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Cuatro argumentos para convencer a los negacionistas de que protejan el medio ambiente

Activismo climático y negacionismo climático. Foto: Markus Spiske Pexels 2990610

Darío Pescador

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La jauría de trolls de Twitter encontró un nuevo objetivo para descargar sus ataques. Si durante la pandemia de coronavirus fueron los epidemiólogos, ahora le toca a los meteorólogos recibir insultos y amenazas por sus informaciones sobre el preocupante aumento de temperaturas y sequía que se espera este año.

Según la prestigiosa revista científica Nature, decenas de investigadores del clima en todo el mundo sufrieron acoso en redes sociales por su trabajo por parte de un grupo muy concreto de personas: los negacionistas del cambio climático.  

El cambio climático es una amenaza real y palpable, y más del 99% de los estudios científicos están de acuerdo en que la causa es la acción humana sobre el planeta.

Pero hay miles de personas en el mundo que lo niegan, y eso no es casualidad. Durante décadas, las compañías de combustibles fósiles gastaron millones en lobbying, sembrando dudas sobre datos científicos irrefutables y rechazando cambiar sus modelos de negocio, a pesar de tener pruebas de los efectos sobre el clima de los combustibles fósiles desde los años 70.

Esta campaña incansable, que continua hasta nuestros días, está documentada en el libro El triunfo de la duda, del epidemiólogo y asesor de Obama David Michaels.

Hoy en día, estas compañías, especialmente las petroleras y gasísticas, siguen teniendo una presencia enorme en cumbres climáticas como la COP27, donde sus representantes eran más numerosos que los de ninguna otra delegación nacional.

Además, todavía se plantean estos argumentos en algunos medios de comunicación, donde se presentaba habitualmente a un científico frente a un negacionista o conspiranoico para dar una visión “equilibrada” del asunto. Políticos como Donald Trump minimizan constantemente su importancia y la atribuyen a una “militancia política”.

El negacionismo del cambio climático puede manifestarse de diversas formas:

Cuestionar la existencia del calentamiento global: algunos negacionistas afirman que el calentamiento global es una invención o exageración de la comunidad científica y no es real.

Atribuir el cambio climático a causas naturales: algunos argumentan que el cambio climático es parte de un proceso natural y cíclico de la Tierra, como las eras glaciares, y que la actividad humana no tiene un impacto significativo en este proceso.

Minimizar la gravedad de las consecuencias: hay quienes reconocen que el clima está cambiando, pero sostienen que sus efectos son mínimos o no perjudiciales y que la humanidad podrá adaptarse fácilmente a estos cambios.

Desacreditar la evidencia científica: las campañas dirigidas a sembrar dudas por parte de la compañías de hidrocarburos intentan socavar la confianza en la ciencia del cambio climático al señalar supuestas inconsistencias en los datos o al acusar a los científicos de manipular la información para promover una agenda política o económica.

Promover teorías de conspiración: algunos negacionistas del cambio climático creen en teorías de conspiración que sugieren que el cambio climático es un engaño promovido por gobiernos, organizaciones internacionales o grupos de poder para controlar a la población o beneficiarse económicamente, o incluso que está provocado por “fumigaciones” de productos destinados a controlar el clima desde los aviones (chemtrails).

Un informe publicado por el Proyecto de Opinión Pública Europea sobre Cambio Climático (EPCC) mostró que aproximadamente el 93% de los europeos creen que el cambio climático es un problema “muy” o “bastante” serio.

Esto implica que solo un pequeño porcentaje de la población, en torno al 7%, no considera el cambio climático como un problema serio, aunque no todos ellos pueden ser clasificados como negacionistas en términos estrictos.

Estas cifras son más altas en EE UU, donde se estima que un 10% de los estadounidenses son “escépticos” del cambio climático, y donde estas posturas están muy determinadas por las convicciones políticas. 

Causas psicológicas tras el negacionismo del cambio climático

Los mensajes de las empresas y políticos negacionistas caen en terreno abonado en términos psicológicos. Estos mensajes se aprovechan de barreras y estímulos psicológicos que se aplican igualmente a otras creencias (como los terraplanistas, por citar un caso extremo). Estos son los fenómenos psicológicos más habituales que están detrás de la negación del cambio climático, según un estudio publicado en Nature:

Distancia en el tiempo: durante los últimos años, los peores efectos del cambio climático se presentaron como algo que ocurriría en el futuro, en 2050 o 2100. Esta distancia temporal crea una falta de conexión emocional con las personas, que lo ven como algo abstracto y complejo.

Fatalismo: unido a lo anterior, la idea de que el cambio climático es inevitable y que no se puede cambiar su trayectoria, o que es demasiado complicado o caro hacer algo, hace que otras personas tiren la toalla y racionalicen su decisión minimizando o negando los riesgos.

Identidad cultural y política: la postura de una persona sobre el cambio climático muchas veces está relacionada con lo que piensan sus referentes y personas cercanas, o el grupo social al que pertenecen. Las personas pueden negar el cambio climático para proteger y mantener su identidad y pertenencia al grupo y evitar así el conflicto con sus personas más cercanas.

Disonancia cognitiva: la disonancia cognitiva ocurre cuando una persona mantiene creencias o actitudes contradictorias. En el caso del cambio climático, puede haber una disonancia entre el conocimiento de los impactos negativos de ciertas acciones (como el uso de combustibles fósiles) y la necesidad de mantener su estilo de vida actual. Negar el cambio climático puede ser una forma de resolver esta disonancia.

