrugada y fijó de inmediato una posición sin ambigüedades: respaldo total a Washington, celebración explícita de la caída del chavismo y una lectura estratégica que combina oportunidad geopolítica con una apuesta de riesgo.

Entre las 3 y las 4 de la mañana de este sábado, el grupo de WhatsApp que comparten ministros, funcionarios clave y la mesa política empezó a moverse. Según pudo saber elDiarioAR, fue Patricia Bullrich una de las primeras en advertir que “algo grande” estaba ocurriendo en Venezuela. La información inicial era fragmentaria, pero las versiones sobre bombardeos selectivos contra instalaciones militares y un operativo de “extracción” del líder chavista ganaron consistencia con el correr de los minutos.

Imagen de Caracas tras el ataque de EEUU contra Venezuela

La confirmación llegó recién a las 6.21, cuando Donald Trump anunció en Truth Social que Maduro había sido capturado y trasladado fuera del país. Trece minutos después, Milei marcó la línea política con un mensaje que funcionó como orden interna y señal externa: “La libertad avanza. Viva la libertad carajo”. En la Casa Rosada lo leyeron como algo más que una consigna ideológica: fue el encolumnamiento explícito detrás de Estados Unidos y, en particular, detrás de Trump como figura y como método.

El Presidente reforzó ese posicionamiento con gestos simbólicos. Compartió fragmentos de su discurso en la última cumbre del Mercosur y contrastó su postura con la del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, a quien volvió a ubicar del lado de los líderes regionales que habían sostenido vínculos con el chavismo. La señal fue clara: Milei no solo se desmarca de buena parte de América del Sur, sino que busca pararse como referencia de un nuevo eje de derechas regional, alineado sin matices con Washington.

Desde temprano, la Cancillería, encabezada por Pablo Quirno, trabajó en el comunicado oficial. Allí, el Gobierno calificó a Maduro como “dictador” y “líder del Cartel de los Soles”, respaldó las acciones de la administración Trump y expresó su expectativa de que asuman las autoridades “legítimamente elegidas” en Venezuela, con menciones al presidente electo Edmundo González Urrutia y al liderazgo de María Corina Machado. Para el oficialismo argentino, la caída del chavismo no es solo un hecho externo, sino también la validación de su propio relato internacional.

La situación de Nahuel Gallo

Puertas adentro, sin embargo, el clima combinó euforia con cautela. Funcionarios admiten que el escenario sigue abierto y que las próximas horas serán decisivas para saber si se consolida una transición política o si se abre una etapa de fragmentación e inestabilidad. E ese marco, un dato atraviesa todas las conversaciones oficiales: la situación del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido por el chavismo en diciembre de 2024.

Nahuel Gallo detenido en Venezuela, en la imagen difundida en 2024..

En paralelo a la celebración política, Milei aseguró que el Gobierno argentino ya está trabajando para lograr su liberación y sostuvo que, con el nuevo escenario en Venezuela, “las chances de que vuelva con vida son más altas”. Según explicó, se están redoblando los esfuerzos diplomáticos para resolver el caso con urgencia, en coordinación con Estados Unidos y otros actores internacionales.

Desde el Palacio San Martín, en tanto, endurecieron el tono. En un comunicado oficial, remarcaron la responsabilidad internacional del “régimen venezolano” y señalaron que Venezuela es responsable por “la integridad física y la seguridad personal del ciudadano argentino Nahuel Gallo”, quien se encuentra en una situación de detención arbitraria y desaparición forzada, en violación de las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos. El texto reiteró el pedido por su inmediata liberación, ahora bajo un escenario político completamente alterado.

Es que la lectura política de Milei va más allá del episodio venezolano. Su respaldo no es a “Estados Unidos” en abstracto, sino a Trump como figura y como narrativa. El lenguaje y la ausencia de referencias al derecho internacional, a la ONU o a instancias multilaterales refuerzan una política exterior guiada por afinidades ideológicas y decisiones de fuerza.

Para el Presidente, la captura de Maduro es algo más que la caída de un “régimen”: es la confirmación de que el mundo que imagina también puede imponerse. La incógnita, admiten incluso en el oficialismo, es cuál será el costo político y diplomático de esa apuesta si la transición venezolana no sigue el guion esperado.

PL/MF

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