A un año del anuncio de Trump

EE.UU. abandona oficialmente el Acuerdo de París: ¿cómo afecta al multilateralismo climático?

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Un año después de que Donald Trump como presidente de Estados Unidos anunciara la segunda salida de su país del emblemático Acuerdo de París, un tratado internacional vinculante que compromete a los países firmantes a limitar el calentamiento global por debajo de los 2 grados y preferiblemente a 1,5 grados, el abandono estadounidense del mismo es oficial desde este 27 de enero.

Territorios vulnerables a los embates del calentamiento global no son solo los que están en vías de desarrollo, sino la propia Europa; por ejemplo España, con el peor balance de incendios forestales de las ultimas tres décadas tras un verano extremadamente caluroso, que llevó al Gobierno de Pedro Sánchez a poner en marcha un pacto climático frente a los embates del clima.

El abandono de Estados Unidos del Acuerdo de París no debería suponer un paso atrás en los compromisos climáticos. “Más retrasos significan más impactos, más eventos meteorológicos extremos y mayores costos económicos y sociales”, explicó en declaraciones a EFE la analista española Lara Lázaroinvestigadora principal del Real Instituto Elcano.

No es una retirada simbólica

“No se trata solo de una retirada simbólica” del multilateralismo climático, agregó. EE.UU. es el primer emisor histórico y el segundo actualmente de gases de efecto invernadero, por lo que su ausencia de los foros internacionales desplaza responsabilidades y costos hacia otros actores.

Por su parte, Ignacio Arróniz, analista de política climática y experto de la organización no gubernamental Earth Insight dedicada a buscar soluciones en temas de naturaleza y clima, aseguró a EFE que la decisión de Estados Unidos acabará perjudicando al propio país como tal.

El abandono del Acuerdo de París manda al mundo el mensaje de que “nosotros no apostamos por la transición energética, pero ocurrirá exactamente lo contrario, la transición no apostará por EEUU”, dijo.

Y eso supone miles de millones en potenciales inversiones perdidas en sectores estratégicos en los que China ya es el líder indiscutible: renovables, baterías, vehículos eléctricos, minerales, etc“, añade el experto.

La posición de España

España, como es habitual, actúa en el marco del multilateralismo a través de la Unión Europea, y la realidad es que cuando un actor del peso de Estados Unidos se retira, “los equilibrios se alteran”, explicó Lara Lázaro.

Durante el último año se ha visto ya cómo ha ido cambiando el contexto de las negociaciones climáticas a nivel internacional a medida que Estados Unidos daba “pasos claros en contra de las políticas verdes”, según la analista.

De hecho, EEUU no acudió a las reuniones intersesionales previas a la última cumbre climática ni a la COP30, ausentándose de los principales foros de negociación climática. Sus acciones están dejando ya un impacto, según los expertos.

China, por ejemplo, podría haber estado más dispuesta a apoyar una hoja de ruta clara para abandonar progresivamente los combustibles fósiles si contara con una contraparte estadounidense, ha explicado Lázaro.

Cuando uno de los grandes emisores desaparece de la mesa, como es el caso de Estados Unidos, el incentivo para avanzar en nuevos objetivos tiende a reducirse.

Y es que la retirada de Estados Unidos no se limita al Acuerdo de París. En enero de este año, se convirtió en el primer y único país en anunciar su salida de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

“Muy grave es también el abandono del IPCC, el panel intergubernamental de expertos sobre cambio climático que proporciona, desde su creación en 1988 y a partir del primer informe de evaluación de 1990, el resumen de la mejor ciencia a los decisiones políticas”.

Dicho abandono supone “un misil en la línea de flotación de la ciencia que informa las decisiones políticas y las negociaciones climáticas”.

A esto se suma la retirada de la financiación del Green Climate Fund -el mayor fondo climático existente- y la salida de organismos clave como la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el IPBES sobre biodiversidad biológica o REN21 sobre energía renovable.

“Se trata de una retirada en toda regla del multilateralismo climático que no habíamos visto en ninguna administración anterior, ni siquiera durante el primer mandato de Trump”, según Lara Lázaro.

Sin embargo, Estados Unidos sigue siendo “un socio imprescindible”. Su salida implica que “alcanzar los objetivos climáticos actuales será más caro y más lento”.

