Vacunadores ambulantes, la cotidiana tarea de inmunizar los hogares más vulnerables

Los vacunadores ambulantes recorren barrios y casas para inmunizar a los ciudadanos

elDiarioAR

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Ana Molero tiene 48 años, es de nacionalidad peruana y vive hace 22 años en Buenos Aires. Se recibió de enfermera en el 2019 y, justo cuando comenzó la pandemia, le dieron su matrícula. Atravesada por querer aportar algo al contexto, se anotó en una convocatoria de la Ciudad de Buenos Aires y quedó seleccionada como vacunadora contra el coronavirus.

Primero estuvo en la Usina del Arte y, ahora, es parte de los equipos que hacen vacunación ambulante y se trasladan a geriátricos, instituciones de niños con discapacidad, clínicas de rehabilitación y paradores para garantizar el acceso a la vacuna. “Me genera más emoción ir a domicilio porque son las personas que más lo necesitan, porque no pueden trasladarse”, dice Molero.  

La vacunación ambulante o itinerante es una estrategia que se implementó tanto en la Ciudad como en la Provincia de Buenos Aires para alcanzar una mayor cantidad de personas vacunadas y lograr que quienes no pudieran acercarse a los centros por algún motivo, tuvieran su dosis.

En la Provincia se instalaron postas en estaciones de tren, entradas a barrios y clubes, y se puede ir sin inscripción previa. Miguel Antonio Benítez, un enfermero de 36 años, trabaja en el área de la Salud Comunitaria de esa jurisdicción y es parte de este abordaje territorial.

En diálogo con elDiarioAR señala: “Es una estrategia que funciona mucho porque hay una participación de la comunidad, de las organizaciones sociales. Hay una construcción de redes de salud con los municipios, la Provincia, organizaciones barriales, que permite generar jornadas super integrales pero además nos permite ir a casas que por ahí los vecinos ya saben que no pudo acceder a la vacuna, entonces facilitan ese tramo. Nosotros siempre decimos que la comunidad es parte del equipo de salud comunitario”.  

Según detalla, han llegado a vacunar a más de 400 personas en jornadas itinerantes e, incluso, colaboraron como ayudantes estudiantes de las facultades de La Plata. A él también le había tocado ser voluntario mientras estudiaba, cuando fue la Gripe A en el 2009.

Molero y Benítez coinciden en que las emociones que se viven al acercarse puerta a puerta son distintas que atender en un Centro de Vacunación fijo. Y, así como se viven otras cosas, también aparecen problemas.

“En cada domicilio nos encontramos con diferentes situaciones, porque son personas que no pueden llegar por sus propios medios y que necesitan la vacuna ansiosamente. Es una felicidad para mí hacerlo, pero también nos pasa que llegamos y con determinadas vacunas no querían vacunarse. Ahí nuestro trabajo era de qué forma abordar la situación para hacerles entender que esa vacuna también es efectiva”.

Benítez también tuvo experiencias como esa, en las que tuvo que tener charlas con las personas a las que se acercaba para que confiaran en la vacunación. Para él, la principal diferencia entre uno y otro método -itinerante o fijo- es la posibilidad de derribar los obstáculos que existen para que una persona pueda acceder a la Salud.

“Nosotros nos formamos para garantizar la salud a todas las personas y muchas veces en nuestra formación carece de práctica territorial concreta. Cuando uno se acerca a la puerta de la casa de una familia o transita un barrio encuentra una realidad que no conocía y no está en ningún libro. Pero además descubre un montón de situaciones en Salud que van más allá de la vacunación. Entonces, por un lado lográs garantizar el derecho de acceso a la vacunación y por el otro lado, en una escucha activa, nos traemos un montón de situaciones a las que hay que darles respuesta”. 

Tal como lo indica su nombre, las postas u hospitales móviles van recorriendo distintos lugares. Semana a semana van cambiando los barrios y direcciones para abarcar todo el territorio, en ambas jurisdicciones. 

MGF

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