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La despedida de Julian Barnes, fotos de la memoria

El escritor británico Julian Barnes anunció que el reciente "Despedidas" es su último libro.

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Uno. “Dicen que cuando envejecemos, a menudo recuperamos recuerdos olvidados de la infancia. Al mismo tiempo, perdemos la capacidad de recordar los años intermedios. A mí todavía no me ha ocurrido, pero puedo imaginar cómo avanzará a medida que se vaya consolidando la senectud. Nuestro espacio mental quedaría ocupado de vívidas escenas tempranas, seguidas de un largo espacio en blanco, y luego un plausible y fútil presente en el que los días repetitivos y las confusiones reiteradas se irían enturbiando. Nuestras vidas, en otras palabras, se reducirían a una historia con un gran agujero en el centro”, apunta el escritor británico Julian Barnes en Despedidas, su último libro. Y digo último, no en el sentido de reciente; digo último porque él asegura que después de esta publicación no habrá otras nuevas de su parte. Lo escribe en los años previos a cumplir 80 años, como escabulléndose del lugar común del número redondo o para pensar si existen de verdad los puntos de partida nítidos (en el idioma original, de hecho, el título es Departure(s), con ese juego un poco en broma del plural entre paréntesis). Como si se parara en un umbral –no hay partida sin antesala–, como si se asomara a ver desde ahí de qué está hecho todo eso a lo que le dice adiós (¿le dice adiós?): los libros, la memoria, la identidad, los amores, los olvidos, las palabras. 

"Despedidas", del escritor británico Julian Barnes.

Dos. “Obra con permiso otorgado por el GCBA” deben ser las palabras más repetidas del paisaje urbano para quienes vivimos en Buenos Aires. Caminar por la ciudad es cruzarse en cada cuadra con enormes huecos tapiados, es perderse entre huellas, es verse forzados a decirle adiós a formas conocidas. Ahí donde había una casa, un garage, una construcción baja, ahora hay carteles que preanuncian lo que va a venir y tapias que intentan cubrir los restos de eso que fue: a los costados, las cuadrículas que separaban los ambientes preexistentes; en el centro, un agujero insoslayable. En muchos casos, los trabajos para construir los edificios nuevos tardan en comenzar y esos lugares –que no terminan de partir, que no terminan de pasar a ser otra cosa– se convierten entonces en baldíos transitorios durante varias semanas, incluso meses. Como el tiempo pasa, el pasto crece, las plantas hacen fuerza por seguir en pie y las molduras, los azulejos o las cuadrículas persisten como una fractura expuesta. Una confesión: me gusta pararme adelante de esos espacios y mirar un buen rato a través de los orificios que, con el correr de los días, se hacen en los vallados metálicos que los recubren. Algunas de esas hendiduras, incluso, parecen hechas a propósito y permiten espiar ese vacío que no está tan vacío. Un umbral un poquito cruel, a su modo, pero también una invitación a ver por última vez, a pensar de qué estuvo hecha esa ciudad que conocimos, eso que habitamos, eso que supimos construir. Eso que no termina de irse y ya empezamos a recordar.

"Obra con permiso otorgado por el GCBA", el cartel recurrente en Buenos Aires.

Tres. De antesalas y umbrales habla en esta nota preciosa Florencia Angilletta en Revista Supernova que lleva como título “A favor de los cuarenta”. Parte –aunque ya mencionamos la trampa de los puntos de partida– de una conversación telefónica reveladora que tuvo con un amigo el día en que ella cumplió 39 años y por allí apunta: “No era lo que venía, era lo que ya había pasado. El ruido, la incomodidad, la incertidumbre ante el cambio de década podían quedar pegoteados en el 39. En ese umbral. Estoy siendo entusiasta, y hasta optimista. Lo sé. Pero para escribir a favor hay que estarlo. Toda ficción tiene su cuento de origen.

Cuatro. Leo por estas horas La separación, de Martín Kohan. La novela arranca con una escena de partida/despedida en la terminal de Retiro. Fernando se despide ahí de su novia para irse a un pueblo de Traslasierra a visitar a su hermano. Él arriba del micro, ella que lo mira desde la plataforma. Subrayo: “Ese umbral de partida, ese tiempo de espera, esos minutos escasos y eternos, resultan siempre raros, incómodos, imposibles; no sabemos bien qué hacer en ese rato, y acaso no haya nada que hacer. Ya nos hemos despedido, y sin embargo todavía no nos vamos; ya nos hemos despedido y separado, y sin embargo está ese tiempo que se estanca y dura, y que pertenece a la despedida también. Uno se queda mirando y haciendo muecas, sin nada que decir, ensayando el demasiado lejos del viaje que va a comenzar”.

"La separación", la nueva novela de Martín Kohan.