Es una mala noticia para las negociaciones internacionales y añade presión sobre el resto de los actores, en un momento de “tensiones geopolíticas, cuellos de botella en materias primas, dependencias manufactureras y posibles restricciones comerciales”, ha añadido.

En este escenario, no habría de sobrevalorarse el protagonismo climático que le corresponde a la UE: el bloque europeo representa alrededor del 6 % de las emisiones globales, frente al 30 % de China y al 11 % de Estados Unidos.

El Acuerdo de París, que se aprobó oficialmente en diciembre de 2015, surgió para abordar la necesidad de trabajar globalmente para luchar contra el cambio climático. Es un tratado internacional jurídicamente vinculante por el que los países firmantes —casi 200 en 2015— se comprometen a hacer los esfuerzos necesarios para impedir que la temperatura global del planeta al final del siglo XXI suba más de 2ºC respecto a la que era antes de la era industrial y “preferiblemente” que ese límite sea 1,5ºC.

El Acuerdo de París: claves

El cambio climático constituye una emergencia mundial que va más allá de las fronteras nacionales. Se trata de un problema que exige soluciones coordinadas en todos los niveles y cooperación internacional para ayudar a los países a avanzar hacia una economía con bajas emisiones de carbono.

Para abordar el cambio climático y sus impactos negativos, los líderes mundiales en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), en París, realizaron un avance más el 12 de diciembre de 2015 con el histórico Acuerdo de París.

El Acuerdo establece objetivos a largo plazo como guía para todas las naciones:

  • reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura global en este siglo a 2 °C y esforzarse para limitar este aumento a incluso más de tan solo el 1,5 °;
  • revisar los compromisos de los países cada cinco años;
  • ofrecer financiación a los países en desarrollo para que puedan mitigar el cambio climático, fortalecer la resiliencia y mejorar su capacidad de adaptación a los impactos del cambio climático.

El Acuerdo es un tratado internacional legalmente vinculante. Entró en vigor el 4 de noviembre de 2016. En la actualidad, 194 partes (193 países más la Unión Europea) han firmado el Acuerdo de París.

El Acuerdo incluye compromisos de todos los países para reducir sus emisiones y colaborar juntos a fin de adaptarse a los impactos del cambio climático, así como llamamientos a estos países para que aumenten sus compromisos con el tiempo. El Acuerdo proporciona a los países desarrollados una ruta para que ayuden a las naciones en desarrollo a mitigar y adaptarse al cambio climático, creando un marco para un control y una información transparentes sobre los objetivos climáticos de estos países.

El Acuerdo de París proporciona un marco duradero con afán de dirigir el esfuerzo global durante las próximas décadas. Señala el comienzo de un cambio hacia un mundo con emisiones cero neto . La puesta en práctica del Acuerdo también es esencial para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que ofrece una hoja de ruta para las medidas climáticas que reducirán las emisiones y aumentarán la resiliencia al clima.

¿En qué consiste?

 El Acuerdo de París se implementa en ciclos de cinco años, con acciones de los países progresivamente más ambiciosas en materia climática. Se espera que, cada cinco años, los países envíen un plan nacional actualizado de acción climática que se conoce como Contribución Determinada a Nivel Nacional, o CDN.

En sus CDN, los países comunican las medidas que tomarán para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a fin de alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Los países también comunican en estas CDN las medidas que tomarán para desarrollar la resiliencia necesaria para adaptarse a los impactos del aumento de temperaturas.

Para enmarcar mejor los esfuerzos encaminados a lograr el objetivo a largo plazo, el Acuerdo de París invita a los países a formular y enviar estrategias a largo plazo. A diferencia de los CDN, estas no son obligatorias.

Los detalles operativos para la implementación práctica del Acuerdo de París se acordaron en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24) de Katowice, Polonia, en diciembre de 2018, en lo que coloquialmente se llama el Libro de Reglas de París, y se finalizaron en la COP26 de Glasgow, Escocia, en noviembre de 2021.

En 2023, el primer “balance mundial” evaluará los avances en los objetivos del Acuerdo de París. Este proceso animará aún más a los países a adoptar medidas climáticas ambiciosas que mantengan el calentamiento por debajo de 1,5 grados centígrados. 

