Uno de cada cuatro adultos mayores vive en condiciones de pobreza

Una de cada cuatro personas mayores de 60 años vive en condiciones de pobreza multidimensional. Si bien la cifra es alta, ese grupo etario es el que tiene mejores índices en comparación con los de menor edad. Además, los mayores de 75 son los que menos expuestos están a esa situación. 

“La edad opera como un factor de menor riesgo a lo que sería la pobreza multidimensional”, explicó Solange Rodríguez Espínola, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).  La pobreza multidimensional es la que mide distintas dimensiones más allá del ingreso. Por ejemplo, también se tienen en cuenta el habitad, la vivienda, la salud o la protección social. Así, este tipo de pobreza alcanza a una de cada 4 personas mayores.

De todos modos, en comparación con los sub 60, están mucho mejor: en promedio hay 20 puntos porcentuales entre unos y otros.Si se compara con niños, niñas y adolescentes, esta situación duplica la registrada entre las personas mayores. Los datos surgen del informe “Condiciones de vida de las personas mayores (2017-2021)”, realizado en conjunto con la Fundación Navarro Viola. 

“Es porque esas personas mayores, en su mayoría, ya tienen previsto ciertas estructuras de vivienda que en determinada edad no. Algunas cuestiones que remiten a lo que son servicios básicos y, también, a que ciertos hogares tienen otra estructura. Por ejemplo, al tener niños o con personas con más incidencia en el contexto de estudiar o de salir, eso hace que exista otra disparidad. La estructura de organización de gastos de las personas mayores es distinta. No es que no haya pobres porque la pobreza multidimensional habla de las carencias de derechos”, le dijo la investigadora a elDiarioAR. A cuánto mayor edad, mayor protección frente a la pobreza multidimensional: en el caso de personas mayores de 75 años se da en una de cada cinco. 

Si se mira todo el arco de edades, se ve que, aún siendo importante entre los más viejos, la pobreza multidimensional los alcanza en la tercera parte de la que se registra entre los sub 18. “Una diferencia abismal, la edad avanzada es casi un seguro contra la pobreza multidimensional”, sostiene el estudio.  “Dentro de los mayores, los que tienen entre 60 y 74 años serían los más expuestos, todavía no tienen  la previsión de cómo sostenerse sin la estabilidad de una jubilación o empezando a tener una jubilación y no teniendo los servicios básicos”, describió Ródríguez Espínola. 

Otro de los datos muestra que cuatro de cada diez hogares con personas mayores tienen ingresos insuficientes. Una situación que empeoró con respecto a la medición previa que fue entre 2010-2017. Sin embargo, si se lo pone en contexto con las otras edades, también se ve que los índices son mejores. En los hogares sin personas mayores, la cifra de ingresos insuficientes se eleva a cinco de cada diez. “Dentro de un cuadro sombrío para todos los hogares, con y sin personas mayores, los hogares con mayores están menos mal”, afirma el texto.

“Es como un arreglo de las estrategias de los hogares por los ingresos que se tienen. Los hogares compuestos exclusivamente por personas mayores son los más protegidos, pero no aquellos que son de múltiples generaciones. Estas personas mayores terminan sosteniendo estos hogares o parte de ellos,  lo que hace que disminuyan esas condiciones. Las estrategias de subsistencia tiene que ver con esto de vivir entre varias generaciones”, indicó la investigadora.

El estudio también indaga en las condiciones de salud y de bienestar subjetivo. Dos de cada diez empeoraron su salud en 2020, respecto al momento previo al COVID-19. Se trata mayormente varones, en estratos medios profesionales  en hogares multipersonales. La soledad también incide en sus condiciones de vida. “Vimos ciertas fortalezas que tienen los adultos mayores que viven con otro y no los que están solos. Estos últimos tienen ciertas vulnerabilidades frente algunas circunstancias que no las tienen otros. Tiene que ver con la asistencia de alguien, las condiciones efectivas de apoyo, de felicidad, de sentirse que tienen planes, que puede entender la vida desde otra perspectiva. Los que están solitos son los que se observan más vulnerables”, agregó Rodríguez Espínola.

La investigadora explicó que hay políticas públicas de intervención que deben ser reactualizadas después de la pandemia, como el acceso a los turnos médicos, que en muchos casos son a largo plazo, o las actividades que requieren acceso a internet. “No es que las personas mayores sean vulnerables sino que necesitan políticas de intervención propias y adecuadas a su contexto y situación. Por ejemplo, el acceso a través de espacios virtuales está relacionado con el contexto de red social que tenga la persona. Los abuelitos que están más aislados son los más complicados de acceder a determinados servicios o necesidades básicas”, explicó. 

CDB/MG