Percepción de falta de control: el cambio climático es un problema global y puede parecer abrumador y fuera del control individual. Negar el cambio climático puede ser una forma de lidiar con la ansiedad y la sensación de impotencia asociadas con la magnitud del problema.

Miedo al cambio: el cambio climático va a provocar cambios significativos en la economía, la política y el estilo de vida de la gente. Las personas pueden negar el cambio climático porque temen las implicaciones de estos cambios y prefieren que todo siga como está, aunque sea imposible.

Para la psicóloga Jessica Kleczka, los negacionistas del cambio climático no son villanos, sino víctimas de sus propias emociones. En su charla TED explica cómo la “ansiedad climática”, tanto el catastrofismo como el negacionismo que están presentes en los medios de comunicación polarizan a las personas, que reaccionan basadas en su miedo al cambio y a lo que el cambio climático puede significar para nuestras vidas, trabajos y estilos de vida.

Hay tres posibles reacciones, que tienen que ver con las reacciones naturales de los animales cuando se sienten amenazados. Como ellos, los seres humanos hemos evolucionado para enfrentarnos a las amenazas con respuestas de lucha, huida o parálisis.

Esto quiere decir que algunas personas luchan contra el cambio climático activamente, otras sienten miedo y se bloquean a la hora de actuar, mientras que otras simplemente evitan el problema.

De hecho, la mayor parte de los negacionistas del cambio climático no son beligerantes (a pesar de lo que su presencia en redes sociales pueda hacer pensar), sino “negacionistas pasivos”, que simplemente niegan el problema y no quieren oír hablar de él.

Para Kleczka y otros psicólogos, la forma de hacer salir a estas personas de su pasividad no es el enfrentamiento, sino la compasión y la empatía. Entender que el cambio climático es una amenaza mucho mayor que cualquier otra alternativa, y enfocarse en las ventajas que tiene la acción contra el cambio climático.

Un estudio publicado en 2015 en Nature encuestó a 6.000 personas de 24 países y descubrió que hacer hincapié en los beneficios compartidos de la lucha contra el cambio climático era una forma eficaz de motivar a la gente a tomar medidas, incluso si inicialmente se identificaban como negacionistas.

Por ejemplo, era más probable que la gente tomara medidas para mitigar el cambio climático si creía que producirían desarrollo económico y científico. Lo más importante es que estos resultados fueron válidos para todas las ideologías políticas, edades y sexos. 

El negacionismo del cambio climático va en declive, pero la táctica del retraso en la acción climática, impulsada por la industria de los combustibles fósiles y políticos vinculados a ella, amenaza con socavar nuestros esfuerzos por un futuro sostenible. No es tanto que la gente niegue la necesidad de actuar contra el cambio climático, solo que eligen creer que no corre prisa y puede esperar.

Julia Steinberger, profesora de Desafíos Sociales del Cambio Climático en la Universidad de Lausana, identificó cuatro tácticas principales de retraso:

  • desviar responsabilidades (el problema lo causa China, no yo)
  • promover soluciones no transformadoras (hay que capturar el CO2 de los tubos de escape)
  • enfocarse en los aspectos negativos de la acción climática (abandonar los combustible fósiles aumentará los precios)
  • rendirse al fatalismo (no merece la pena esforzarse, vamos a morir todos al final).

Cómo hablar con los negacionistas del cambio climático

Entonces, ¿cómo podemos abordar la negación del cambio climático y la dilación en la acción climática, y persuadir a los negacionistas activos o pasivos que nos rodean? Estas son algunas estrategias basadas en la psicología:

  1. Informar con empatía: compartir información científica de manera accesible y comprensible es fundamental, pero comunicar estos datos con empatía y comprensión de la situación y circunstancias de la persona que escucha puede aumentar la probabilidad de que los negadores del cambio climático estén más dispuestos a prestar atención.
  2. Encontrar puntos en común: hablar con los negacionistas sobre temas y preocupaciones compartidas, como la salud, la economía o el deseo de un futuro mejor para las generaciones venideras. Establecer esta conexión puede facilitar la comunicación y ayudar a que las personas se sientan menos atacadas y reaccionen negativamente.
  3. Usar metáforas y ejemplos cotidianos: las metáforas y ejemplos relacionados con la vida diaria pueden hacer que los conceptos científicos complejos sean más fáciles de entender y recordar. Por ejemplo, comparar el efecto invernadero con una manta que atrapa el calor en la Tierra puede ser una analogía simple pero efectiva, y es menos amenazadora que un gas invisible cuyos efectos son difíciles de comprender.
  4. Fomentar la participación activa: es más probable que los negacionistas del cambio climático cambien de idea cuando participan en actividades relacionadas con la sostenibilidad, como la reforestación, la limpieza de playas o la implementación de energías renovables en sus hogares. Esto puede ayudarles a comprender mejor los problemas y a percibir directamente las ventajas de sus acciones y los daños que se evitan.

Los negacionistas no son monstruos, sino personas con miedo a una amenaza muy real. Abordar el negacionismo y el retraso en la acción climática desde la psicología implica comprender las emociones y motivaciones detrás de estas posturas, y tratarlas con compasión y empatía, en lugar de desprecio, puede ser la clave para ganarlos para la lucha contra el calentamiento global. 

DP

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