La aplicación del Acuerdo de París requiere una transformación económica y social, basada en la mejor ciencia disponible. El Acuerdo de París funciona en un ciclo de cinco años de medidas climáticas cada vez más ambiciosas llevadas a cabo por los países. En 2020, los países presentaron sus planes de acción climática conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC).

Contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC)

En sus contribuciones determinadas a nivel nacional (conocidas como NDC por sus siglas en inglés), los países comunican las medidas que tomarán para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero con el fin de alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Los países también comunican en dichas contribuciones las acciones que tomarán para crear resiliencia y adaptarse a los efectos del aumento de las temperaturas.

Estrategias a largo plazo

Para centrar mejor los esfuerzos hacia el objetivo a largo plazo, el Acuerdo de París invita a los países a formular y presentar para 2020 estrategias de desarrollo a largo plazo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

Las estrategias de desarrollo a largo plazo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero proporcionan el horizonte a largo plazo a las contribuciones determinadas a nivel nacional, aunque, a diferencia de estas, las estrategias a largo plazo no son obligatorias. Sin embargo, sitúan a las contribuciones determinadas a nivel nacional en el contexto de las prioridades de planificación y desarrollo a largo plazo de los países, proporcionando una visión y dirección para el desarrollo futuro.

¿Cómo se apoyan los países entre sí?

El Acuerdo de París proporciona un marco para el apoyo financiero, técnico y de creación de capacidad a los países que lo necesitan.

Finanzas

En el Acuerdo de París reafirma que los países desarrollados deben tomar la iniciativa en la prestación de asistencia financiera a los países menos dotados y más vulnerables, al tiempo que se alienta por primera vez a las demás Partes a aportar contribuciones voluntarias. La financiación del clima es necesaria para la mitigación, ya que se requieren inversiones en gran escala para reducir significativamente las emisiones. La financiación de la lucha contra el cambio climático es igualmente importante para la adaptación, ya que se necesitan importantes recursos financieros para adaptarse a los efectos adversos y reducir los efectos de un clima cambiante.

Tecnología

El Acuerdo de París habla de la visión de llevar a cabo plenamente el desarrollo y la transferencia para mejorar la resiliencia al cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Establece un marco tecnológico para proporcionar una orientación general al Mecanismo Tecnológico. El mecanismo está acelerando el desarrollo y la transferencia de tecnología a través de sus subdivisiones de política y aplicación.

Fomento de la capacidad

No todos los países en desarrollo tienen capacidad suficiente para hacer frente a muchos de los desafíos que plantea el cambio climático. Por ello, en el Acuerdo de París hace gran hincapié en el fomento de la capacidad relacionada con el clima en los países en desarrollo, y se pide a todos los países desarrollados que aumenten su apoyo a las medidas de fomento de la capacidad para aquellos países menos adelantados.

¿Cómo se supervisa el progreso?

Con el Acuerdo de París, los países establecieron un marco de transparencia mejorado. En virtud de este, a partir de 2024, los países informarán de manera transparente sobre las medidas adoptadas y los progresos realizados en la mitigación del cambio climático, las medidas de adaptación y el apoyo prestado o recibido. También se prevén procedimientos internacionales para el examen de los informes presentados.

La información reunida por medio del marco de transparencia mejorado se incorporará al balance mundial de la situación, que evaluará el progreso colectivo hacia los objetivos climáticos a largo plazo.

Esto dará lugar a recomendaciones para que los países establezcan planes más ambiciosos en la próxima ronda.

¿Qué se logró hasta ahora?

Aunque es necesario aumentar en gran medida las medidas relativas al cambio climático para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, los años transcurridos desde su entrada en vigor ya han dado lugar a soluciones con bajas emisiones de carbono y a nuevos mercados. Cada vez más países, regiones, ciudades y empresas están estableciendo objetivos de neutralidad de carbono. Las soluciones de cero emisiones se están volviendo competitivas en todos los sectores económicos y ya representan el 25 % de las emisiones. Esta tendencia es más notoria en los sectores de la energía y el transporte, y ha creado muchas nuevas oportunidades de negocio para los que se adelantan.

Para 2030, las soluciones de cero emisiones de carbono podrían ser competitivas en sectores que representan más del 70 % de las emisiones mundiales.

EFE