Cinco. Ese ensayo de un viaje incierto que está por comenzar, esa escena previa a la distancia y esa potencialidad rescata la escritora Natalia Romero cuando lee por acá el poema El umbral, de Louise Glück. “En El umbral hay un tiempo antes de todo, antes de la vida incluso. Quien se detiene puede encontrar algo, un tesoro. La poesía es eso, detenimiento. Un tiempo de fascinación”, señala Romero. Traducido por María Negroni, el poema de Glück comienza así: “Yo quería quedarme como estaba,/quieta, a diferencia del mundo”.

Empieza una nueva edición de Mil lianas. Por acá, en el umbral del otoño.

1. Una casa sola, de Selva Almada. “A mí no me levantó ningún patrón. Por eso yo los desconozco”, se lee al comienzo de uno de los capítulos. “No me gusta que nadie me ponga el lazo, pero Lucero, y después su familia, han hecho de mí una casa. Aunque yo ya tuviera tantísimos años como tenía, aunque ya tuviera mis puertas y ventanas y alero y un catre donde habían dormido tantos hombres a lo largo y lo ancho del tiempo, no era yo realmente una casa. Seguía siendo un refugio, un reparo, un techo debajo del cual se dormía. No más que eso”, aparece en otro tramo del libro. En Una casa sola (Random House, 2026), la flamante novela de la escritora Selva Almada, la narradora principal es una casa. O mejor: una casa en mutación constante, una casa que es parte de un monte, una casa que no fue siempre una casa y que, a solas desde que sus últimos habitantes se fueron de ella sin dejar rastros, se dedica a revisar su historia.

La escritora argentina Selva Almada acaba de publicar la novela "Una casa sola".

En un relato inquietante donde se cruzan escenas de la muerte de Justo José de Urquiza con los diálogos disparatados de un grupo de gauchos espectrales, donde aparece un particular veterano de la guerra de Malvinas y desaparece una familia de trabajadores rurales que solo una mujer busca; donde los animales deambulan y las plantas crecen en ese agujero inexplicable que deja la desaparición, la escritora prefirió contar un relato de resquicios. Y es gracias a que lo hizo desde ese punto de vista peculiar –reparar en lo que falta, el hueco que nadie mira pero que insiste–, que Almada consigue con talento y una prosa encantadora indagar sobre la historia argentina, las voces que no son escuchadas y la violencia siempre latente alrededor de la propiedad y la explotación de la tierra.

Hace unos días entrevisté a Selva Almada para hablar sobre este libro. Pueden leer la nota en este enlace.

Una casa sola, la nueva novela de Selva Almada.

La novela Una casa sola, de Selva Almada, salió por Random House. En este enlace, una entrevista con la autora. Más novedades editoriales de marzo, por acá.

2. Dos concursos. Por estos días se anunciaron las convocatorias a concursos literarios interesantes para quienes tengan ganas de poner en circulación cuentos, novelas, crónicas, poesía, entre otros.

Por un lado, el Fondo Nacional de las Artes abrió la inscripción para su tradicional Concurso de Letras dirigido a escritores argentinos y a extranjeros con residencia legal en el país, con premios de hasta 3 millones de pesos. “Hasta el 14 de abril se podrán presentar obras en las categorías Novela, Poesía, Cuento y Ensayo/No Ficción. En tanto que la nueva categoría Crónica contará con plazo de inscripción hasta el 14 de mayo. En todos los casos, las obras deberán ser inéditas”, informaron desde el organismo. Más información y las bases completas, en este enlace

En paralelo, por estas horas la Feria de Editores de Buenos Aires abrió una convocatoria para quienes quieran participar como autores del libro que cada año se entrega a los visitantes de la FED.

Estamos buscando 10 textos de 15.000 caracteres con espacios (mínimo 14.000) que hablen de una forma u otra sobre el TRABAJO. Pueden ser textos de ficción o no ficción (en cualquiera de sus géneros: ensayo, cuento, crónica, poesía, etc.). Los 10 ganadores obtendrán un premio de $200.000 cada uno y su texto será publicado en el libro que se entrega de forma gratuita en la FED con una tirada de 6000 ejemplares. Tenés tiempo hasta el 17/05”, informaron desde la FED. Más detalles, por acá.

3. Una mirada honesta, de Roberto Persano y Santiago Nacif. En pocos días se conmemoran los 50 años del último golpe militar en la Argentina. El fotógrafo argentino Eduardo Longoni es uno de los pocos que, con su mirada puesta en escenas, en personajes y gestos, captó con agudeza a través de su cámara el horror de aquellos tiempos. Por estos días, que son también días de memoria, los realizadores Roberto Persano y Santiago Nacif pusieron a disposición para ver de manera gratuita Una mirada honesta, un documental que recorre la vida y las fotos de Longoni (el enlace, aquí). 

Comenté por acá la película cuando se estrenó en 2022. Transcribo aquellas palabras por si alguno se lo perdió o tiene ganas de verla ahora. 

“Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es que no estás lo suficientemente cerca”, dice el epígrafe. El documental empieza con esas palabras que alguna vez pronunció Robert Capa, uno de los fotógrafos que marcaron el pulso visual del siglo XX con las coberturas más impactantes en momentos cruciales (la Guerra Civil Española al “Día D”, la liberación de París y sus figuras rutilantes: un mundo capturado y vuelto a visitar cada vez que se repasan esos acontecimientos que hacen crujir todo). Un hombre que estuvo ahí, cámara en mano.

La Argentina también tiene a su fotógrafo de trinchera, de calle, de manifestación, de retrato que inmortaliza: el fotógrafo Eduardo Longoni, autor de numerosas imágenes emblemáticas para la historia nacional. Otro hombre que estuvo ahí, cámara en mano. De las primeras rondas de las Madres de Plaza de Mayo en la dictadura con los caballos que les tiran encima, hasta los retratos de los militares en pleno ejercicio del poder de facto. Del Juicio a las Juntas en 1985 (“la primera cobertura que hice con lágrimas en los ojos”, cuenta), hasta el documento que sirvió para demostrar que hubo desapariciones forzadas de personas durante el copamiento del cuartel militar de La Tablada, en el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Del abrazo entrañable de Charly García cigarrillo en mano y una Mercedes Sosa apichonada, hasta la Mano de Dios –o de Diego Maradona– y todo el Mundial ‘86, entre muchísimas otras. El documental Una mirada honesta repasa la carrera y la vida de Longoni. Y lo hace como si quisiera meterse del otro lado de las fotografías, como si se pudiera volver a pisar el lugar donde estaban esos ojos que vieron antes que nadie tantas imágenes que se volvieron íconos.

La película tiene testimonios del propio Longoni y también varias escenas en las que se lo muestra en acción. El fotógrafo además habla con su madre (la primera persona a la que vio sacar fotos), con el artista plástico Eduardo Stupía (el diálogo en el que Stupía destaca que su arte viene de la mano de un “alfabeto inventado” y que lo mueve la pulsión “por leer algo que es ilegible” es precioso) y con un mecánico que lo ayudará a poner a punto un Falcon verde que acompañará una exposición con sus fotografías más destacadas. Con un planteo sencillo –por momentos muy emotivo– y una apuesta por ver al protagonista en movimiento, el documental se posa ahí, en la mirada de un hombre que recuerda y, a partir de su propio relato, indaga en la memoria colectiva.

Una foto emblemática de Eduardo Longoni en plena dictadura, durante las primeras marchas de Madres de Plaza de Mayo

El documental Una mirada honesta, de Roberto Persano y Santiago Nacif, se puede ver en este enlace.

Apostilla. La escritora argentina Camila Mermet tuvo una idea preciosa. “Del 1 al 24 de marzo voy a estar enviando por mail un poema o texto por día de escritores desaparecidos y desaparecidas en la última dictadura cívico militar porque a 50 años decimos e insistimos: nunca más”, propuso en sus redes. Pueden suscribirse en este enlace para recibir de manera gratuita los textos. Allí, también, pueden leer los que ya fueron saliendo.

Banda sonora. “En 2024, cumplí sesenta años, y treinta en Madrid, y eso fue un boom. Impresiona mucho. De plantearse quién quiero ser, me compro un viñedo y me dedico a la gastronomía y a disfrutar de todo lo que generé con mi familia, tranquilo; o me pongo a trabajar con un productor de trap uruguayo de 21 años, y otros dos puertorriqueños que hacen trap y reggaetón, y los pongo a hacer un disco de candombe, les doy autoridad sobre canciones que he escrito con todo mi cariño con gente que tiene muy poca experiencia, pero un talento que me atrae”, dice en esta entrevista Jorge Drexler sobre las raíces de su flamante disco Taracá, sin dudas nacido de ese umbral. 

Sumé algunas de sus canciones, que son magnéticas, a nuestra banda sonora compartida. Se escucha en este enlace.

Bonus track. Un gran plan para quienes estén el fin de semana por Buenos Aires. Hasta el 22 de marzo se llevará adelante la Bienal de historieta, con una gran cantidad de actividades gratuitas e invitados nacionales e internacionales. Habrá mesas, talleres, exposiciones, debates y una muestra principal dedicada a José Muñoz, uno de los historietistas argentinos de mayor relevancia a nivel mundial. Toda la programación, que arrancó el 19 y se extiende hasta el domingo, tendrá lugar en la Casa de la Cultura (Av. de Mayo 575, CABA). Hay de todo y muy atractivo. Pueden leer más, por acá.

Posdata. Las palabras de Anne Carson que rescaté para este espacio la semana pasada se volvieron un eco estimulante para varios de ustedes que me escribieron mensajes divinos. Gracias especiales a Melisa (¡muy conmovedoras tus palabras!), Azul, Noemí, Alejandra, María, Debora, Matías, Mariela, Emanuel, Gabriel, Yani y Alex. También a Lula desde Puerto Madryn, que leyó el poema con su voz increíble y lo compartió por acá.  Ya saben, pero por las dudas, les recuerdo que me encuentran casi siempre en este umbral.

¡Hasta la próxima!

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